A mi reflexión de hoy, queridos amigos, quiero centrarla en el texto de San Pablo de su carta a los Filipenses, en la cual nos exhorta diciendo: "Les ruego... tengan el mismo amor, un mismo corazón, un mismo pensamiento. No hagan nada por interés propio ni por rivalidad. Que cada uno busque no solamente su propio interés, sino también el de los demás".
"Que cada uno busque no solamente su propio interés, sino también el de los demás"
A partir de las cartas de San Pablo, una profunda reflexión sobre el valor de la vida, la conciencia moral y los grandes desafíos éticos de la sociedad actual.

En la sociedad actual donde hay tantas grietas, divisiones y enfrentamientos, San Pablo nos pide algo simple y grandioso a la vez: la unidad y la comprensión. Desde luego es más fácil hablar de estos temas en la Iglesia, en los discursos políticos, pero qué difícil resulta reconocer que otro es mi hermano en la calle o en el lugar de trabajo. No reconocerlo puede ser trágico y de hecho lo es.
Hace tiempo leí una historia impactante, que me permito compartirles. Tiene que ver con el estadounidense Paul Tibbets (1915-2007), el piloto que el 6 de agosto de 1945, volando un bombardero sobre Hiroshima, lanzó la primera bomba atómica y asesinó en ese solo acto a miles de personas.

En 1975, en una entrevista declaró que estaba orgulloso de lo que había hecho, afirmó: "Duermo tranquilo todas las noches. He cumplido con mi deber". Pregunto. ¿Se puede dormir tranquilo después de haber matado a tantas personas? ¿En serio?
A los demás, si no son norteamericanos o europeos, ¿se los puede aniquilar de esa forma? ¿Acaso hay personas de primera, de segunda o de tercera categoría? ¿Dónde queda la fraternidad universal? ¿Dónde queda el principio teológico fundamental que dice: "el otro es mi hermano y debemos amarlo como hermano"?
Y sigo preguntándome. ¿Qué es lo más importante: la vida de la otra persona o el ciego cumplimiento del orden? ¿Qué es lo primero, la Ley Divina -"No matarás"- o la ley humana? Si no se respeta el derecho fundamental a la vida de todas las personas,... ¿qué nos queda? ¿No quedan debilitados todos los demás derechos anunciados por la Declaración Universal de los Derechos Humanos?
Mis queridos amigos: cuando escribo estas líneas, con dolor constato que en nuestra patria la vida también está amenazada, no solo por la pobreza, la desocupación, el narcotráfico y la violencia, que aumenta a pasos vertiginosos, sino también por la legalización del aborto, vigente desde el 30 de diciembre de 2020.
Hoy muchos hablamos del envejecimiento de nuestra sociedad argentina, de la baja tasa de natalidad, pero, paradójicamente, por otro lado está permitido "eliminar la vida de los niños no nacidos o por nacer". La justicia puede declararnos inocentes y lo hace, pero ¿se puede dormir tranquilo, después de eliminar la vida de una creatura inocente?

En la segunda parte de la carta a los Filipenses, San Pablo vuelve a exhortarnos: "Que cada uno busque no solamente su propio interés, sino también el de los demás". El principio ético y teológico es siempre el mismo: hay que hacer no solo lo que conviene, sino lo que se debe.
En el Sermón de la Montaña, Jesús es categórico al enseñarnos la "Regla de Oro" como fundamento y principio de nuestro modo de ser y actuar diciéndonos: "Todo lo que ustedes deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos".
Se puede anestesiar la conciencia colectiva con las leyes promulgadas por nuestros legisladores, pero no se puede silenciar la voz de la propia conciencia, que es la voz de Dios.
La declaración de Paul Tibbets, que les he compartido, "duermo tranquilo todas las noches", me inquieta enormemente, y por ello una vez más pregunto: ¿qué valores orientan la formación de la conciencia moral y social de nuestros niños, adolescentes y jóvenes?
Mis queridos amigos: en la sociedad actual notamos una grave crisis educativa y cultural. Las evaluaciones del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (Pruebas PISA), más allá de los comentarios y las opiniones de los expertos, deben preocuparnos a todos.
Tal como está la situación actual de nuestros jóvenes, el tema debería ser prioridad de debate en las cámaras de Diputados y Senadores, y en la sociedad argentina en general. Aunque lamentablemente percibo y observo que nuestra clase política no demuestra mucho interés por la educación. ¿Por qué? Que cada uno saque sus propias conclusiones.
Para finalizar, comparto con ustedes algunas otras preguntas. ¿Quién decide lo que somos y hacemos? ¿No somos los adultos los que decidimos lo que deben ser nuestros niños, adolescentes y jóvenes? ¿Quién impone los valores? ¿Quién fomenta la droga, la violencia, el robo?
Pidamos a Dios que seamos agentes de cambio y transformación teniendo el mismo amor, un mismo corazón, un mismo pensamiento para construir una sociedad más justa y fraterna.
Que Dios nos bendiga.
Apóstol de los gentiles
Pablo de Tarso, de nombre semítico Saulo de Tarso o Saulo Pablo, más conocido como san Pablo (5-10 d.C./58-67 d.C), es llamado el "Apóstol de los gentiles", "Apóstol de las naciones", o simplemente "El Apóstol". Fundador de comunidades cristianas, evangelizador en varios de los más importantes centros urbanos del Imperio romano tales como Antioquía, Corinto, Éfeso y Roma.
Redactor de algunos de los primeros escritos canónicos cristianos, incluyendo el más antiguo conocido: la "Primera epístola a los tesalonicenses". Constituye una personalidad de primer orden del cristianismo primitivo y una de las figuras más influyentes en toda la historia del cristianismo. Fue contemporáneo de Jesús de Nazaret, al que no llegó a conocer en vida.








