¿Cómo están queridos amigos, cómo se encuentran? El lunes pasado reflexionamos sobre la "corrección fraterna". La gran pregunta fue: ¿cómo facilitar la reconciliación con el hermano? Hoy, continuando con la lectura del mismo capítulo 18 de San Mateo, el texto puntualiza las relaciones entre cristianos, subrayando una vez más la necesidad de perdonar y de amar.
"Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo?"
Una reflexión pastoral sobre el perdón fraterno en las relaciones cotidianas, a partir del Evangelio de San Mateo y el llamado de Jesús a amar sin límites.

Algo que fue, sin dudas, difícil para los primeros cristianos y que sigue siendo aún más difícil para nosotros en la actualidad. Hace años, cuando estudiaba teología, mi profesor nos compartió esta historia:
"Cuando llegó la noticia de la muerte de Stalin (1953), se comentaba con alegría que por fin había muerto aquel hombre cruel que tanto daño había hecho a Rusia, a la Iglesia y al mundo. El profesor que nosotros admirábamos por su sabiduría y testimonio de vida nos dijo: Nosotros festejamos su muerte porque no hemos muerto por Stalin, como lo hizo Jesús".
Todos quedamos sorprendidos con el comentario del profesor. Sin lugar a dudas, nuestra mirada humana no coincide con la mirada de Dios. El tema del perdón en la reflexión de hoy hace referencia a nuestra vida familiar, matrimonial, a nuestras relaciones de trabajo o de amistad. Por ello, San Mateo en el Evangelio de hoy, nos invita a reflexionar diciendo:
"En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó: Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces? Jesús le contesta: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete". La pregunta de Pedro surge en un contexto concreto: entre los fariseos en aquel tiempo se afirmaba que el límite del perdón se debía situar en cuatro veces.
Había además, algunos comentadores de la ley, que afirmaban que en el caso de una mujer bastaba con un único perdón, mientras que si se trataba de un amigo debía perdonársele hasta cinco veces. Seguramente, Pedro, al hacer su pregunta ya había adquirido la conciencia de que las exigencias del Jesús de Nazaret eran superiores en ese campo, por eso ponía el listón más alto, hasta siete veces.
Sin embargo, Jesús le responde que hay que perdonar setenta veces siete, lo que en el lenguaje bíblico significa siempre. Las enseñanzas de Jesús son realmente revolucionarias. Pero no solo eso, Jesús incluso insiste en que hay que perdonar primero al hermano para ser perdonados por Dios.
No basta con la petición del perdón "vertical" a Dios, sino hay que añadir siempre el perdón "horizontal" a nuestros hermanos. Y esto es así porque… ¿alguien puede ofender directamente a Dios a quien no ve? Ciertamente que no, pero cada vez que ofendemos al hermano, ofendemos al mismo tiempo a Dios.
En el Evangelio de San Mateo, Jesús es contundente al decir: "Todo lo que hicieron a uno de estos hermanos más pequeños, a mí me lo hicieron" (Mateo 25, 40). Cada ser humano es el sagrario humano de Jesús. Por eso: ¿acaso se puede amar a Dios a quien no vemos, despreciando a nuestro hermano que está a nuestro lado?
Qué preguntas profundas para plantearnos tanto a nivel personal como comunitario. La frase, "si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo?", constituye el punto central del Evangelio de hoy. Las exigencias son altas, pero Jesús jamás dijo que ser su discípulo y seguirlo es fácil.
Cuando el joven rico preguntó a Jesús: "¿Cuál es el mandamiento más grande?" Jesús, claramente, contestó: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente y a tu prójimo como a ti mismo". De esta forma, Jesús señala que para poder perdonar es necesario amar. Muchos no perdonan porque no aman. Y esta es también nuestra gran dificultad.
Lamentablemente la ciencia y las tecnologías enfriaron nuestro corazón, hay que ensancharlo, hay que cambiarlo, hay que hacerlo más humano. Hace tiempo leí una historia conmovedora. Decía el diario que un político colombiano de 40 años había sido asesinado por un adolescente de 15 años.
Entonces la madre del hombre asesinado dijo: "Yo pido que se le perdone al homicida, que no se le castigue y además, si es posible, que el homicida venga a vivir a mi casa conmigo en lugar de mi hijo". Entonces pregunto... ¿se puede pedir un mejor ejemplo de perdón que este? Esta mujer, tal vez pobre y sencilla, comprendió lo que significa perdonar setenta veces siete.
Hoy Jesús le diría: "Mujer, que grande es tu fe". Mis queridos amigos: sin obras, nuestra fe está completamente muerta. Si la religión que profesamos no nos ayuda a vivir mejor, no nos hace más humanos y cristianos, si no nos impulsa a construir una sociedad más justa y fraterna, ¿para qué sirve?
Pidamos a Dios que nos ayude a comprender que el amor es la condición fundamental sine qua non no hay perdón. Que Dios nos bendiga.
Personeros del absurdo (1)
Los negacionistas, aunque minoritarios en el mundo, logran que sus teorías permanezcan en la vidriera pública. Libran una tenaz contienda con los que se someten a las evidencias empíricas. Los opuestos al criterio racional sobresalen por sus posturas rebeldes y obcecadas; contestatarias e inclaudicables.
El listado de reparos que ofrecen, para enfrentarse a certezas alejadas de toda controversia, no tiene límites. Aún hoy, descreen de hechos ampliamente corroborados.
En el plano internacional, por ejemplo, para ellos el Holocausto no existió a pesar de la existencia de documentos, extraídos del propio gobierno nazi, que así lo atestiguan. Jamás coinciden con el número de víctimas registradas durante la Segunda Guerra Mundial: 6 millones, en su mayoría judíos.
En la bitácora de los "anti", el ataque a las Torres Gemelas ocupa un lugar relevante. Aseveran, con total osadía, que se trató de un atentado autoinfligido por los Estados Unidos para victimizarse y justificar sus oleadas imperialistas en Medio Oriente.
Para la generación de escépticos consuetudinarios, el hombre no llegó a la Luna a pesar de que ni la Unión Soviética, polo de la Guerra Fría existente por entonces con los Estados Unidos, jamás lo puso en duda. Asimismo, los llamados terraplanistas repiten una y otra vez que "la Tierra no es un esfera que gira sobre sí misma sino una superficie plana" (sic).
Para consumo local, se solazan diciendo que Alfredo Yabrán continúa vivo y que el 6 a 0 asestado por la selección argentina a la peruana, en el Mundial 78, se pactó en un escritorio y a través de un contubernio. Más acá, que Lionel Messi y los suyos, en la final jugada ante España, "negociaron" la derrota.
Mientras el calentamiento global crece y el verano europeo registra temperaturas inéditas, los sensatos, apoyados en un sólido bagaje científico, procuran preservar el planeta y garantizar el bienestar de quienes lo habitan. Los negacionistas, a su vez, se empeñan en dinamitarlo.
(1) Aporte del lector Alejandro De Muro ([email protected]).












