¿Queridos amigos, cómo están? Espero que bien. Cuando yo pregunto a las personas que encuentro a diario "¿Cómo están?", me contestan: "Bien padre, o le cuento". Me encanta esta forma de responder, porque para entender mejor lo que nos pasa, hay que contarlo.
Jesús les preguntó: "Y ustedes... ¿quién dicen que soy yo?"
En un mundo lleno de incertidumbres, Jesús desafía a sus discípulos y a nosotros hoy con una pregunta que invita a la reflexión personal y a la búsqueda de sentido. ¿Quién es Él para cada uno? La respuesta define nuestro camino y compromiso con los valores cristianos en la vida diaria, en un contexto de confusión y desafíos actuales.

El pueblo, la gente común, vive muchas experiencias dolorosas y difíciles con frecuencia desconocidas por los dirigentes políticos o por el gobierno de turno.
Los medios nos dicen que va bajando la pobreza, o que el país está mejorando, pero los que vamos al supermercado todos los días, los que pagamos los impuestos tratando de cumplir con nuestro deber ciudadano, sabemos que los precios de los productos aumentan, que los sueldos no alcanzan, que el futuro de nuestro país se complica.
Y a esto hay que contarlo. Por eso comienzo mi reflexión con estas afirmaciones existenciales para destacar que la fe no es algo abstracto, la fe se vive en las realidades concretas o no se vive en ningún lado. No somos seres "extraterrestres", todo lo contrario, somos "bien terrestres".
El obispo catalán Pedro Casaldáliga, quien trabajó toda la vida en Brasil, compuso un poema que nos cuestiona: "Por dónde iréis hasta al cielo, si por la tierra no vais./ Para que vais al Carmelo si subís y no bajáis". Para ir al cielo no tenemos otro camino que este mundo.
En la liturgia de la Palabra de Dios, hoy Jesús nos hace esta pregunta: "¿Quién dice la gente que soy yo?" San Mateo lo relata de esta forma:
"En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? Ellos contestaron: unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas. Él les preguntó: Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo? Simón Pedro tomó la palabra y dijo Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo (…)" .
Mis queridos amigos. En el texto del Evangelio de San Mateo nos encontramos con distintas respuestas, igual que en el día de hoy.
Cada uno tiene la suya, en este contexto de confusión. No por casualidad el papa Juan Pablo II, al comienzo de su pontificado, escribió la encíclica Redemptor Hominis ("El redentor del hombre", 1979), donde afirma que Jesús es el único modelo de vida cristiana y no cristiana.
Allí, Karol Wojtyla expresa contundentemente: "El hombre no se entiende a sí mismo sin Cristo. Él se nos ofrece como perfecto modelo de humanidad. Debemos mirar a Jesús, al hombre perfecto para descubrir quiénes somos".
La pregunta:"Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?", nos lleva también a cuestionarnos a cada uno de nosotros de manera personal. ¿Quién soy? ¿Cuál es el sentido de mi existencia? ¿Para qué estoy en el mundo? La vida misma reclama un sentido y un propósito.
La vida en sí misma no tiene sentido, pero nosotros construimos paso a paso el sentido de nuestra vida en forma individual, viviendo determinados valores, cristianos siguiendo a Jesús.
Por ello, responder a la pregunta: "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?", es fundamental, porque según sea nuestra respuesta, será también nuestro estilo de vida y nuestro compromiso con el mundo. La vida no se pude vivir de cualquier forma, "es demasiado breve -como dijo José Freinademetz- para vivirla sin asunto".
El 4 de agosto de 2026 se cumplieron cincuenta años del asesinato del obispo de La Rioja, monseñor Enrique Angelelli. Se trataba de un verdadero pastor de los pobres, que nos enseñó a vivir con "un oído en el pueblo y otro en el Evangelio". Fue asesinado mediante un atentado simulado como "accidente automovilístico", teniendo apenas 53 años.
¿Por qué? Porque denunciaba las injusticias; su misma vida molestaba. Me llama poderosamente la atención que se haya dado tan poca importancia a este acontecimiento en nuestra patria y en la Iglesia misma.
Hoy en nuestro país necesitamos muchos pastores "con olor a oveja", como Angelelli y tantos otros mártires que lucharon y con su ejemplo aún luchan por los valores del Evangelio. Por eso también me permito recordar al arzobispo de El Salvador, monseñor Arnulfo Romero, asesinado mientras celebraba la eucaristía.
Fue la voz de los que no tenían voz; reclamaba justicia defendiendo la dignidad de los pobres y marginados. Muchos creen que con él Dios mismo pasó por el pueblo de El Salvador.
Emocionan mucho los testimonios sobre su obra, como el de un catequista salvadoreño que dijo: "Monseñor Romero ayudó mucho a los pobres y a los movimientos populares, pero lo más importante que hizo fue posibilitarles una fe en ellos mismos. (...) Les decía: ustedes pueden, ustedes son".
Y un campesino agregó: "Antes no éramos, ahora somos". Concluyendo, pregunto: ¿puede haber una cosa más bella que devolver la dignidad a la gente humillada, empobrecida, excluida?
Que todos tengamos una linda semana. Que Dios nos bendiga.
¿Quién es Jesús para mí? (*)
Este 23 de agosto, el papa León XIV en su reflexión previa a la oración del Ángelus dijo que el Evangelio de este domingo "plantea una pregunta que nos interpela a cada uno en el camino de nuestra fe: ¿quién es realmente Jesús para mí?".
Este texto, agregó, es un paso fundamental para los discípulos de todos los tiempos y para cada uno de nosotros. Por ello invitó a invocar a la Virgen María, para que nos guíe siempre en el camino de la fe.
"Aprendamos a no encerrarnos en nuestras convicciones y certezas religiosas, para permanecer abiertos a una relación auténtica con Cristo", fue la exhortación de León XIV en su alocución previa a la oración mariana, ante miles de files y peregrinos que se congregaron en la plaza de San Pedro.
Al comentar el Evangelio, el santo padre dijo que este texto bíblico "plantea una pregunta que nos interpela a cada uno en el camino de nuestra fe: ¿quién es realmente Jesús para mí?".
Del relato evangélico, precisó el pontífice, se desprende lo decisiva que es esta pregunta para la experiencia del discipulado.
"De hecho, a pesar de que los doce apóstoles ya habían compartido gran parte de la vida y del ministerio del Maestro, Jesús no quiso dar por sentado que realmente lo conocieran y que hubieran comprendido el misterio del Reino de Dios. Entonces, tras preguntar qué opinaba la gente sobre Él, les dijo directamente a ellos: `Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?' (...)".
(*) Fragmento del reporte de Renato Martinez desde Ciudad del Vaticano (Vatican News).












