¿Queridos amigos, cómo están? Inspirados en la Palabra de Dios, semana tras emana nos encontramos para reflexionar sobre nuestra existencia humana. Y una de las preguntas que aparece con frecuencia en los momentos difíciles de nuestra vida es: "¿Dónde está Dios?" Dios, si de verdad existe... ¿Por qué calla? ¿Por qué no actúa?
"Ánimo, soy yo, no tengan miedo"
¿Dónde está Dios? Con referencias a citas de Pedro Casaldáliga, el profeta Elías y Anthony de Mello, el autor nos ofrece en esta oportunidad una reflexión acerca de una de las preguntas fundamentales del ser creyente.

Hace un tiempo, Pedro Casaldáliga (1928-2020), el obispo español que trabajó toda su vida en Brasil, contemplando la explotación, la miseria y la pobreza de miles de nuestros hermanos, compuso este profundo poema:
"¿Cómo hablar de Dios después de Auschwitz?/ Se preguntan ustedes,/ ahí, al otro lado del mar, en la abundancia.// ¿Cómo hablar de Dios dentro de Auschwitz?/ Se preguntan aquí los compañeros,/ cargados de razón, de llanto y sangre/ metidos en la muerte diaria de millones (…)".
"Auschwitz" es el símbolo de lo que pasó en la Europa cristiana durante la Segunda Guerra Mundial. Pero lo que está pasando hoy en América Latina, en muchos países de nuestro continente latinoamericano, el poeta lo compara con "Auschwitz", preguntando: "¿Cómo hablar de Dios dentro de Auschwitz?"
¿Cómo puede justificarse el dolor, el hambre, el empobrecimiento y la muerte de tantos hermanos nuestros? ¿Dónde está Dios que permite tanta humillación y deshumanización? ¿Por qué un hermano explota, empobrece, o esclaviza a otro hermano? ¿Dónde está Dios?
Esta es la pregunta que se hace también el profeta Elías, en la primera lectura de hoy. El texto del Primer Libro de los Reyes lo relata así:
"En aquellos días, cuando Elías llegó hasta el Horeb, el monte de Dios, se introdujo en la cueva y pasó la noche. Le llegó la palabra del Señor, que le dijo: Sal y permanece de pie en el monte ante el Señor. Entonces pasó el Señor y hubo un huracán tan violento que movía las montañas y quebraba las rocas ante el Señor, aunque en el huracán no estaba el Señor (...)".
"(...) Después del huracán, un terremoto, pero en el terremoto no estaba el Señor. Después del terremoto fuego, pero en el fuego tampoco estaba el Señor. Después del fuego, el susurro de una brisa suave. Al oírlo Elías, cubrió su rostro con el manto, salió y se mantuvo en pie a la entrada de la cueva".
El profeta Elías acude al monte Horeb y ahí tiene su experiencia fundante de Dios. Descubre que Dios no se encuentra ni en el viento huracanado, ni en el terremoto, ni en el fuego sino en la brisa suave. Su experiencia personal le enseña que Dios realiza su obra, pero no con grandes demostraciones de fuerza y de poder como le gusta al mundo, sino con la sencillez y la suavidad de la brisa suave.
Dios tiene su modo de actuar, se manifiesta en las pequeñas cosas de la vida cotidiana, como ser la bondad de los padres, el amor de una madre, la generosidad de los educadores, la sonrisa de una abuela.
Esta es también la experiencia de los discípulos del evangelio de hoy, la que San Mateo relata de la siguiente manera: "A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma. Jesús les dijo enseguida: Ánimo, soy yo, no tengan miedo".
En el momento dramático de la vida de los apóstoles, Jesús está presente, camina sobre las aguas y los discípulos escuchan su voz: "Ánimo, soy yo, no tengan miedo". Mis queridos amigos. Esta es la frase central de la narración de hoy.
Cuando en el horizonte aparecen muchos nubarrones, porque se complica la situación económica, social, cuando muchos miran el futuro asustados, Jesús nos dice también a cada uno de nosotros: "No tengan miedo, aquí estoy". Por eso, a continuación quiero compartirles esta bella historia del sacerdote jesuita y psicoterapeuta indio Anthony de Mello (1931-1987) que nos dice:
"Soñé que estaba caminando por la playa con el Señor, mientras pasaban escenas de mi vida. Por cada escena que pasaba, percibí que quedaban dos pares de pisadas en la arena: unas eran las mías y las otras del Señor. Cuando la última escena pasó delante de nosotros miré hacia atrás, y noté que muchas veces en el camino de mi vida quedaba sólo un par de huellas en la arena (...)".
"Noté también que eso sucedía en los momentos más difíciles de mi vida. Eso me perturbó y me pregunté: Señor, tú me dijiste que caminarías conmigo a lo largo del camino; pero mirando atrás, durante los peores momentos de mi vida, encuentro sólo un par de pisadas. No comprendo por qué me abandonaste en las horas en que yo más te necesitaba (...)".
"Entonces, el Señor, clavando en mí su mirada me contestó: Mí querido hijo. Cuando viste en la arena sólo un par de huellas fue justamente allí donde yo te llevé en mis brazos".
Tomémonos unos minutos para reflexionar sobre el contenido de esta bella, profunda y significativa historia. Pensemos en la presencia de Dios en nuestra vida. Cuantas veces el Señor nos lleva en sus brazos y no lo notamos, o no lo supimos agradecer apropiadamente. Que todos tengamos una linda semana. Que Dios nos bendiga.
Reclamo de León XIV
El papa León XIV lamentó este domingo que personas inocentes estén siendo asesinadas y heridas en Ucrania y Rusia, a la vez que pidió nuevamente el fin del conflicto, en el que más de 16.000 civiles han muerto en casi cuatro años y medio de combates (según la ONU), la inmensa mayoría de ellos ucranianos.
"Los incidentes trágicos se multiplican, lo que causa un número cada vez mayor de víctimas civiles, incluidos niños", expresó el sumo pontífice antes de que los fieles se reunieran para la oración del Ángelus. "Renuevo mi sentida petición de que se respete el derecho internacional humanitario y de que cesen los ataques contra objetivos civiles en ambas partes", completó el sumo pontífice.













