¿Queridos amigos, cómo están? La Liturgia de la Palabra de Dios de hoy nos regala la Parábola del Sembrador, un texto maravilloso, profundo y muy oportuno para el momento actual, porque nuestra vida personal y comunitaria están en crisis. Nuestra vida ya no es activa, es agitada, sin rumbo ni dirección. Me da la impresión que el hombre de hoy no sabe hacia dónde camina, ni para qué vive.
"El sembrador salió a sembrar..."
La parábola de hoy nos confronta con una profunda reflexión, ante la necesidad de ética y de fe en una sociedad que pierde su rumbo, proque elige caminos errados.

Y... ¿de qué sirve hacer más y más cosas si no sabemos hacia dónde vamos, ni qué queremos, ni qué valor nos damos? Por otro lado, como cristiano me pregunto: ¿En todo este contexto tan complejo que nos toca vivir, Dios todavía tiene algo para decirnos? ¿Creemos que la Sagrada Escritura es útil para enseñarnos, para reprendernos, para corregirnos y para indicarnos cómo llevar una vida justa?
El gran desafío para la sociedad de hoy es la imperiosa recuperación de la dimensión ética y moral. Un pueblo que elige a corruptos, estafadores, ladrones o traidores no es una víctima, es un cómplice. Lamentablemente, en muchos casos somos cómplices. El Evangelio según San Mateo nos dice:
"Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al mar. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca. Les habló muchas cosas en parábolas diciendo: Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol y por falta de raíz se secó. Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta. El que tenga oídos, que oiga".

A continuación, para una mejor comprensión y conectando con la realidad de hoy, me permito desarrollar una breve reflexión sobre cada una de estas situaciones. Primero: la semilla que cayó al borde del camino y los pájaros se la comieron hace referencia a los que no rechazan abiertamente la Palabra de Dios, pero tampoco la integran a su vida.
Se trata de esa mayoría que se declara cristiana sociológicamente, que se bautiza y hasta cumple con algunos ritos establecidos y preceptos, pero interiormente comparte los mismos criterios de vida que el resto de la sociedad no cristiana. Se declaran cristianos, pero por su modo de ser y de vivir siguen siendo paganos.
Segundo: la semilla sembrada en terreno pedregoso que brotó enseguida, pero por falta de raíz se secó, simboliza a los que aceptan alegremente la Palabra, pero sin profundizarla. A este grupo se pueden incluir a quienes se preparan para la primera comunión y para la confirmación. Son los que comienzan la catequesis con entusiasmo, pero no encuentran el contexto favorable para dar frutos.
El niño se entusiasma, ama profundamente a Jesús, pero su hogar está lejos de ser una "Iglesia doméstica": no se reza ni se lee en ella el Evangelio, no se practican los sacramentos, no se celebra el día del Señor. Sería sorprendente que la "Semilla de la Palabra", en estas circunstancias diera fruto.
Tercero: la semilla que cayó entre abrojos que crecieron y la ahogaron, simboliza a los que valoran la importancia de la Palabra de Dios, saben que no hay vida cristiana sin la Sagrada Escritura, pero hay tantas cosas que ofrece "la sociedad del tener y del espectáculo" de hoy, hay tantas atracciones, que finalmente Dios es tomado al margen de la vida.
No se niega la existencia de Dios ni su importancia, pero queda poco tiempo para Él. Y cuarto, finalmente: la semilla que cayó en buena tierra y dio fruto, aunque desigual, hace referencia a todos los que han escuchado, han entendido y han puesto en práctica la Palabra de Dios. Mis queridos amigos.
La Parábola del Sembrador nos enseña que la Palabra de Dios nunca actúa automáticamente; su desarrollo y sus frutos dependen de nuestra libre aceptación y colaboración. Solo si la semilla echa raíces dentro del corazón humano podrá dar frutos.
San Juan Pablo II, con mucha claridad, complementa lo anterior diciendo: "Si la fe no se hace cultura, si no se expresa en nuestro modo de ser y vivir es como barniz, se pierde". Lamentablemente es así, en muchos casos se pierde. Por eso es necesario entender que la vida cristiana no se limita solo a aprender algunas verdades. Esencialmente es una forma de vida basada en los valores cristianos.
Se trata de crecimiento en la auténtica humanidad. Y en ese proceso de crecimiento la misión de la familia es clave. Pidamos a Dios entonces que nuestros niños, adolescentes y jóvenes encuentren en sus hogares un contexto favorable. Que sus padres y mayores sean siempre modelos de vida cristiana. Que todos tengamos una feliz semana. Que Dios nos bendiga.
Raíces profundas
El papa León XIV rezó el tradicional Ángelus desde la residencia estival de Castel Gandolfo, donde permanecerá hasta el próximo 27 de julio. El pontífice, que invitó a los fieles a rezar y renovar su cuerpo y espíritu, lanzó nuevamente un fuerte llamado a la paz mundial ante los "vientos de guerra" en Ucrania y Medio Oriente, pidiendo no apagar la esperanza y apostar por el diálogo diplomático.
En la reflexión dominical, la liturgia del Santo Padre se centró en la Parábola del Sembrador, recordando la importancia de "cuidar el corazón para que la Palabra de Dios eche raíces profundas".












