¿Queridos amigos, cómo están? ¿Cómo se encuentran? Espero que bien. Durante las últimas semanas estamos siendo bombardeados con noticias del Mundial de Fútbol. Se nos han dicho muchas cosas respecto de sus participantes, sobre jugadores y países. También se nos ha hablado de las creencias religiosas de algunos futbolistas.
"Te alabo Padre por ocultar estas cosas a los sabios y entendidos, y revelarlas a la gente sencilla"
En un mundo donde la sabiduría parece reservada a pocos, el mensaje de Jesús resalta la apertura de los humildes a lo divino, reflejado en la fe de Lionel Messi.

Y esto es buenísimo, porque me impactaron profundamente las declaraciones religiosas del capitán de la selección argentina de fútbol, Lionel Messi, que a continuación me permito compartir. En una sincera entrevista, Messi ha reconocido explícita y claramente que todo lo que es como persona y futbolista se lo debe a Dios. A la pregunta de la entrevistadora, sobre su fe y su creencia, respondió:
"Siempre digo que todo depende de Dios; todo pasa porque Dios lo permite, Dios decide todos los momentos de mi vida. Siempre pedí a Dios y le agradecí por todo lo que me ha dado a nivel deportivo y familiar. Desde chiquito, fue Dios quien me hizo jugar así, me dio ese don. Siempre le pido todo para el bienestar de mi familia y mis seres queridos".

Estas declaraciones de Messi me han venido a la mente al leer el relato del Evangelio de hoy. En este texto breve Jesús dice: "Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien".
Mis queridos amigos, realizando su vida pública Jesús recorre los pueblos y aldeas anunciando la Buena Noticia. ya ha experimentado su fracaso en las ciudades a las que dedicó mucho tiempo de su predicación, como ser Corozaín, Betsaida y -sobre todo- Cafarnaúm.
En este contexto de desencanto, decepción, sorprendido por la poca atención que le dieron muchas personas, Jesús alaba al Padre porque "los sencillos" manifiestan apertura y receptividad para su mensaje, mientras "los sabios y entendidos" no saben o no quieren comprender. ¿Quiénes eran entonces, "los sabios y los entendidos"?
El evangelio se refiere a las élites religiosas de Israel, los escribas y los fariseos, los rabinos. Los que se creían dueños de la verdad, pero no sabían desprenderse de los pensamientos viejos, cansados y sombríos.
Los sabios y los entendidos nombrados por Jesús, son los autosuficientes, tienen una idea cerrada de Dios y del mundo, no estaban dispuestos o no fueron capaces de abrirse a algo nuevo que estaba por nacer. ¿Quiénes son esos pequeños, por los cuales Jesús da gracias al Padre?
Esencialmente son todos aquellos que eran despreciados por los Doctores de la Ley, por los fariseos y escribas de aquel entonces. Son aquellos que se presentan ante Dios conscientes de su pequeñez, con actitud humilde, esperando a Alguien que pueda llenar sus vidas.
No se trata de gente inculta o pobre, sino de un nuevo pueblo de Dios, que nace de la predicación de Jesús, en oposición al viejo pueblo, a los fariseos, escribas y los letrados, a la "vieja levadura". ¿Cómo podemos traducir este mensaje a nuestra vida actual?
En este momento es bueno preguntarnos tanto a nivel personal como comunitario: ¿a qué grupo pertenecemos nosotros? Para los que nos llamamos católicos de toda la vida, existe un peligro real de convertirnos en los letrados y los fariseos del tiempo de Jesús, los que hemos perdido la sensibilidad frente al mensaje del Maestro de Nazaret.
Por otro lado, con emoción observo en mi pastoral de cada día algo maravilloso. La gente sencilla y humilde busca a Dios, lee la Biblia para buscar en ella el mensaje para su vida. Y Jesús alaba a su Padre por todos aquellos que se abren al Evangelio, que dan testimonio de Dios en el mundo de hoy.
Fíjense bien: cuando la entrevistadora peguntó a Messi cómo logra tantas cosas extraordinarias en su vida futbolística, Messi humildemente responde que todo se lo debe a Dios: "Dios me dio el don para jugar así; yo nací de esta manera porque Él lo quiso y sin su ayuda no hubiese llegado a ninguna parte".
Qué importante es recordar hoy esta dimensión religiosa a las familias, especialmente a los padres, porque con frecuencia no se preocupan por la comunicación de la fe a sus hijos. Hoy, muchos repitiendo las palabras de Jesús queremos decir:
"Padre, te alabamos por tantas personas que has puesto en nuestro camino, por tantas personas que nos enseñaron que vale la pena ser bueno, esforzarse, ... que vale la pena amar y servir".
Que Dios nos bendiga.
La historia de fe del Negrito Manuel
Argentina y Cabo Verde, que debieron enfrentarse en el Mundial de Fútbol 2026, están unidos por una asombrosa historia de fe. Aunque más de 6.600 kilómetros separan a ambos países, existe un vínculo histórico y espiritual que los une desde hace casi cuatro siglos: la figura del Negrito Manuel, un esclavo nacido en el actual territorio de Cabo Verde que dedicó su vida al cuidado de la Virgen de Luján, patrona de Argentina.
La historia se remonta al año 1630, cuando una imagen de la Inmaculada Concepción, proveniente de Brasil con destino a Santiago del Estero, quedó milagrosamente detenida a orillas del río Luján. Los bueyes que tiraban de la carreta solo retomaban la marcha al retirar una de las cajas que transportaban.

Al abrirla, descubrieron la imagen de la Virgen, interpretando que María había elegido permanecer en ese lugar. Así nació la devoción a la Virgen de Luján. Entre los testigos del milagro estaba Manuel Costa de los Ríos, conocido como el Negrito Manuel, quien había llegado al Río de la Plata como esclavo desde Brasil, pero era originario de Cabo Verde.
Su amo le encomendó custodiar la imagen, misión que asumió con profunda entrega durante más de cinco décadas. Manuel recibía a los peregrinos, narraba el milagro y asistía a los enfermos. Cuando la imagen fue trasladada a la estancia de Ana de Matos -donde hoy se levanta la Basílica de Luján- ella pagó también por Manuel para que continuara junto a la Virgen.
En los documentos de la compra quedó registrado como propiedad de la Virgen de Luján, razón por la que solía decir: "Soy de la Virgen nomás". Falleció en 1686 y hoy es Siervo de Dios, con una causa de canonización en marcha.
Sus restos descansan a pocos metros de la Basílica de Luján, recordando que, mucho antes de que Argentina y Cabo Verde se cruzaran en una cancha en Estados Unidos, ya estaban unidos por una historia de fe, servicio y amor a la Virgen.













