Queridos amigos. ¿Cómo están? ¿Cómo se encuentran? A partir de la Fiesta de Pentecostés, en la Iglesia transitamos ya el tiempo ordinario, cuya finalidad es conocer más y mejor la vida y el mensaje de Jesús. Es decir, lo que dijo e hizo durante su vida pública.
"Jesús, al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas"
La compasión de Jesús se refleja en su sensibilidad hacia las muchedumbres, recordándonos la urgencia de empatía en un mundo con profundas desigualdades.

Y esto es sumamente importante, porque si queremos asumir su vida y su misión, necesitamos conocerlo, pues nadie puede amar lo que no conoce. San Jerónimo fue contundente al decir: "El desconocimiento de las Sagradas Escrituras, es el desconocimiento de Jesucristo". En el Evangelio de hoy, San Mateo, destaca una de las actitudes más importantes de Jesús: la compasión.
En el texto leemos: "En aquel tiempo, al ver Jesús a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rueguen, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies".
Me impacta y maravilla la sensibilidad, la actitud empática, solidaria y misericordiosa de Jesús. Hoy es bueno preguntarnos: ¿Cómo vería Jesús a nuestro mundo? Sin lugar a dudas, sentiría también una profunda lástima por los millones de personas que viven en condiciones infrahumanas, por los niños de la calle sin escuelas, por tantos hermanos nuestros que duermen bajo el cielo o bajo el puente.
Jesús sentiría también lástima de tantos hombres y mujeres que tienen todo tipo de bienes en abundancia, y sin embargo experimentan un profundo vacío dentro de sí.
El papa León XIV en sus últimos mensajes no se cansa de decirnos: "Necesitamos interioridad, cultura, trascendencia". Sin desmerecer grandes logros científicos y tecnológicos, en su primera y tan bella encíclica, Magnifica humanitas, el santo padre nos recuerda que solo el hombre creado a imagen y semejanza de Dios tiene eminente dignidad:
"Las denominadas inteligencias artificiales no las tienen porque no viven una experiencia, no poseen un cuerpo, no pasan por la alegría y el dolor, no maduran en las relaciones ni conocen desde dentro lo que significan el amor, el trabajo, la amistad y la responsabilidad".
Mis queridos amigos, hoy muchos afirmamos que el mundo debe cambiar, que la educación actual está en crisis, que hay que transformarla, que la salud debe mejorar, que los padres deben ser "padres de verdad" y no compinches o compañeros de sus hijos, como con frecuencia ocurre. Pero lamentablemente todo sigue igual y no hay nada nuevo bajo el sol.
Me pregunto con mucha sinceridad: ¿En qué momento hemos perdido el respeto a los mayores, a los maestros, a los profesores y a las autoridades? Desde hace más de treinta años estoy trabajando en la escuela y con preocupación observo cómo la situación educativa, el rendimiento académico, la conducta y el comportamiento de nuestros niños, adolescentes y jóvenes, año tras año, van empeorando.
Todos percibimos una clara urgencia de cambio, buscando soluciones y respuestas adecuadas. Pero cómo nos cuesta hacernos el tiempo para sentarnos a los pies de Jesús y escuchar su Palabra de vida entre tantas palabras huecas y vacías de la sociedad de hoy.
Cómo nos cuesta también comprender que la Buena Noticia no envejece nunca, que siempre es actual porque hace referencia a la esencia del hombre y a los valores fundamentales de la persona humana.
Por todo ello es que me permito reafirmar una vez más la frase central del Evangelio de hoy: "Jesús, al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas". Usted -querido amigo- seguramente al leer o escuchar el mensaje de Jesús se siente interpelado personalmente, cuestionado.
¿Piensa o cree que quienes gobiernan hoy en nuestra querida Argentina se afligen por la situación y las necesidades de muchos hermanos nuestros pobres, abandonados? ¿Nuestros jueces buscan la justicia, bregan por la verdad y el bien de la patria? ¿En serio?
Las preguntas son importantes para plantearlas y mucho más importantes responderlas. Por eso, cuánta actualidad tiene el mensaje de San Agustín cuando en su grandiosa obra, "La Ciudad de Dios", dijo: "Si de los gobiernos quitamos la justicia, ¿qué son sino grandes bandas de ladrones?"
Nosotros los argentinos, ¿no nos sentimos identificados con esta frase? Pidamos a Jesús que nos conceda un corazón compasivo y empático como el suyo, para que sepamos asumir una actitud de "compasión" frente a tantos hermanos nuestros pobres y desamparados.
Que todos tengamos una linda semana. Y que Dios nos bendiga.
Palabras de Mahatma Gandhi (1)
Revisando recortes de artículos publicados por el diario, encontramos uno referido a palabras de Mohandas Karamchand Gandhi (1869-1948) que sería muy positivo volver a recordarlas, ya que transmiten valores y amor a la sociedad. Le preguntaron alguna vez a Gandhi cuáles son los factores que destruyen al ser humano y él respondió describiendo los seis siguientes:
1) La política sin principios; 2) El placer sin compromiso; 3) La riqueza sin trabajo; 4) La sabiduría sin carácter; 5) La ciencia sin humanidad; 6) La oración sin caridad.
El Mahatma ("Alma Grande", nombre honoríico que recibión del célebre poeta Rabindranath Tagore), decía:
"La vida me ha enseñado que la gente es amable si yo soy amable; las personas están tristes si yo estoy triste. Todos me quieren si yo los quiero. Todos son malos si yo los odio. Que hay caras sonrientes si yo les sonrío. Y hay caras amargas si yo estoy amargado. El mundo es feliz si yo soy feliz. La gente está enojada si yo estoy enojado. Los demás son agradecidos si yo soy agradecido".
Para quien fuera el dirigente más destacado del movimiento de independencia de la India y a su vez impulsor metodológico de lo que se conoce como desobediencia civil no violenta, la vida es como "un espejo, si sonrío el espejo me devuelve la sonrisa, porque la actitud que tengo ante la vida es la manera que la vida tomará ante mí".
Decía Mahatma Gandhi: "El que quiera ser amado que ame y si alguna vez te olvidaste de Dios, recuerda que Dios nunca se olvida de ti".
(1) Aporte de Hilda Ana Re y Deborah Benítez para el Buzón de Sugerencias del diario El Litoral.


















