Queridos amigos. ¿Cómo están? Hoy la liturgia de la Palabra de Dios coloca en el centro el tema de la justicia. Sin lugar a dudas un tema fundamental para nuestra convivencia social. Sin la justicia, la vida de muchas personas podría ser una humillación permanente.
"Observen el derecho, practiquen la justicia"
La reflexión invita a cuestionar nuestra práctica de la justicia en una sociedad marcada por la violencia y la indiferencia ante las injusticias cotidianas. ¿Estamos dispuestos a cambiar?

Desde los orígenes de la humanidad, el peor enemigo del hombre ha sido siempre el hombre. Ninguna epidemia ha causado tanta ruina y muerte como nos hemos causado los hombres los unos a los otros.
No por casualidad, el filósofo inglés Thomas Hobbes (1588-1679), observando la vida social de su época llega a decir: "Homo homini lupus est" , que se traduce: "El hombre es un lobo para el hombre".
Ahora bien, desde el tiempo de Hobbes pasaron ya varios siglos y -entre otras cosas- durante la Revolución Francesa (1789) la razón humana fue entronizada como "Diosa" en la catedral de Notre Dame, pero… ¿los humanos hemos cambiado mucho? ¿Nuestras relaciones interpersonales y sociales mejoraron? ¿Nos respetamos más, nos queremos más? ¿Somos más solidarios y empáticos?
Tengo mis serias dudas. Si vamos a los textos bíblicos de hoy, encontramos el mensaje que refleja la preocupación por la justicia. El profeta Isaías nos exhorta diciendo: "Esto dice el Señor: Observen el derecho, practiquen la justicia, porque mi salvación está por llegar, y mi justicia se va a manifestar".
Mis queridos hermanos: el Dios bíblico no es un objeto de culto, no es una estatua de mármol o de madera que hay que adorar, sino un Dios vivo, sensible que camina con el pueblo, sufre y sueña con el pueblo. Rechaza ritos y sacrificios vacíos.
Por ello, por la boca del profeta Isaías, Dios es contundente al decir: "No quiero sangre de toros, ni de ovejas... No me traigan más esas ofrendas vanas. Vuestras manos están llenas de sangre. Lávense, límpiense. Dejen de hacer el mal, aprendan a hacer el bien. Busquen lo justo, restituyan al agraviado, hagan la justicia al huérfano, amparen a la viuda".
A Dios no le interesan las prácticas vacías, ni el cumplimiento de los preceptos, sino la justicia, la bondad y la misericordia. Ahora, me pregunto: ¿cómo estamos nosotros hoy con la práctica de la justicia? Hace unos años los obispos argentinos hicieron este diagnóstico, a mi modo de ver muy duro de nuestra realidad.
Nos dicen: "La Argentina está enferma de violencia. Hemos endurecido el corazón acostumbrándonos a tantas injusticias. Nos estamos acostumbrando a la violencia verbal, a las calumnias y a la mentira". Ante esta situación tan desafiante y compleja, los creyentes y no creyentes no podemos ser indiferentes.
Las palabras de Isaías: "Observen el derecho, practiquen la justicia", nos deben cuestionar y comprometer. Incluso, si hoy muchos magistrados no administran bien la justicia, ¿no será porque nosotros se lo permitimos o simplemente aceptamos sin reclamar? Qué pregunta para responder en forma personal y comunitaria.
¿Queda mucho por hacer? Sí. ¿Quedan muchas cosas para cambiar? Sí. Es verdad, pero también es bueno constatar que en nuestro pueblo sencillo hay muchas reservas éticas y morales. No todo está perdido.
Me consta que muchos hermanos nuestros confían en Dios, se dejan inspirar por el Espíritu Santo, salen a la calle a reclamar la justicia, denuncian el robo y la delincuencia. Y esto es bello, bellísimo. Porque la vida nos enseña que no alcanza solo la razón humana para instaurar la justicia.
Tampoco se logra un mundo mejor con la implementación de nuevas tecnologías, o con la Inteligencia Artificial. Es necesario cambiar el corazón humano configurándolo con el corazón misericordioso de Jesús.
Concluyendo, me permito compartirles el poema de María Elena Walsh titulado: "Oración a la justicia". Estos versos tan preciosos, profundos y significativos comienzan así:
"Señora de ojos vendados, que estás en los tribunales,/ sin ver a los abogados, baja de tus pedestales./ Quítate la venda y mira, cuanta mentira. Ilumina al juez dormido./ Señora de ojos vendados, con la espada y balanza,/ a los justos humillados, no les robes la esperanza./ Dales la razón y llora, porque ya es hora".
Pidamos a Dios que tengamos valor de buscar la justicia y bregar por la verdad en este mundo de tanta confusión. Como nos dice el Evangelio: "Busquemos siempre el Reino de Dios y su perfecta justicia, y lo demás se nos dará por añadidura". Que todos tengamos una linda semana. Que Dios nos bendiga.













