¿Cómo están queridos amigos? ¿Cómo se encuentran? Espero que bien. El perdón es el tema central de la liturgia de la Palabra de Dios. Sin lugar a dudas se trata de una realidad sumamente importante para una sana convivencia comunitaria. Es imposible imiginarnos la vida humana sin el acto de perdón.
"Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas"
En el Evangelio de hoy, Jesús nos ofrece una guía para resolver conflictos entre hermanos, destacando la importancia de la corrección privada y el perdón sincero.

¿Qué significa perdonar? Si vamos a la enciclopedia encontramos esta descripción: "Perdonar es una decisión voluntaria de soltar el rencor, la ira y los deseos de venganza hacia alguien que nos ha ofendido o lastimado". No es una emoción como algunos piensan, es una decisión. Yo quiero perdonar. El evangelista San Mateo nos dice:
"En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano".
Mis queridos hermanos: la frase "Si tu hermano peca..." constituye el punto central del Evangelio de hoy. Bien sabemos, por experiencia propia, que los hermanos pecan y pecan bastante. Los Padres de la Iglesia, conociendo bien la naturaleza humana, ya nos advertían de esto diciendo: "Acuérdate de que ni eres ángel ni vas a vivir entre ángeles".
El hombre es santo y pecador. Si buscamos al hermano sin defectos, o amigos perfectos, nos quedaremos solos, sin ellos. Mientras dura nuestra peregrinación en este mundo, siempre seremos defectuosos, incompletos, inacabados, imperfectos.
Muchos se preguntan cómo actuar en estos caso. Y Jesús, entonces, nos propone la corrección fraterna. Por ello, a continuación, me permito señalar solo algunos pasos a seguir. En primer lugar, Jesús nos dice que hay que corregir en privado, es decir a solas.
¿Es difícil corregir en privado? Sí. Sumamente difícil. Es mucho más fácil hacer comentarios a terceros. En muchos casos, el interesado es el último en enterarse. como dice el popular refrán: "Qué fácil es desparramar las plumas, pero después... ¿quién las recoge?"
En segundo lugar, dice Jesús: "Si el agresor no hace caso, debe hacerse una segunda tentativa". Y esta vez pide presentar el caso ante algunos testigos. En tercer lugar, se debe involucrar a la comunidad presentando el caso. Pensando lo que sucede en nuestra sociedad, cuán lejos estamos de la enseñanza de Jesús.
Qué gran cuestionamiento para los medios de comunicación. ¿Cuántas veces se dicen en público temas muy íntimos o delicados sobre otras personas, sin saber si son ciertos? Existe una bella historia, llena de enseñanzas, que quiero compartirles. Se cuenta que un discípulo se acercó a su maestro para decirle:
"Maestro, hay algo que quiero decirte, alguien está hablando mal de ti". El Maestro replicó: "¿Me imagino que lo que me quieres decir ya lo hiciste pasar por las tres rejas?" El joven, intrigado, preguntó: "¿Cuáles rejas?" El Maestro dijo: "La primera reja es la de la bondad. Lo que me quieres decir, ¿es bueno?" El discípulo respondió: "No Maestro, no es bueno".
"Entonces guárdatelo", replicó el sabio, y agregó: "La segunda reja es la verdad. Lo que me tienes que decir ¿es verdadero?" No Maestro, volvió a responder el discípulo, no es verdadero. Entonces, insisitió el Maestro, "para que me vas a contar chismes o suposiciones".
Luego explicó al joven: "Lo que me tienes que decir debes pasarlo finalmente por la tercera reja: la reja de la necesidad. ¿Es necesario que me cuentes lo que has oído?" No Maestro, dijo otra vez el discípulo, no es necesario que te cuente. Pues amigo mío, concluyó el Maestro, "si lo que me quieres decir no es bueno, ni verdadero, ni necesario, sepúltalo en el olvido".
Mis queridos amigos, no hay derecho a hablar con nadie de un pecado ajeno si no se tiene el coraje o el amor necesario para hablarlo con el propio pecador. En este sentido el Evangelio es revolucionario, porque Jesús no solo ordena al ofensor que vaya a pedir perdón al ofendido, que sería lo normal, sino que el mismo ofendido es quién debe tomar la iniciativa para facilitar la reconciliación.
Existe un antecedente histórico que lo refleja. El día 13 de mayo de 1981, Mehmet Ali Agca disparó contra el papa Juan Pablo II cuatro veces en la Plaza de San Pedro. ¿Por qué lo hizo? No lo sabemos muy bien. Dios seguramente lo sabe. Pero lo grandioso es que una vez recuperado, el papa Karol Wojtyla fue a visitarlo a la cárcel para perdonarlo.
¿Se puede encontrar un mejor ejemplo que este sobre el perdón? No lo creo. Para concluir me propongo regalarles las palabras del obispo Pedro Casaldáliga, que nos decía:
"Cuando me llame el Señor a su presencia, le abriré mi corazón y de él sacaré una lista larga con los nombres de las personas a quienes he amado, servido, ayudado, porque existe un solo pecado, que no será redimido, consiste en haber vivido, sin jamás haber amado".
Que Dios nos bendiga.














