Caos y epidemias: ¿una desnacionalización depresiva?
La desconexión entre generaciones, agravada por la tecnología, afecta la salud mental y social, evidenciando la necesidad de fortalecer la continuidad cultural.
Lucha épica del niño Atreyu contra el lobo Gmork en "La historia sin fin".
La mitad de la población argentina presenta riesgos de padecer depresión y ansiedad moderada y severa prácticamente, según relevamientos de la UBA y la UCA. En los varones más jóvenes, esto incluye una tasa de mortalidad por suicidio alarmante que triplica al resto de la población.
Un abismo por la desconexión institucional entre un "Ellos" (la dirigencia) y un "Nosotros" (la ciudadanía), signa la fragmentación de lo que pudo haber sido un proyecto común, configurando un auténtico caos, que caracterizan autores recientes como Yuval Noah Harari, Joseph Vogl o Giuliano da Empoli.
Incluso en la reciente obra de Ricardo Lorenzetti (ministro de la Corte Suprema de Justicia), "El liderazgo del caos", se detalla desde la necesidad de una narración nacional esperanzadora.
Apelando a José Ortega y Gasset, tal vez podamos afirmar que esta epidemia de trastornos y super aceleración de IA se erige, en una suerte de culpa en la que retro-accionan un padeciente y un agente, en "el tema de nuestro tiempo".
La poli-crisis desde el ángulo institucional, en la cual la IA es más que una simple herramienta entre otras, se está expresando también en índices clínicos desde el ángulo vivencial.
Índice clínico y avance del nuevo enemigo
En la película "La historia sin fin" (1984), La Nada es el principal antagonista y representa la pérdida de la esperanza en el mundo real. A diferencia de un villano convencional, no es un ser físico, pero impacta en la organización biológica: aparece como una tormenta oscura que hace desaparecer partes del paisaje y consume el reino de Fantasía a medida que los humanos dejan de creer en él.
Cargada de simbolismo, la película expresa en La Nada la desesperanza y el nihilismo que se alimenta del cinismo y la apatía de las personas. Según el lobo Gmork, el servidor de esta fuerza, la gente que no tiene esperanzas es más fácil de controlar. A su vez, la adultez representa el abandono de la creatividad infantil en favor de un realismo rígido y materialista.
Salud mental no es lo mismo que psicología o psiquiatría. En las otrora "ciudades jardín", hoy convertidas en "ciudades cárceles" por los angurrientos edificios de altura, todo fue deconstruido, cuestionado, evaluado.
Así, fueron deconstruidos el ejercicio físico, el dormir, la alimentación, el amor familiar, una comunidad en la cual realizarse, tener un ideal por el cual luchar: necesidades y sueños. El problema del colapso ambiental es que, roto el campo institucional, la producción de síntomas acontece como una avalancha indómita y se requieren estrategias sanitarias y clínicas específicas.
Por eso, aquí pretendo complementar al análisis del caos institucional y del nuevo enemigo ambiental, con una mirada desde la experiencia clínica que se reproduce bajo modalidad de epidemia, algo que podríamos denominar "la vivencia del homo chaoticus".
La vivencia del homo chaoticus
Entre la experiencia de una persona colectiva -como lo es de hecho un pueblo- y la experiencia del vivir singular, se tensa el puente de lo jurídico, tecnológico, económico, político, educativo, sanitario, artístico, etc. Las personas se avienen a lo institucional y, en retroacción, lo institucional opera de consuno como una suerte de metábola que confiere una forma y un color a la subjetividad.
Esta modalidad de producción subjetiva, actúa en tanto acontencial e histórico, pero se apuntala siempre y en todo lugar en las notas esenciales, universales y permanentes del ser humano, conjuga cambio y permanencia. Así es como una mujer, con nombre y deseo singular en una coyuntura cultural cambiante, apuntala su ser de madre en el andamiaje universal biológico permanente del amamantamiento.
Si bien es un principio de lógica metafísica que de un ente inferior no puede surgir un ente superior, en lo palpable de una causa material (en el seno, la leche y el instinto autoconservativo del bebé), se apoya la maravillosa causa eficiente del amor materno.
Se opera, podemos decir en términos de Hans-Georg Gadamer, una "fusión de horizontes" en esas vivencias de comprensión, que se van constituyendo como sustancia en el carácter de una época.
Así, por ejemplo, Werner Sombart a través de la noción del "espíritu económico" (Wirtschaftsgeist), interpretando el capitalismo no solo como técnica, sino como una mentalidad burguesa (racionalismo, sobriedad, especulación, afán de lucro), pudo avizorar un carácter de época.
Más vernáculo y no por ello menos universal, Jorge Luis Borges sentencia, siempre conflictuado con toda identidad telúrica, plagiando excelsamente a Herálicto: "Cada hombre tiene su destino, más allá de la ética; ese destino es su carácter".
Ahora bien, ¿Qué elemental alquimia de factores compone un carácter en este caos globalista? Toda antología, podría ser otra. Pero aparecen lógicas ciertas conexiones entre la idea de Deshelenización, la idea de Descivilización y la idea de Pérdida de Sentido Nacional (o Desnacionalización).
El caos como deshelenización
De algún lugar lógico provienen chicos como los therians que, sin cursar necesariamente episodios alucinatorios, poniéndose una máscara animal tienen la plena certeza contra-natura de ser ellos mismos ese animal. Como si la sobre utilización exacerbada del paradigma de niñez de los 90 nos hubiera llevado a la estratósfera, dilapidando el buen mandato de "escuchar la voz del niño".
Deconstruidos los vínculos con los datos de la realidad, el enajenamiento horrorosamente angustiante es cuestión de tiempo. Una organización humana que no pueda encontrarse en alguna convergencia objetiva, aunque sea mínima, se vuelve en sí misma inconducible, hasta colapsar en un caos total.
Un panelista de TV puede aconsejar tomar lavandina en lugar de vacunarse. Es imposible conducir lo inorgánico, sentenciaba un eeneral experto en organización popular.
El papa Benedicto XVI, Joseph Ratzinger, en la Universidad de Ratisbona, pronunció un discurso liminar al respecto, señalando que la deshelenización es precisamente el proceso histórico que ha ido estrechando el concepto de razón, destruyendo la síntesis entre la fe cristiana y la cultura griega, comprometiendo la objetividad.
No por un occidentalismo chabacano o eurocentrismo necio -justamente el mismo Benedicto XVI ha sido muy crítico de la Europa moderna occidental- sino sencillamente porque por razones factuales, los griegos razonaron prontamente desde la lógica realista, educiendo de los datos intrínsecos a las cosas que, si dos más dos es igual a cuatro, no puede ser al mismo tiempo y en el mismo sentido, igual a cinco.
Simple y real, si todo se puede relativizar, podemos aconsejar tomar lavandina. Aún desde las corrientes liberales actuales, ateas algunas, se echa mano a algún tipo de verdad, de anclaje.
Desde una izquierda atea, Jurgen Habermas, dialogó en Baviera con Ratzinger, reafirmando entre las diferencias un acuerdo: la urgente necesidad de ampliar los límites de la razón moderna e intentar encontrar una salida a esa crisis de objetividad en la sociedad postsecular.
Habermas (¡Nada católico por cierto!) admitió que el Estado liberal depende de motivaciones éticas que él mismo no puede generar, por lo que propuso que la razón secular debe aprender ciertas verdades plausibles prepolíticas propias de la teología.
El caos como descivilización
La sociología de Norbert Elias hace referencia al debilitamiento de los mecanismos de autocontrol y la fragmentación de las cadenas de interdependencia humana.
Cuando el Estado pierde el monopolio de la violencia o cuando los individuos dejan de sentir "vergüenza" social por actos agresivos, el sendero al caos se transita por un proceso de erosión de las normas, diques primarios -vergüenza, asco y pudor- y valores que regulan la conducta humana, lo que lleva a una sociedad donde se liberan pulsiones antes contenidas, reprimidas y sublimadas.
Elias había estudiado el proceso por el cual el deporte moderno (boxeo, rugby) edifica interdependencias, es decir "figuraciones" que sustancian una economía eficiente de control de pulsiones, posibilitando la democracia moderna. Una auténtica deportivización, que es un modo de humanización civilizatorio, le abre el camino a la democratización.
Práctica de deporte de combate, canalizando positivamente la energía.
Una crisis, genéricamente, se observa como una angustiosa dislocación entre el yo y sus circunstancias de evolución, un impasse sin conductor aparente que nos hace funcionar de modo involutivo.
En términos clínicos psicoanalíticos, crisis y trauma pueden referirse al enfoque de la regresión, lo que en términos sociológicos de Norbert Elias, se expresa en la ambivalencia que libera el odio sin simbolización, el se regrede en una tendencia de "des-civilización" cuando fallan el trabajo de elaboración institucional y el trabajo de elaboración psíquica, liberando montos de afectos perversos.
Situaciones distópicamente graficadas como el filme "Mad Max" podrían dar cuenta de la plasmación (¿Profética?) de una regresión post-nuclear. No son revoluciones, son revueltas, gobiernan los resentidos.
El caos, desde la pérdida de las identificaciones nacionales
En su último libro, "Liderazgo: seis estudios sobre estrategia mundial", Henry Kissinger define el liderazgo como el arte de cerrar la brecha entre el pasado y el futuro, equilibrando lo que es posible con lo que es necesario para la sociedad.
Para Kissinger, el líder actúa en la intersección de dos ejes fundamentales: por un lado la estrategia, siendo capaz de analizar la realidad de manera objetiva para trazar un camino que transforme el presente y, por otro lado, el carácter, siendo capaz de infundir confianza en sus seguidores para llevar a cabo decisiones difíciles, bajo una gran incertidumbre.
En consonancia con ello, tomando una metáfora de otro contexto, como es el estudio científico de la guerra, apelamos a la imagen de una nación como una amalgama de arco y flecha, que se configura entre memoria y profecía.
Tensando el cordel del arco hacia atrás se abarcan sus fuentes mnémicas y sus fuerzas vitales. Y apuntado hacia el futuro, la vida toma sentido en aquel objetivo hacia dónde se dirige. Y todo esto junto -tradición y profecía- confiere unidad de sentido total a sus componentes: persona, familias, gremios y productores, entidades civiles, estado, gobiernos, credos, academia, fuerzas armadas, etc.
La conciencia humana es, en términos de Gadamer, "histórico-efectual" (wirkungsgeschichtliches Bewusstsein) ya que toda comprensión está influenciada por la historia y sus efectos, reconociendo que estamos inmersos en una tradición que apunta adelante.
En lo psicológico el concepto de nación, lejos de ser atávico o chauvinista, contiene un componente de exigencia de trabajo para lo anímico que confiere sentido al tiempo de la vida más allá de la inmediatez, del goce puro.
Un niño formoseño o un niño fueguino, mientras albergan el ideal identificatorio de Malvinas, albergan un porqué por el cual trascender el mero capricho narcisista en que pretende sumirlo el ideal global de "la compra de cosas". El primer ideal de lucha se posa en el orden del Ser, el segundo ideal de consumir se posa en el orden de Tener.
Silvia Bleichmar, psicoanalista argentina, militante de los Derechos Humanos, sostiene que para analizar los hechos traumáticos que impactan en el psiquismo es necesaria "una aplicación del método psicoanalítico a la realidad".
Expone que es necesario marcar las diferencias entre condiciones de constitución psíquica universal y condiciones de producción de subjetividad coyuntural. La constitución del psiquismo está determinada por variables relativamente estables, no depende de modelos históricos sociales, aunque tome modelos del período en el que un sujeto está inserto.
Mientras que, en la producción de subjetividad, confluyen "todos aquellos aspectos que hacen a la construcción social del sujeto, en términos de producción y reproducción ideológica y de articulación con las variables sociales que lo inscriben en un tiempo y espacio particulares desde el punto de vista de la historia política" (Bleichmar, 1999).
La constitución determina que una personalidad se configure bajo modalidades neuróticas, mientras la producción determina que un neurótico pueda ser un neurótico apátrida o neurótico un patriota, neurótico usurero o neurótico filántropo.
El contenido situacional, coyuntural, de un proyecto personal individualista y materialista, al que se añade la delegación de la crianza en la tecnología y las redes, termina descompaginando la vida, aislando e inmovilizando al ser humano con efectos des-contituyentes directos, proliferando una energía anímica no ordenada.
Y esta energía anímica no ordenada, justamente, al buscar caminos para su elaboración -esta vez anómalos- engendra formas de violencia descualificada, síndromes ansiosos y depresivos, sentimientos de desrealización, compulsiones irrefrenables, suicididios en escalada.
El presente gráfico reconstruye la tendencia de la tasa de mortalidad por suicidio en varones jóvenes (15-24 años), basada en las series históricas de la Dirección de Estadísticas e Información en Salud (DEIS) y los informes de coyuntura de 2025.
Los abuelos y los bebés por la borda
La cultura del descarte encarniza el daño a la identidad que se perpetra aislando a los niños de los abuelos. En algún club fundado por abuelos para que jueguen sus nietos, hay Midas trasnochados que sueñan con convertirse en una franquicia.
Esto tiene impactos en los sistemas sanitarios de los países, que pagan altísimos costos por la soledad, con trastornos por déficits de constitución subjetiva de los niños y crecientes problemas de demencia por ejemplo, por falta de estímulos afectivos en la tercera edad.
Abuelos y nietos en una playa, atreviéndose al juego físico.
Los espacios de encuentro y su noción de continuidad en el tiempo mutan y las personas quedan en un sitio de inactividad y a-historia, sin memoria identificatoria donde reconocerse, ni objetivo colectivo donde proyectar sus energías personales.
Esencialmente un proyecto nacional es, en el plano subjetivo, una actividad en una tópica intergeneracional en la cual un yo asume un destino como tarea que sólo se materializa en un nosotros.
Cuando se amputa el abrazo corporal y el juego físico entre niños, padres, abuelos, lo que se corta es la cadena de transmisión que disciplina en la renuncia al goce inmediato en pos de un sacrificio superior, propia de la épica sanmartiniana o de los combatientes de Malvinas, o de los gauchos que un 20 de noviembre cruzaron las cadenas en el Río de la Plata para impedir la liberal navegación de los ríos.
En el cantito del campeonato, en el fugaz "por los pibes de Malvinas que jamás olvidaré" sentimos, experimentamos, que somos eternos.
Desnacionalización depresiva
El nosotros es un complejo existencial que se compone de contigüidad (sincronía) de contactos físicos y continuidad (diacronía) de estos en un tiempo vital. Cuando se amputa este complejo existencial, las condiciones de producción devienen regresivas, involutivas. En el presente, se agravan prosperando tres vectores insidiosos: soledad, sedentarismo y delegación de la autoridad de la crianza en la tecnología.
El desbande psicológico y la anomia barrial es posterior al corte de esa cadena de transmisión de ideales identificatorios como son la movilidad social por esfuerzo y trabajo, el ideal del acceso al deporte y la escuela como ordenadores de la energía anímica, o la defensa inclaudicable de los derechos humanos en un país que ya acordó no matarse, ni torturarse, ni desaparecerse Nunca Más entre hermanos.
La epidemia de trastornos bajo formas ansioso-depresivas es correlativa a una pérdida de estos elementos de base. Las estadísticas dan cuenta palmariamente de lo inadecuado del régimen actual de vida. Lo que impera prevalentemente es un duelo signado por el contenido de haber perdido, que coexiste con un no saber qué se ha perdido, un vacío no neutral.
La epidemia como una crisis de abrazos
Habrá que empezar a prestar atención especial al factor del juego como parte de un planteo de liderazgo que se proyecte por entre medio de la hojarasca del caos un renacimiento hacia lo integral. La IA puede ser una herramienta, no somos luditas. Pero no es cualquier herramienta, puesto que aparece como un vector con suficiente fuerza intrínseca, velada a veces, sutil, para desequilibrar el campo de la vida y tender a la colonización tecnológica.
Si uno deja librado un niño a sus impulsos, colocando un celular en sus manos y su atención se coloca en el campo de lo inorgánico, de lo virtual, su voluntad se verá interferida para poder acceder al juego físico, con otros niños en el campo de lo orgánico, del cuerpo. Masivamente considerado, es decir, a nivel demográfico, este simple hecho sedimenta en una licuación de los emplazamientos orgánicos imprescindibles para un desarrollo integral.
La epidemia de salud mental es su epifenómeno. Exactamente contrario al proceso de ser narrador moral de una nación, la "nihilización" -con cierta licencia por el neologismo- de una nación opera una pérdida que sume en depresión, por efecto de un cierto sedentarismo anímico. El ideal deja de existir como tarea. Como en esa tormenta oscura del filme aludido, al igual que expresa Sigmund Freud, "la sombra del objeto perdido ha recaído sobre el Yo".