El Chino no era un improvisado. Era un rider experto y un obsesivo de la seguridad. Lo afirmo con conocimiento de causa: fue mi instructor tanto en kitesurf como en el Tiro Federal. Quienes nos formamos con él sabemos que la disciplina, el rigor técnico y el respeto por los protocolos eran su marca registrada.
EL VIENTO SE LLEVÓ A UN GRANDE y la tormenta nos trajo basura
Hablar desde afuera es gratis; entender el riesgo, no. La partida del Chino Cappi en El Chaquito golpea fuerte, pero más indigna ver a los opinólogos criticando y sermoneando sobre un hecho del que no tienen la menor idea.

Lo que ocurrió fue un accidente. Un imponderable en una actividad de alto riesgo. El viento fuerte es una condición poco frecuente en Santa Fe, algo extraordinario que solo aprovechan los pocos que realmente saben saltar y hacer acrobacias, como el Chino. Criticar esta tragedia desde la comodidad del sillón es tan absurdo como cuestionar la muerte de un motociclista en el Dakar por no llevar cinturón de seguridad. Es hablar desde el puro desconocimiento, pretendiendo juzgar con reglas cotidianas actividades que superan la comprensión de quien nunca estuvo ahí.

Los que disfrutamos los deportes extremos —escalamos paredes de hielo y roca, hacemos alpinismo o nos metemos al agua a intentar domar el viento— miramos la vida y la muerte desde otra perspectiva. Quienes "evitan riesgos" mientras esperan su infarto cómodamente sentados en la oficina o frente a la tele son los primeros en criticar a los que nos atrevemos a vivir intensamente. Siempre le digo a mis hijos que si pudiera elegir, preferiría morir congelado en una cumbre antes que agonizar día tras día en una cama de hospital. Y también les digo que no piensen cuánto sufrí en esos últimos minutos, sino que entiendan que ese corto padecimiento es el precio casi inevitable por haber vivido a fondo, gozando al máximo cada una de mis pasiones durante años y años.
El Chino murió en su elemento, viviendo con intensidad hasta el último segundo, y lo que más nos duele en todo esto es que se fue demasiado pronto.

A los que no saben y opinan por deporte: cállense la boca. Honren la memoria de un gran tipo, deportista y profesional impecable, y respeten el dolor de su familia, sus amigos y de quienes sabemos lo que significa jugarse la vida disfrutando lo que uno ama.









