En carta a Bernardo Verbitsky, fechada el 27 de enero de 1956, José Pedroni afirma que "la emigración, la salida, se repite sobre la tierra como hecho básico de la historia", asociando, en el curso de dicha misiva, la gesta de los inmigrantes a la del pueblo de Israel en su marcha desde Egipto hacia la Tierra Prometida (1).
Presencia del Éxodo Bíblico en la poesía de José Pedroni
La poesía de Pedroni evoca la travesía de los inmigrantes como un éxodo moderno, reflejando las esperanzas y penurias de quienes buscan un nuevo comienzo.

Asociación, esta, que exalta ciertamente la epopeya de los gringos que él viene a cantar, al referirla a uno de los acontecimientos fundamentales de la humanidad narrado en un libro esencial de nuestra cultura, la Biblia, de la que era fino y avisado lector y que opera aquí en un significativo proceso de comunicación intertextual con su poesía.
Así, en "Historia de una escritura", cuyo título remite, alusivamente, al de las Sagradas Escrituras, nombre con el que también es conocida La Biblia, los futuros emigrantes tienden su esperanza dirigida a un suelo de riquezas y prosperidades como en su hora lo hicieran los hebreos con la "tierra que mana leche y miel" (2) en el anhelo de verse libres de la esclavitud del faraón tal los protagonistas del poema pretenden hacerlo de su actual pobreza.
Por eso cuando Aarón Castellanos, contrato en mano, los convoca oyen, en sus prometedoras cláusulas, el eco de los sagrados libros:
"¿Qué tiene aquella escritura/ que nadie puede quemarla?/ ¿Qué acento tiene de Biblia/ en sus frases numeradas?// Las familias tendrán tierra…/ las familias tendrán casa…/ Cada cual tendrá dos bueyes,/ dos caballos, siete vacas…// Con la puerta prometida/ el hombre sueña en la cama./ La mujer tampoco duerme,/ y sueña con la ventana.// (...)"
"(...) En las siete vacas gordas/ piensan los dos y no hablan./ Las ven desfilar obscuras/ y, lentas, a la distancia.//¡Qué fácil es no dormir/ cuando no se tiene nada!" ("Monsieur Jaquín", Ediciones El Litoral, Santa Fe, 1954).
La travesía por el desierto conlleva, para los israelitas, penurias y dificultades. También los gringos, en su andar, las sufren. En plena asimilación de ambos, Pedroni refiere el "hambre y la sed" del Éxodo (3) a los futuros fundadores de la tierra nueva.
Y al hacerlo en "Canto a la Patria" ("Cantos del Hombre", Editorial Castellví SA, Santa Fe, 1960) poema en el que integra la mencionada gesta en la de la Argentina, escribe: "Y son los mil doscientos/ que Aarón conduce con la sed y el hambre/ del fondo del Antiguo Testamento/ sembrando en mar y río y selva sola/ los corderitos de sus niños muertos".
No solo "la sed y el hambre" los acosa; perderán, a veces, a sus hijos y serán estos los que, misteriosamente, desde el dolor mismo que su partida les genera y como verdaderos "corderitos muertos", bíblica víctima sacrificial por excelencia, que el poeta ve y nombra en el camino, los que los impulsarán a sostener el rumbo:
"Quieren volver y no pueden./ Un niño muerto los manda" ("Historia de una escritura", en "Monsieur Jaquín", Ediciones El Litoral, Santa Fe, 1954).
Interesa, por lo demás, destacar aquí la presencia de ese número, el "mil doscientos", al que Pedroni indica como el de los inmigrantes, número que, al aludir a las doce tribus de Israel, multiplicadamente expandidas por ese cien que bien remite a la infinitud, se inscribe también en las páginas de la Biblia de cuya matriz proviene.
Conductor de los gringos, como se ha visto, Aarón Castellanos es identificado por Pedroni con el Aarón hermano de Moisés, fundamental protagonista del éxodo hebreo. Así se lo declara a Bernardo Verbitsky en la ya mencionada carta:
"Castellanos tiene toda la característica del profeta que guía. Hay hasta una notable semejanza fisonómica entre el Aarón de la estatuaria religiosa y el Aarón salteño. Las mismas manos, los mismos ojos, y la misma barba estremecida". (4)
Y en poética traducción de su mirada, operando aquí con el que Enrique Butti ha señalado como uno de los significativos recursos de su obra: el nombrar los personajes (5), si en "Invasión Gringa" lo hace, con el conductor de los gringos, también con su apellido, ya en "Canto a la Patria", al eliminarlo, plenifica, aún más, la identificación dicha:
"En la espalda traían clavados/dos ojos de fuego,/ los de Aarón Castellanos,/ salteño" ("Invasión Gringa", en "Monsieur Jaquin"), "Y son los mil doscientos que Aarón conduce…" ("Canto a la Patria", en "Cantos del Hombre" ). Identificación que, en la advertida igualdad del nombre, exhibe, con certera eficacia, la unidad de misión a la que han ambos habían sido llamados.
Al revelar, con poetizada visión, la similitud de la gesta de los inmigrantes con la del pueblo de Dios, en el éxodo liberador y esperanzado de ambas, aunque no exento de dolores, fundador de tierras nuevas, Pedroni inscribe la epopeya de los gringos que canta y que celebra en la categoría de paradigma, historia ejemplar, con perdurable vocación de eternidad (6).
Aclaraciones
(1) José Pedroni. Papeles Inéditos, Selección y Prólogo: Jorge Isaías, Ediciones Culturales Santafesinas, 1996.
(2) Éxodo, 3–17, en El Libro del Pueblo de Dios, La Biblia. Fundación Palabra de Vida, San Pablo, Doceava Edición, 1995.
(3) Biblia, Éxodo, 16– 2, 3 y 17 -3, en El Libro del Pueblo de Dios, La Biblia. Fundación Palabra de Vida, San Pablo, Doceava Edición, 1995.
(4) José Pedroni, Papeles Inéditos, Selección y Prólogo: Jorge Isaías, Ediciones Culturales Santafesinas, 1996.
(5) Enrique M. Butti, "Del nombrar y de los nombres en la obra de José Pedroni", Ediciones Colmegna, Santa Fe, Argentina, 1988.
(6) Edelweis Serra, "La voluntad arquetípica: invariante semántica en la poesía de José Pedroni", en Literatura del Litoral Argentino, Consejo de Investigaciones. Universidad Nacional de Rosario, Rosario, 1977.










