El caso ocurrido en la ciudad santafesina de Helvecia volvió a poner en debate un tema que crece silenciosamente con el avance de las redes sociales: la exposición de niños y adolescentes en plataformas digitales y los posibles riesgos penales que pueden derivarse de esas prácticas.
La investigación judicial se inició luego de que se detectara la existencia de videos publicados en TikTok donde aparecían menores de entre 8 y 16 años filmados dentro de un supermercado. A partir de ese hallazgo, varias familias radicaron denuncias y la Fiscalía dispuso medidas de investigación, entre ellas el secuestro de teléfonos celulares para su análisis pericial.
Varias familias radicaron denuncias y la Fiscalía dispuso medidas de investigación. Foto: Prensa PDI
Más allá del caso concreto, lo ocurrido abre una discusión más amplia sobre los límites entre el uso cotidiano de redes sociales y la posible configuración de conductas con relevancia penal cuando involucran a menores de edad.
Uso de la imagen
Desde el punto de vista jurídico, filmar o difundir imágenes de menores sin autorización puede adquirir gravedad dependiendo del contexto, la finalidad de la grabación y el uso que posteriormente se haga del material. No todas las conductas encuadran automáticamente en un delito, pero determinadas situaciones pueden derivar en figuras previstas en el Código Penal.
Una de las hipótesis que suelen analizarse en este tipo de casos es la captación o difusión de imágenes de menores con fines indebidos, especialmente si el material puede ser utilizado con una finalidad sexual o de explotación.
También puede evaluarse la eventual corrupción de menores cuando la conducta del adulto implica una afectación al desarrollo moral o psicológico del niño o adolescente.
Las redes como evidencia
Otro aspecto relevante es el grooming, delito incorporado al Código Penal argentino mediante el artículo 131. Esta figura sanciona a quien, a través de medios digitales, establece contacto con un menor con fines sexuales.
Más allá de la dimensión penal, el episodio también deja una advertencia social. Foto: Archivo
Si bien el caso de Helvecia aún se encuentra bajo investigación y no existen imputaciones firmes en ese sentido, el fenómeno permite reflexionar sobre los mecanismos mediante los cuales los menores pueden quedar expuestos en entornos digitales.
A ello se suma un elemento central en la investigación contemporánea: la evidencia digital. Los teléfonos celulares, las cuentas de redes sociales y los registros de actividad en plataformas como TikTok se transforman en piezas clave para determinar qué ocurrió, quién publicó el contenido, con qué finalidad y qué tipo de interacción generó.
Protección reforzada
Pero más allá de la dimensión penal, el episodio también deja una advertencia social.
En una época donde la producción de contenido para redes sociales se volvió cotidiana, muchas veces se pierde de vista que los menores de edad requieren una protección reforzada, especialmente frente a la circulación masiva de imágenes en internet.
Lo ocurrido en Helvecia demuestra que la frontera entre lo aparentemente trivial y lo jurídicamente relevante puede ser mucho más delgada de lo que parece. Y que en materia de infancia y redes sociales, la prevención sigue siendo el mejor camino para evitar situaciones que luego deban resolverse en el ámbito penal.
*El autor de la nota es abogado penalista y docente en la Diplomatura Internacional en Grooming en la Universidad Interamericana (UAI)