Según la Real Academia Española (RAE), “trabajar significa ocuparse de forma continuada en una actividad física o intelectual, o tener una ocupación remunerada.” Casi desde su existencia la humanidad viene desarrollando tecnologías que simplifiquen o potencien sus actividades físicas e intelectuales. La Inteligencia Artificial es la última de ellas. Dejó de ser una promesa lejana y en pocos años pasó a convertirse en herramienta cotidiana de miles de organizaciones en el mundo que inicia una reconfiguración significativa del trabajo y las capacidades institucionales.
Inteligencia Artificial, capacidades y organizaciones
La Inteligencia Artificial comienza a exigir nuevas capacidades y formas del trabajo. Esto exige transformar las organizaciones combinando procesos que incluyen saberes tecnológicos y habilidades para gestionar el cambio organizacional.

La escala del cambio
El Reporte del Futuro del Trabajo 2025 del Foro Económico Mundial (WEF), elaborado sobre más de 1.000 grandes empleadores que representan 14 millones de trabajadores en 55 economías ofrece la fotografía más actualizada: para 2030 se crearán 170 millones de nuevos empleos y se desplazarán 92 millones, con un saldo neto que parece que será positivo. El 86% de las empresas del análisis considera que la IA será una fuerza transformadora decisiva en ese horizonte.
El estudio El estado de la Inteligencia Artificial 2025 de la consultora internacional McKinsey señala que el 78% de las organizaciones a nivel global ya utiliza IA en al menos una función de negocio, frente al 55% del año anterior. El 92% prevé aumentar su inversión. El mercado global de IA generativa podría superar los USD 400.000 millones para 2031. Sin embargo, solo el 1% de los líderes considera que su organización ha alcanzado un nivel de madurez real en el despliegue de la tecnología.

El trabajo humano en transformación
El Foro Económico Mundial anticipa que el 22% de los roles actuales desaparecerá o será revisado entre 2025 y 2030. Al mismo tiempo, el 14% del empleo global provendrá de ocupaciones enteramente nuevas. La distinción clave será entre automatización -tareas ejecutadas sin intervención humana- y aumentación, donde la IA actúa como copiloto que amplifica capacidades.
El economista Philippe Aghion, francés Premio Nobel de Economía en 2025, sostiene que la IA redistribuye las ventajas comparativas entre habilidades: las tareas rutinarias y codificables son las más vulnerables; las que requieren juicio contextual y creatividad son las más fortalecidas. Afirma que, si el foco se coloca en empoderar a las personas y no en reemplazar empleos, la era de la IA puede llegar a ser una era de crecimiento económico con efectos inclusivos. Ello dependerá de su gobernanza global, de políticas públicas de cada país y de los procesos que se implementen en cada organización.
La nueva alfabetización y las capacidades críticas del futuro
El mayor desafío para la transformación no es tecnológico: es humano. El estudio del Foro Económico Mundial identifica la brecha de habilidades como el principal reto para el 63% de los empleadores a nivel mundial, presente en 52 de los 55 países analizados. El segundo obstáculo es la resistencia cultural al cambio, citada por el 46%.
Las habilidades de más rápido crecimiento en importancia serán IA y grandes datos, redes y ciberseguridad, alfabetización tecnológica, pensamiento analítico, pensamiento creativo, resiliencia y adaptabilidad, curiosidad y aprendizaje de largo plazo, liderazgo e influencia social, manejo del talento. Las tres primeras reflejan la demanda de competencias técnicas específicas; las siguientes apuntan a capacidades cognitivas que la IA no puede replicar fácilmente. Las organizaciones inteligentes entienden que necesitan ambas dimensiones, no solo una de ellas.

La IA generativa reduce algunas barreras de entrada al uso de tecnología dado que los sistemas de lenguaje natural son más accesibles que el código, pero eleva las exigencias sobre quienes deben interpretar, validar y dirigir sus resultados. El prompt engineering -la capacidad de dar instrucciones a las Inteligencias Artificiales, la comprensión de sesgos algorítmicos y la capacidad de diseñar flujos de trabajo humano-máquina se convierten en habilidades profesionales de alto valor.
Es necesario llevar adelante un desarrollo sostenible de la fuerza laboral que comienza con una evaluación honesta de las capacidades actuales frente a los requerimientos futuros. A esa evaluación debe seguir la implementación de programas de mejora y rediseño de capacidades con trayectorias claras, movilidad interna real y métricas de adquisición de habilidades que vayan más allá de la cantidad de horas de capacitación completadas.
Las organizaciones de alto desempeño no se limitan a ofrecer entrenamientos: integran la IA en los procesos cotidianos, generan interfaces que facilitan su uso y establecen cursos de capacitación diferenciados por rol. Más importante aún, promueven una cultura de confianza en la tecnología.
La industria manufacturera: laboratorio de la transformación
Un estudio colaborativo entre el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y McKinsey (2023) registró que los líderes en el uso de inteligencia de máquinas en manufactura muestran resultados entre dos y tres veces superiores en los principales indicadores operativos respecto al resto de las empresas.
El dato que más interpela al mundo industrial es que las aplicaciones y sistemas de IA se volvieron considerablemente más eficientes y económicos: lo que antes requería modelos gigantes hoy puede resolverse con modelos pequeños y accesibles. Esto tiene una implicancia directa para la manufactura, la barrera de entrada tecnológica bajó significativamente, lo que convierte la brecha de talento y cultura y no tanto de la de infraestructura en un mayor obstáculo.
Se identifican tres arquetipos de implementación. Los “tomadores”, que utilizan soluciones disponibles públicamente sin modificación: es el nivel más accesible y extendido; los “modeladores”, que personalizan esas herramientas con datos y procesos propios, construyendo ventajas competitivas sostenibles y los “constructores”, que desarrollan sus propios modelos fundacionales. Son minoría, pero concentran el mayor valor estratégico. El salto entre niveles implica costos e inversión y transformaciones organizacionales, culturales y de talento que muchas empresas subestiman.
Liderazgo con visión tecnológica y humanística
Las organizaciones de alto desempeño no se limitan a ofrecer entrenamientos, sino que integran la IA en los procesos cotidianos, generan interfaces que facilitan su uso y promueven una cultura de confianza en la tecnología. El estudio Informe del Índice de IA de la Universidad de Stanford ubica a la IA como una de las fuerzas más transformadoras del siglo XXI y subraya que los efectos distributivos de la IA -quién gana y quién pierde- dependen de decisiones de diseño y gobernanza de los procesos que la adoptan y utilizan más que de la tecnología en sí misma. Esa es la responsabilidad que recae sobre los líderes organizacionales de hoy.
El liderazgo efectivo en esta era exige una nueva combinación: comprensión tecnológica suficiente para tomar decisiones estratégicas sobre IA y habilidades humanas para gestionar la incertidumbre, construir confianza y mantener la cohesión organizacional en períodos de transformación acelerada.

Argentina frente al espejo
El informe del Ministerio de Trabajo junto al Centro Interinstitucional en Ciencia de Datos (UBA-MINCyT, 2023) confirma que el 54% del empleo formal privado -unos 3,01 millones de puestos- se encuentra en ocupaciones donde al menos la mitad de las tareas podrían ser ejecutadas por IA generativa. El sector manufacturero figura entre los más expuestos. El informe advierte que si el proceso será inclusivo o excluyente dependerá, en parte, de la fortaleza de las políticas públicas que lo acompañen.
La brecha entre exposición potencial y adopción real es, sin embargo, pronunciada. Según el Randstad Employer Brand Research 2024, sólo el 13% de los trabajadores argentinos utiliza IA de forma regular, frente al 29% del promedio global. A nivel empresarial, apenas tres de cada diez compañías incorporan alguna herramienta de IA a su producción, según relevamiento de la consultora Bumeran (2024).
El capítulo argentino del Reporte del Futuro del Trabajo 2025, elaborado por los economistas Eduardo Fracchia y Martín Calveira del IAE Business School sobre 56 empresas locales, revela que el 65% ve a las brechas de habilidades como el principal obstáculo para la transformación, seguido por regulaciones desactualizadas (57%) y resistencia cultural al cambio (48%). El informe Reinventarse con Inteligencia. Cómo construir la fábrica 2030, elaborado por la UIA y Accenture, la productividad laboral argentina no creció en los últimos 15 años y bien aprovechada la IA podría revertir parte de ese deterioro aportando hasta 1,2 puntos porcentuales de crecimiento anual. La brecha, sin embargo, no es de intención sino de profundidad y alcance. Ocho de cada diez empresas industriales planean invertir en IA en los próximos cinco años, pero hoy solo una de cada tres lo hace y en aplicaciones básicas.
Argentina enfrenta además una tensión estructural que amplifica los riesgos de la transición: una informalidad laboral que ronda el 42% de la fuerza de trabajo convive con un empleo formal directamente expuesto a la automatización inteligente. Una adopción acrítica de IA podría desplazar puestos formales sin generar nuevas oportunidades equivalentes, engrosando la informalidad en lugar de reducirla. La IA, en ese marco, no es un problema separado de la macroeconomía argentina: es uno de sus vectores más sensibles.
IA, organizaciones y personas
La IA no va a esperar a que las organizaciones estén listas. Las empresas que entiendan esto como una oportunidad de rediseño y no como una amenaza a neutralizar serán las que lideren la próxima etapa. El camino requiere inversión genuina en talento, rediseño de procesos y gobernanza responsable. Las organizaciones que actúen de forma estratégica lo harán con responsabilidad colocando a las personas en el centro de la transformación. Las que no lo hagan corren el riesgo de quedar rezagadas en una brecha que se amplía cada día.
Uno nodo fundamental está en la intersección entre capacidad tecnológica y preparación institucional. Las herramientas ya existen, pero las estructuras organizacionales, las habilidades de la fuerza laboral, los marcos regulatorios y la confianza para realizarlo todavía están siendo construidos. La brecha entre lo que la IA puede hacer y lo que la sociedad está preparada para aceptar es el desafío central de esta era.








