Allá por 1941, Enrique Cadícamo plasmó una de las obras musicales que a los tangueros y quienes hemos gastado suelas y tacos transitando por los barrios, clubes y milongas nos quedó pegados en la piel y para siempre. Me estoy refiriendo al tango "Tres Esquinas", exquisitamente adornado con la música de Angel D'Agostino y Alfredo Attadia.
Cadícamo fiel a su estilo de retratista poético pintaba como muy pocos la época que le tocó vivir que por fortuna fue larga -falleció en 1999 a la edad de 99 años- "clavó" con esta pieza musical, su mejor obra.
"Tres esquinas" no es solo un tango de manera literal es una esquina que respira, es el barrio hecho música, memoria, faroles, baldosas gastadas y para quienes caminamos la vida entre veredas, es un golpe directo al pecho.
Es identidad, es sentido de pertenencia, de amistades eternas aunque algunos se hayan adelantado en el tiempo y de un pasado que no se negocia. Este tango rinde homenaje a un origen humilde pero con una enorme dignidad de haber pertenecido a ese segmento sin vergüenza alguna pero con un enorme orgullo de haber "salido de ahí".
Es el homenaje a algo que se fue. Claro que se fue… pero nunca del todo. Por eso mismo, tengo unas ganas de decirle a usted, amigo lector "pero escuchá este tango y después me la contas". Lleva implícita la afirmación de pertenencia absoluta. No describe el barrio desde afuera porque es parte de uno mismo: está en la sangre, en la memoria y en el sentir.
No es un pieza musical del "dos por cuatro" que idealiza la riqueza y el modernismo; al contrario resalta lo sencillo, lo humano, lo comunitario. Presenta al suburbio con códigos propios donde se aprende a amar, a pelear llegado el caso y a ser uno mismo y a ser un número dentro de la identidad barrial donde el orgullo pesa más, que cualquier lujo:
"Yo soy del barrio de Tres Esquinas…/ viejo baluarte del arrabal"
¡Mirá si no hay autenticidad! No dice "vengo", dice "soy". La identidad lo define. Y compara al "baluarte" como fortaleza moral y el arrabal, que para nada denota marginalidad porque es su territorio con historia y con carácter. El barrio es su orgullo, es su raíz:
"Donde florecen como glicinas/ las lindas pibas de delantal"
Una genial comparación poética: las chicas del barrio no son damas aristocráticas, son "pibas" sencillas similares a flores ataviadas con delantal. El lujo y la ternura van de la mano en este tramo del tango. Nace la pureza y frescura del barrio, nace la juventud que se transformaran en recuerdos imborrables:
"Donde en la noche tibia y serena/ su antiguo aroma vuelca el malvón"
Infaltable y tradicional en un barrio: el malvón que evoca patios, casas bajas, humildes con reunión familiar. El barrio entra por los sentidos y la percepción del aroma deja plantada la tradición de ciertas cosas que no cambian con el tiempo:
"Y bajo el cielo de luna llena/ duermen las chatas del corralón"
Se va completando la postal. Aparece la imagen bien de época con carros detenidos, descansando después del trabajo. Se siente la paz y se percibe la vida simple; todo bajo la atenta vigilancia de la luna, que se compadece con el barrio trabajador. Es el suburbio pero refleja un escenario de dignidad obrera:
"Soy de ese barrio de humilde rango/ yo soy el tango sentimental// Soy de ese barrio que toma mates/ bajo la sombra que da el parral"
Aparece la música que se acopla y se funde en el barrio de bajo rango que para nada avergüenza. También lo hace la costumbre y la calma, y el mate... el símbolo de la conversación familiar que estira lo más que puede el tiempo:
"En sus ochavas compadré de mozo/ tiré la daga por un loco amor// Quemé en los ojos de una maleva/ la ardiente ceba de mi pasión"
Y… el barrio también se "pica", porque aparece la juventud brava, compadreando con su valentía como forma de hacerse respetar. Comienza a vivirse con intensidad a punta de daga y cuchillo en defensa con pasión de un amor que apareció.
Cuando el sentimiento se desborda aparecen los conocimientos aprendidos en la escuela del coraje, necesario por cierto para plantarse en un territorio de amores intensos y salvajes:
"Nada hay más lindo ni mas compadre/ que mi suburbio murmurador"
Es un barrio, es un organismo vivo. La vida social a full como son a full los chismes, risas, voces e historias certeras o inventadas por las comúnmente denominadas "metiches", las que cuentan y saben la vida de todos, menos la propia. Pero así es el folclore barrial y callejero:
"Con los chimentos de las comadres/ y los piropos del picaflor"
No quedan marginados en este tango los detalles cotidianos que dan calor y color a un barrio que no es anónimo, es de todos. Todo se mueve en un escenario social permanente:
"Vieja barriada que fue estandarte/ de mis arrojos de juventud/ yo soy del barrio que vive aparte/ en este siglo de Neo-Lux"
El barrio templo el carácter de los habitantes que demostraron sus valentías juveniles. Nadie duda de la necesidad de un mundo moderno que ofrece un progreso frío, nuevas luces (Neo-Lux: carteles luminosos de neón) y el desarrollo de una vida por demás de acelerada y vaya paradoja contrastante: modernidad sin alma vs. suburbio con identidad.
"Tres Esquinas" es un tango con nostalgia, pero para nada llorona y es orgullo barrial con memoria viva. Nos dice que el progreso, naturalmente, traerá luces, pero no puede competir con el valor humano, la identidad y los valores que nacen en la vereda con cordón cuneta.
Es un gran himno a la sencillez con la dignidad, a la comunidad sobre el individualismo, a la memoria sobre la moda y al origen sobre la apariencia y nos deja un mensaje enorme para cualquier época: "El barrio no es donde vivís… es donde aprendiste a sentir", el que nos permitió llenarnos de vida y tradición.
Las imágenes vividas y las referencias culturales quedan impregnadas para siempre en nuestro corazón donde se entrelazan las costumbres y las amistades de manera única y culpable también que afloren lagrimones que surcan las huellas de la cara que marcan el paso de los años.
Mi Barrio (de Roberto Blanco)
Cada vez que busco revivir mi pasado, mi infancia, vuelvo al barrio, cada cuadra, cada caminata, el tiempo se detiene, se para automáticamente, retrocede, y me transporta a esa etapa intima mía que atesoro. Mi barrio es sinónimo de infancia, de amor, de anécdotas, y melancolías.
Camino cada cuadra, ya no están los mismos vecinos, y los nuevos vecinos… simplemente me observan, me cuesta reconocer las casas, los cambios, los gustos, y sus nuevos dueños, cambiaron esas entradas de rejas con pasillo y sus jardines y rosales.
En mi recorrida, llego a mi plaza cambiada, y busco aquel banco de mi juventud donde describí el amor y mi primer beso, donde mi madre se sentaba a esperar que dieran tantas vueltas con mi bicicleta hasta el cansancio. Las salidas de los sábados al mercado, era el paseo esperado por toda la semana. Mi barrio, es un mundo dentro de otro mundo, especial, silencioso, como un bosque dormido.
Mi barrio huele a recuerdo, infancia, amor, familia, amigos; me hace sentir vivo, me ayuda a no olvidar, aferrarme a tanta felicidad, porque el tiempo vuelve avanzar y me trae de nuevo a mi banco. Acepto el guiño de mi barrio, sabiendo que me espera cada vez que deseo volver, sabiendo que ahí estará para mí.
Y así, empiezo a recorrer el camino que lleva a despedirme, porque no puedo dejar deslizar esas lágrimas. Solo tengo que volver a ese mismo banco y el tiempo volverá a detenerse… para volver a recordar todo, siempre estará esperándome.