Tras la relectura de "Hacia una poética de lo inconsciente", de Norberto Velazquez (1), advertí las mismas virtudes de este libro de ensayos que había notado tiempo atrás cuando tuve la grata experiencia de redactar su prólogo. A partir de la concepción de la figura del poeta como aquel que se adentra en lo desconocido, nuestro autor propone un cruce entre poesía, filosofía y psicoanálisis.
Pensar la palabra poética en las zonas de contacto entre la filosofía y el psicoanálisis
Norberto Velazquez explora la conexión entre poesía y psicoanálisis, revelando cómo el poeta desciende a lo desconocido para traer claridad a lo inconsciente.

Velazquez analiza voces poéticas locales -como Roberto Juarroz, Juan L. Ortiz, Arnaldo Calveyra, entre otros- siguiendo la concepción heideggeriana de la figura del poeta, que este filósofo elaborara a partir de ciertas voces en lengua alemana.
El poeta, como Orfeo, es quien desciende al inframundo y emprende su regreso hacia la luz. Baja hasta las profundidades de la noche y trae consigo claridad, una "nueva claridad", como dijera, en una de sus correspondencias más famosas, Rainer Maria Rilke (2).
Pero, ¿qué implica realmente este descenso? Velazquez propone, que más allá de la "trillada versión" del romanticismo, "el poeta no es sólo un ser tocado por la gracia de los dioses, sino que su obra es el resultado de un oficio, de un trabajo incesante sobre el papel y sobre los modos de configurar las palabras" (2026:110).
Y ese trabajo, que obliga al poeta al descenso, es, precisamente, una introspección. "El poeta tiene que hurgar dentro de sí para encontrar las palabras que representen su voz propia" (Ídem).
El poeta emprende un viaje hacia lo más recóndito de sí mismo, para regresar después con esa nueva claridad que señala Rilke. Debe llegar al fondo, que es en donde está el tesoro, lo más íntimo, aunque primero aparente ser lo desconocido.
En el capítulo que inaugura el libro se traen a escena unos versos de Roberto Juarroz que rezan: "El fondo de las cosas no es la muerte o la vida./ El fondo es otra cosa/ que alguna vez sale a la orilla" (2016:8) (3).
De ese modo, Velazquez se pregunta qué es el fondo y escribe: "El fondo de las cosas es lo inconsciente, eso que no se percibe de forma directa, pero existe. El fondo es Otra cosa; escenario singular donde la realidad y la ficción se amalgaman" (2026:41). Advierte, entonces, que el fondo es lo inconsciente.
En este primer capítulo notamos una filiación evidente con el psicoanálisis, dado que se analiza también el vínculo que el propio Sigmund Freud tuviera con la literatura. Se destaca que el romanticismo alemán constituye un antecedente claro del psicoanálisis.
Por ejemplo, la noche como símbolo de esta corriente poética es la que "prepararía el terreno" para que Freud elaborara lo inconsciente como concepto. Además, nuestro autor se detiene a pensar más adelante qué representan el paisaje local o el espejo como símbolos en la poética de Juan L. Ortiz, cuyo análisis desarrolla en todo un capítulo.
Afirma al respecto que "Ortiz habla de las cosas (del río, los árboles), no para reproducirlas en su inmediatez, sino para comprender que hay un 'más allá' del fenómeno que tiene que ver con Otra cosa" (Ibidem: 73-74). La palabra poética de Juanele "no busca dar sentido, sino más bien fisurar el mismo, a fin de cuestionar a ese Otro, donde la verdad vive" (Ibidem: 74).
El espejo, en particular, da cuenta de que la experiencia sensible es "el revés" de otra cosa, que no es evidente, que está velada. Como si la realidad tuviese otro costado que no es accesible, sino a través de la palabra poética, que por lo menos se aproxima a ese "otro lado de lo real".
De este modo, la poesía suspende los sentidos prefijados para dar paso a otros. La palabra poética es la única capaz de inaugurar nuevos sentidos, la única capaz de "dejar-ser" a las cosas, que en el orden de la representación permanecen como objetos útiles, netamente instrumentalizados.
La palabra poética es, a la vez, la única capaz de "desocultar", de mostrar la verdad, que para Martin Heidegger está oculta. La ya conocida alegoría platónica muestra precisamente de qué modo el hombre realiza un movimiento en el que se desplaza desde la caverna para llegar a la luz.
En esta línea, Velazquez explica que Heidegger nos incita, de alguna manera, a realizar el arduo trabajo de salir de la caverna. Y añade, que para el filósofo alemán, "las cadenas del hombre moderno tienen la forma de la técnica, quedando de lado el augurio romántico de la pregunta en sí. La pregunta por el Ser puede, y debe, volver a des-ocultar su verdad" (Ibidem: 46).
Este libro promueve revisitar el movimiento que hemos señalado como propio del poeta, como aquel que desciende y después ve la luz.
Velazquez nos propone un recorrido que se inscribe en lo más hondo de nuestras raíces, porque busca en voces locales lo que algún día Heidegger leyera en poetas de lengua alemana. El lector o lectora que se aventure en estas páginas tendrá una experiencia de doble alcance:
Por un lado, encontrará que la pluma de Velazquez es la de un profesor, que con avidez, analiza y explica los puntos de contacto entre la poesía, la filosofía y el psicoanálisis y por otro, disfrutará de que su escritura no se agota en un costado académico, sino que nos invita a una lectura placentera, de la mano del tono ensayístico desde el que enuncia su voz autoral.
La autora es profesora de Letras (UNL).
Referencias
(1) Velazquez, N. (2026). "Hacia una poética de lo inconsciente". Buenos Aires: Ed. Cascada de Letras.
(2) Rilke, R.M. (1929). "Cartas a un joven poeta". Trad. directa del alemán por Di Iorio, L. y Thiele, G. Buenos Aires: Ediciones Siglo Veinte.
(3) Juarroz, R. (2016). "Poesía vertical". Buenos Aires. Ed. Panamá.








