Todo libro habita espacios, pero también un tiempo. "Fugitivo" (Barnacle, ciudad de Buenos Aires, 2026), tiene los suyos. Me gustaría comenzar esta breve nota mencionando algunas cuestiones preliminares en torno a su temporalidad. El origen de su escritura debe situarse en la ciudad de Santa Fe. Empieza, como cualquier otro texto, en el instante en que sospecho que he encontrado un tono.
Simplemente estar aquí
El autor reflexiona sobre la escritura de "Fugitivo", un proceso de más de una década que encuentra su inspiración en la poesía de Hugo Padeletti y el paso del tiempo.

Creo absolutamente en la sentencia de Ricardo Piglia cuando resalta que un buen libro es aquel que halla, en medio de las corrientes de las palabras, un tono. Eso, es lo que recuerdo ahora. Es lo que pensé, por cierto, cuando solo había escrito un par de poemas. Lo otro que flotaba en mi cabeza es que nada estaba concluido. Mucho tiempo después pude darme una explicación al respecto.
Fue el día en que tuve el placer de ver y escuchar una entrevista realizada al grandísimo poeta platense Horacio Castillo. Cuando le preguntaron por qué sus volúmenes no suman más de quince o veinte poemas, su respuesta resultó tan corta como rápida: es porque lo que estaba escribiendo en un momento se corta y tengo que empezar con otro proyecto.
Lo que yo sabía, porque estaba en otra etapa, es que, por el contrario de lo que contaba el poeta platense con relación a la terminación de sus bellos textos, yo tenía en mi mesa de trabajo solo algunos poemas iniciales, pero no había cerrado nada.
Mi libro no se cortó, digamos. Por eso sus páginas siguieron viaje, de Santa Fe a Buenos Aires y de allí recién pudo encontrar un punto de cierre en la ciudad de Mar del Plata.
El primer borrador puedo situarlo entonces en los años iniciales de la primera década del siglo, y su forma definitiva en el año 2022. Lo que sigue es el epílogo que escribí para el volumen que acabo de publicar y que explica los fundamentos de algunas escenas de escritura iniciales:
"Este libro rodea y atraviesa la figura de un poeta, Hugo Padeletti, un territorio, la ciudad de Santa Fe, y un tema, la fugacidad. Lo comencé y lo abandoné muchas veces. Creo no mentirme si digo que esta experiencia poética tiene más de diez años.
(...) El tono estaba flotando en algunas líneas. Por alguna razón que, sin duda se me escapa, no podía lograr continuar la tarea iniciada. Ese tono tiene que ver con la poesía del poeta rosarino, a quien conocí en la ciudad de Santa Fe, en los últimos años de 1980, en el marco del taller literario que coordinaba el poeta y editor Edgardo Russo".
No soy un filósofo ni un hombre religioso. Lo que viene a continuación tiene más que ver con mis propias ideas, entre las que incluyo las vinculadas con ciertas cosas que justamente no sé, pero sí intento, aunque fracase, nombrarlas. Recuerdo varios momentos con Padeletti. El de escucharlo recitar, el de estar en una reunión del grupo del taller y los de algunas caminatas por la ciudad.
De este último cuadro, voy a detenerme especialmente en uno. Lo tengo muy presente todavía. Caminamos con Padeletti para llegar al edificio de la extensión universitaria. Espacio donde funcionaba el taller.
Su presencia era la de un maestro muy humano, si esto realmente existe. Quiero decir, dudaba de su poesía, decía que Russo estaba muy seguro de editarlo, pero él aún no estaba realmente convencido si lo que hacía era realmente poesía.
"¿Ustedes me leyeron? ¿Es poesía lo que hago?" Preguntaba, una y otra vez, con un tono de cierta angustia. Todo esto, digamos, nos mantenía pensativos, mientras caminamos medios apretados por una vereda angosta, junto a unos autos que pasaban a nuestro costado, en medio de personas que estaban hablando o pensando en esas cosas que tienen esa extraña forma de parecer siempre tan serias en el mundo.
Vuelvo a Padeletti. La humildad en lo que decía, resultaba increíble porque nos interpelaba sobre lo que habíamos leído, poemas que simplemente nos parecían maravillosos.
Russo, unas semanas antes de su llegada, nos había leído sus poemas, nos hizo entender en qué atmosfera se movían, nos señalaba una y otra vez la presencia de un tono. Edgardo, lo digo directamente, era un maestro recitando. Trasmitía mucha emoción. Padeletti o Russo, eran ese tipo de poeta que humedece los ojos de aspirantes a poetas.

Las dudas que nos expresó aquella vez Padeletti, se relacionan, estoy cada vez más convencido, con lo que escribía. Lo incierto, lo que se vive en el ahora, donde se revela de un modo primario y sencillo lo esencial. Nada es seguro, ni siquiera aquello que algunos afirman saber qué es y que, incluso, puede ser algo sencillamente hermoso.
De esta manera, la poesía, y no solo ella, ponen en entredicho ciertas certezas. Todo parece algo seguro, muchas cuestiones de la vida cotidiana están rigurosamente regladas. Se nos pide todo el tiempo que planifiquemos nuestra vida.
Sin embargo, el día que se levanta es tan incierto como el que vivimos el día anterior. El instante, se abre como otro mundo dentro del mundo. Y como un tiempo con sus propias particularidades, se instala al aire libre un momento de incertidumbre.
En este orden de ideas y de espíritu, escribí: "Lo inseguro, gobierna/ simplemente el momento,/ juega a ser un instante/que anochece,/ y parándose, en otro punto/ luminoso,/ vuelve/ a gobernar/ lo que no gobierna".
El instante, ese que pasó, el que estamos viviendo y el que vendrá. Tiene muchos planos. Y los tiene inserto en un mundo dominado por la racionalidad. Donde se imponen los horarios, las tareas múltiples, los plazos, pero también las medidas de los espacios. La comparación resulta en un punto decepcionante.
Por este motivo, resulta del todo pertinente pensar lo obvio: "El cielo no piensa/ en contornos". O bien, que "intocable es la fuga/ de un parpadeo". El instante, aquello que siempre se fuga, permite abrirse a la sensación del ahora, como un despojo, donde el ser humano se vuelve otro ser humano:
"Me despojo de pensamientos pasados y futuros/ y me hago sitio para celebrar estar presente/ en el instante que no es semilla ni raíz/ simplemente estar aquí, y desaparecer/ como lo hace simplemente el atardecer".










