Queridos amigos. ¿Cómo están? El domingo pasado celebramos el Bautismo del Señor, escuchando las palabras del Padre que decía: "Este es mi hijo muy amado, escúchenlo". A partir de allí Jesús deja a su pueblo de Nazaret y comienza la vida pública, anunciando el Reino de Dios.
¿Qué entendemos nosotros hoy por Reino de Dios? ¿Solo se refiere al futuro, ubicado más allá de este mundo, como piensan algunos? Ciertamente que no. Usando el lenguaje de las ciencias sociales, podemos decir que se trata de un mundo justo, fraterno, que hay que construir ya en estas condiciones de vida.
A lo largo de la historia, muchos cristianos trataron de seguir a Jesús, siendo la luz de Cristo en este mundo y -a la vez- su presencia significativa. Uno de ellos fue el presbítero San Arnoldo Janssen, fundador de la Congregación del Verbo Divino (SDV, por su nombre en latín: Societas Verbi Divini).
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"Este es mi Hijo amado, escúchenlo"Eligió la vida sacerdotal, pero en su corazón una voz le decía permanentemente: "Arnoldo, es demasiado poco para que seas solo un buen sacerdote, un buen profesor de matemática. Yo te envío a abrir una Casa Misionera, para la formación de futuros misioneros".
El momento no era el más apropiado. En Alemania regía la Kulturkampf, es decir, la persecución de la Iglesia. No obstante ello, el padre Arnoldo no claudicó, y el 8 de septiembre de 1875 decidió fundar la congregación SVD, la misma que hoy trabaja en ochenta y dos países del mundo y sigue permanentemente extendiendo su campo de misión.
En este contexto cuánta verdad tienen las palabras del padre Arnoldo al decir: "No hay que ponerse temeroso en las cosas que son necesarias. Si son necesarias, quiere decir que Dios las desea; y si Él las desea, ayuda a que se realicen siempre que se pongan por obra confiando en Él".
En el tiempo actual Dios quiere seguir escribiendo una nueva historia con nosotros. Por eso nos dice a cada uno: "Querido amigo, es demasiado poco para que seas un cristiano común, un practicante, un cumplidor, un buen profesional, etc. Hoy, yo te necesito para que seas algo más: una luz en el mundo, porque muchas realidades deben ser cambiadas".
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"Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron"
Particularmente en Argentina, nuestra patria, muchas cosas hay que destruir y rehacer de nuevo, como nos dice el profeta Isaías, para que renazca una patria más justa y fraterna. Este llamado de Dios se dirige a todos, pero hoy, de un modo especial, quiero dirigirme a la familia que debe ser el lugar privilegiado de formación y evangelización de los niños, adolescentes y jóvenes.
Por eso, a continuación, quisiera compartirles una nota publicada el día 15 de enero de 2020 en El Colono del Oeste, bajo el título "Carta abierta a la comunidad de Frank". En ella leemos:
"Desde hace tiempo están sucediendo una serie de hechos en los cuales los adolescentes están inmersos, acciones que hace un tiempo veíamos solo por la TV y ahora nos toca verlo de cerca. Aparecen hechos de vandalismo poniendo en riesgo la vida de los adolescentes (...)
(...) Aquellos que deseen fumarse un porro lo hagan en cualquier lugar, a la vista de los que quieran ver y en cualquier momento del día. Estamos todos esperando que las autoridades, sean municipales o escolares, resuelvan las incapacidades o indiferencia que tenemos como progenitores".
¿Es necesario dejar estar hasta altas horas de la noche a niños de 11 años deambulando por las calles, muchas veces con bastaste dinero y con la botella de cerveza en la mano? A mí, más me gusta ver que tengan en la mano un libro y no una lata de cerveza.
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“El nacimiento de Jesús era así”Es oportuno entonces, incluso necesario, preguntarnos: ¿Familia cristiana dónde estás? ¿Qué te está pasando? ¿Familia cristiana a dónde vas? Hoy cuando todo se vuelve relativo, es urgente potenciar la formación ética y moral de nuestros niños, adolescentes y jóvenes, para que no nos pase lo que cuenta la siguiente historia:
Un buen día, a Al-Khawarizmi (Al Juarismi, años 780 a 850), el gran matemático árabe de origen persa, le preguntaron sobre el valor del ser humano y él respondió:
"Si tiene ética, entonces su valor es uno. Si además es inteligente agréguenle un cero y su valor será 10. Si también es rico, súmenle otro cero y su valor será 100. Si por sobre todo eso es, además, una bella persona, agréguele otro cero y su valor será 1.000. Pero si pierde el uno que corresponde a la ética, perderá todo su valor, pues solo quedarán los ceros".
Mis queridos amigos: sin valores éticos, sin principios sólidos... ¿qué queda? Hoy pidamos a Dios que nos ayude a no hipotecar el futuro de nuestra sociedad. Que sepamos optar por lo que sirve, por lo más valioso y significativo, orientado a la construcción del Reino de Dios.