Maximiliano Manduca debuta en la Primera Nacional y lleva el arbitraje santafesino a lo más alto
El juez surgido de la Liga Santafesina tendrá este fin de semana su estreno en la segunda categoría del fútbol argentino. Su historia está marcada por el esfuerzo, la formación constante y un profundo amor por el deporte.
Maximiliano Manduca hace su debut en la Primera Nacional. Foto: gentileza.
Desde hace un tiempo, el arbitraje santafesino cuenta con nombres que trascienden las fronteras de la región. Entre ellos aparece con fuerza el de Maximiliano Manduca, un árbitro que no solo se destaca por su rendimiento dentro del campo de juego, sino también por su historia personal atravesada por el esfuerzo, la perseverancia y una vocación inquebrantable por el fútbol.
Este fin de semana dará un paso trascendental en su carrera: debutará en la Primera Nacional, la segunda categoría del fútbol argentino, cuando le toque impartir justicia en el partido entre All Boys y Mitre de Santiago del Estero.
El crecimiento del referato de la Liga Santafesina de Fútbol encuentra en Manduca un símbolo claro de desarrollo y proyección. Durante años, sus fines de semana estuvieron divididos entre los partidos locales de los sábados y las designaciones en distintos puntos del país los domingos.
Ese recorrido constante, sumando experiencia en categorías del ascenso del fútbol argentino, fue construyendo el camino que hoy lo encuentra frente a uno de los desafíos más importantes de su carrera.
Nacido en el popular barrio Roma de la ciudad de Santa Fe, Manduca se transformó en un verdadero embajador del arbitraje santafesino. Con miles de kilómetros recorridos y partidos dirigidos en distintos escenarios, su historia demuestra que la combinación entre vocación, disciplina y preparación puede abrir puertas en el ámbito profesional.
Maxi Manduca en una de sus visitas a El Litoral. Foto: Flavio Raina.
Del sueño de jugador al descubrimiento del arbitraje
Su vínculo con el fútbol comenzó como el de tantos chicos: jugando. “Mi carrera comenzó como futbolista. Jugué en El Quillá, después pasé por Colón y también estuve en Gimnasia de Ciudadela. El fútbol siempre fue parte de mi vida, pero en un determinado momento me sentí cansado.
Fue ahí cuando mi papá me hizo una sugerencia que terminaría cambiando mi vida: me dijo que probara con el arbitraje”, recuerda Manduca sobre aquel momento que marcó un antes y un después.
Ese consejo paterno abrió un camino que ni él mismo imaginaba. Se acercó a la Liga Santafesina para averiguar cómo debía hacer para comenzar. La respuesta fue inmediata y determinante: ese mismo viernes comenzaban las clases. Se inscribió y empezó. Dos meses después ya estaba dirigiendo divisiones inferiores. Desde entonces, no se detuvo.
Su debut oficial como árbitro se produjo en 2016. En apenas dos años, ya dirigía partidos en el ascenso liguista. Su crecimiento sostenido, sumado a una formación sólida y un compromiso que llamó la atención de los instructores, lo llevaron a ser invitado a realizar el curso de Árbitro Nacional.
Superó cada instancia del proceso y, tras recibirse, firmó su primer contrato con la Asociación del Fútbol Argentino, un logro reservado para quienes sostienen altos estándares físicos, técnicos y mentales.
“Pasar al ámbito nacional te cambia la cabeza. Tenes que entrenar como un profesional, cuidar la alimentación, el descanso y la preparación física. Todo influye. Cuando llegas al profesionalismo tenes que tener todos los cuidados para rendir al máximo”, explicaba, dejando en claro el nivel de exigencia que implica su rol.
Debutará en la Primera Nacional arbitrando en el partido entre All Boys y Mitre de Santiago del Estero.
Sacrificio, preparación y una historia de vida que emociona
La preparación física ocupa un lugar central en su rutina diaria. Manduca no solo entrena para sostener el nivel que exige el arbitraje profesional, sino que además es preparador físico y trabaja en dos gimnasios.
Esa doble función lo obliga a organizar su tiempo al detalle, combinando trabajo, entrenamiento personal, estudio de reglamento y análisis de partidos.
“El tiempo es limitado, así que la clave está en la organización”, resumía, reflejando la mentalidad de quienes entienden que el crecimiento profesional es una construcción permanente.
Pero detrás del árbitro hay también una historia personal que lo marcó profundamente. “En mi familia somos mi mamá, mi papá, yo… y mi hermana, que lamentablemente falleció hace muy poco. Fue un golpe muy duro.
Pero siento que todo lo que estoy logrando también es por ella y para ella”, cuentaba tiempo atrás con emoción. Ese recuerdo se convirtió en un motor silencioso que lo impulsa a seguir creciendo.
A lo largo de su carrera, Manduca ha llevado el nombre de la Liga Santafesina a distintos escenarios del país, demostrando que el arbitraje local posee calidad, profesionalismo y proyección. Su figura se consolidó como un modelo para muchos jóvenes que hoy comienzan a transitar el camino del referato.
“Uno nunca deja de aprender. El fútbol es dinámico y nosotros tenemos que estar a la altura. Por eso sigo formándome, entrenando y soñando con llegar cada vez más alto”, aseguraba en una nota a El Litoral.
Desde la dirigencia de la Liga Santafesina también celebraron este paso. Gustavo Rossi, director del Colegio de Árbitros, junto a las autoridades de la Casa Madre encabezadas por Leandro Birollo, destacaron el gran presente del referato local, que en los últimos años logró consolidar varios árbitros con proyección nacional.
La designación de Manduca llega además en un contexto donde el Colegio de Árbitros continúa trabajando en la formación de nuevos valores, tanto varones como mujeres, apostando a una formación integral que combine lo técnico, lo físico y lo humano.
El debut en la Primera Nacional representa mucho más que un partido. Es el reflejo de años de sacrificio, de formación constante y de una pasión que nació en las canchas barriales y hoy se proyecta a nivel nacional.
Maximiliano Manduca encarna el espíritu del arbitraje santafesino: compromiso, humildad y vocación de servicio. Y todo indica que su historia todavía tiene muchas páginas importantes por escribir.