El fútbol femenino de Unión de Santa Fe escribió una de las páginas más significativas de su historia reciente.

En un paso trascendental para la institución y para el desarrollo del fútbol femenino, las futbolistas rojiblancas rubricaron sus primeros vínculos profesionales de cara a la nueva temporada en Primera División. Un hecho que marca un antes y un después y que proyecta nuevos sueños para las generaciones que vienen.

El fútbol femenino de Unión de Santa Fe escribió una de las páginas más significativas de su historia reciente.
Las jugadoras del plantel superior firmaron sus primeros contratos profesionales y dieron un paso firme hacia la consolidación de un proyecto que se viene gestando desde hace años, con trabajo silencioso, convicción y una profunda vocación de crecimiento.

El acto de la firma no fue simplemente una formalidad administrativa. Representó la concreción de un sueño colectivo, construido con compromiso, responsabilidad y pasión.
Detrás de cada rúbrica hay entrenamientos en doble turno, sacrificios personales, acompañamiento familiar y el respaldo institucional que permitió sostener el desarrollo de la disciplina dentro del club.
Este momento histórico no solo impacta puertas adentro. También marca un precedente en el ámbito local y regional, reafirmando el avance sostenido del fútbol femenino argentino, que en los últimos años logró mayor visibilidad, estructura y reconocimiento.

La profesionalización es un escalón fundamental para seguir elevando la competitividad y garantizar mejores condiciones para quienes defienden la camiseta dentro del campo de juego.
El camino hacia este logro no fue improvisado. Desde hace tiempo, la institución rojiblanca apostó a fortalecer su estructura deportiva, consolidar divisiones formativas y acompañar el crecimiento integral de sus futbolistas.
La firma de contratos es la consecuencia natural de un proceso planificado que tuvo como eje la igualdad de oportunidades y el reconocimiento al esfuerzo de las protagonistas.
Cada entrenamiento bajo el sol o la lluvia, cada viaje, cada partido disputado con entrega total fue construyendo este presente.
Las jugadoras no solo representan al club en la máxima categoría, sino que se transformaron en referentes para cientos de niñas que hoy se acercan a las canchas soñando con seguir sus pasos.

El mensaje es claro: el fútbol femenino llegó para quedarse y para seguir creciendo. La profesionalización fortalece la competencia interna, eleva los estándares y proyecta a la institución a un escenario cada vez más exigente y desafiante.
Hay imágenes que valen más que mil palabras. Las fotos de las futbolistas firmando sus contratos recorrieron las redes sociales y los pasillos del club, generando emoción y orgullo.
En cada firma hay un mensaje potente para las niñas que hoy miran desde las tribunas o entrenan en las divisiones inferiores: los sueños son posibles cuando se trabaja con constancia y determinación.
Ellas ya forman parte de la historia grande de Unión. No solo por lo que representan dentro del campo de juego, sino por el simbolismo de este paso institucional. Son pioneras de una etapa que promete consolidarse y abrir nuevas oportunidades.
La nueva temporada en Primera División las encontrará con mayor respaldo y con la responsabilidad de sostener el crecimiento deportivo. Pero también con la tranquilidad de saber que su esfuerzo es reconocido y valorado.
El profesionalismo no es un punto de llegada, sino el inicio de un camino aún más desafiante.
Con la camiseta rojiblanca en el pecho y la ilusión intacta, las jugadoras afrontarán el campeonato sabiendo que detrás de cada partido hay una historia que continúa escribiéndose.
Unión celebró un logro que trasciende lo deportivo. Celebró igualdad, trabajo y futuro. Y como bien lo expresaron desde el club, esto recién empieza.