La tarde del domingo tuvo todos los condimentos que explican por qué la Copa Federación de la provincia de Santa Fe se vive con intensidad en cada rincón del mapa futbolero.

Ciclón Racing y Náutico El Quillá sellaron su clasificación a Cuartos de Final en definiciones vibrantes desde el punto penal. Sportivo Guadalupe, en cambio, quedó en el camino pese a luchar hasta el último minuto. La Liga Santafesina mantiene dos representantes en carrera en la Copa Federación.

La tarde del domingo tuvo todos los condimentos que explican por qué la Copa Federación de la provincia de Santa Fe se vive con intensidad en cada rincón del mapa futbolero.
Dramática, cambiante, cargada de nervios y emociones. Así fue la jornada para los representantes de la Liga Santafesina de Fútbol, que disputaron los partidos de Vuelta de los Octavos de Final con suerte dispar: dos celebraron desde los doce pasos y uno debió despedirse con dignidad.

En el Campo de Deportes 8 de Enero, Ciclón Racing escribió una página de carácter. El equipo conducido por Carlos García había caído 1-3 en la Ida frente a Juventud Unida de Humboldt y estaba obligado a una remontada compleja.
No había margen para la especulación. Y el Lagunero respondió con determinación.
Con dos goles de Lautaro Obregón, el conjunto santafesino se impuso 2 a 0 en los noventa minutos y emparejó el global 3 a 3. Fue un partido trabajado, con tensión en cada pelota dividida y con el local asumiendo el protagonismo desde el arranque.
El premio llegó a fuerza de insistencia y convicción. La serie, entonces, se trasladó a la definición por penales.
Allí emergió la templanza. Ciclón Racing fue más efectivo y se impuso 3 a 1 en la tanda, desatando el festejo de su gente y asegurando su boleto a los Cuartos de Final del certamen organizado por la Federación Santafesina.
Una clasificación construida con carácter, remontando una serie adversa y demostrando personalidad en el momento decisivo.
Casi en simultáneo, en el estadio de Independiente de Santo Tomé, Náutico El Quillá también debió atravesar el sinuoso camino del sufrimiento.
El equipo de Martín Mazzoni cayó 2 a 1 ante Central San Javier, en un encuentro intenso y de alternativas cambiantes.

Bautista Croci marcó para el Tiburón, mientras que Renzo Grenat y Nazareno Zimmermann convirtieron para la visita. El resultado fue idéntico al de la Ida, aunque invertido, y el global quedó igualado. Otra vez, la historia se resolvió desde el punto penal.
En la definición, Náutico mostró sangre fría y eficacia: triunfo 5 a 4 en la serie y clasificación consumada. Fue un partido de detalles, donde cada error pudo haber sido determinante.
El Tiburón supo sostenerse en los momentos de mayor presión y respondió con precisión quirúrgica en los disparos decisivos. Así, selló su pase a la siguiente instancia y ratificó el interesante torneo que viene construyendo.
Distinta fue la suerte para Sportivo Guadalupe, que viajó a Arroyo Seco con la obligación de revertir el 0-1 sufrido en el primer encuentro.

El equipo dirigido por Adalberto Tobaldo empató 1 a 1 ante Unión de Arroyo Seco, pero el resultado no le permitió equilibrar el global y debió despedirse de la competencia.
Mauricio Kinkela anotó para el conjunto de la banda cruzada, mientras que Román De Souza marcó para el dueño de casa. Guadalupe buscó, empujó y sostuvo la ilusión hasta el final, pero no logró quebrar la resistencia rival.
La eliminación no opaca, sin embargo, el esfuerzo realizado a lo largo de la campaña.
El balance para la Liga Santafesina es positivo. Dos equipos siguen en carrera y lo hacen tras demostrar carácter en escenarios complejos.
Tanto El Quillá como Ciclón Racing han protagonizado partidos destacados en cada una de sus presentaciones, sosteniendo la competitividad y el espíritu que caracteriza al fútbol de la región.
La Copa Federación continúa su marcha y los Cuartos de Final ya asoman en el horizonte.
Allí estarán el Lagunero y el Tiburón, listos para volver a desafiar la lógica, para sostener el sueño y para seguir escribiendo su historia en un torneo que no concede tregua y que se define, muchas veces, en el delgado límite que separa la angustia de la gloria.