Carlos March fue uno de los directores ejecutivos de la organización Poder Ciudadano, sigue ligando a entidades que trabajan por transparentar los estados y los sistemas democráticos. Estuvo en Santa Fe y Paraná participando como expositor del IV congreso Anticorrupción organizado por la Asociación Civil Río Paraná y Entre Ríos sin Corrupción, encuentro que por primera vez se hizo en ambas capitales de provincias.
Carlos March: "El sistema educativo promueve la ignorancia cívica"
Para el ex director de Poder Ciudadano, es preocupante el avance de las grandes corporaciones tecnológicas sobre el sistema democrático. Cuestiona que el sistema educativo no fomente el espíritu democrático.

March compartió el panel con María Eugenia Talerico, Martín Dalessandro y Eloísa Quintero sobre el rol de la sociedad civil en la prevención, el control y la transparencia.

En un alto de las conferencias, El Litoral habló con March, con mucha experiencia en el seguimiento de los procesos electorales en América Latina desde fines del siglo pasado a la actualidad y la comparación con el momento actual.
- ¿Qué lectura estás haciendo sobre el sistema democrático en América Latina?.¿Se puede generalizar sobre el funcionamiento de los sistemas políticos en la región?
- Particularmente en América Latina, sobre todo en el cono sur, la franquicia global de disputa de poder que es la ultraderecha se ha impuesto claramente combinada con el mercado. El estado es autocracia, tiende hacia autocracia y el mercado, para resumirlo en una palabra, va tendiendo al tecnofeudalismo, a las grandes corporaciones de tecnológicas que entienden que el Estado lentifica los procesos de desarrollo, la democracia y consideran que el ser humano es un error del sistema.
Esta lógica de tecnofeudalismo, la vemos emerger ahora por la inteligencia artificial, pero es un modelo de orden global que se viene desarrollando desde hace 40 años con Silicon Valley. No es una cosa improvisada. La ultraderecha ya existía, pero era una expresión política colateral y local que con los años se va construyendo y se termina convirtiendo en una franquicia global de disputa de poder. Podrán ganar o perder, pero hoy disputan poder no solo en América Latina.
El espacio cívico y el estado de derecho, que en definitiva sostiene el sistema democrático, se empieza a ver reducido por el mercado. La concepción es que la democracia y el estado lentifican los procesos de desarrollo y la democracia convertida en autocracia, básicamente con una reducción del espacio cívico.
Pensemos en Argentina con el gobierno de (Javier) Milei. Cerraron la oficina de prensa de la Casa Rosada, la volvieron a abrir, pero con muchas restricciones. Hubo un proyecto de ley enviado a la Cámara de Diputados donde se intentó reglamentar el lobby cívico en la misma ley que el lobby privado. Lo que es transparencia en el lobby privado es antidemocrático en el lobby cívico. En el proyecto de reforma al Código Electoral para sacar las Paso también están eliminando el debate presidencial y están eliminando el sistema actual de control del financiamiento de la política. Acaban de sacar un decreto, anulando otro del 2020, en que establecía que el Ministerio de Justicia tenía que disponer de 15 días para que la sociedad pudiera objetar a los candidatos que proponía el Poder Ejecutivo para la Corte Suprema de Justicia, además con el cinismo de decir que eso lentificaba el proceso de selección, lo que es absurdo. Estuvieron 15 años sin nombrar jueces federales. Todo eso reduce el espacio cívico que en definitiva es lo que le permite a la democracia convertirse en un sistema participativo.
- ¿Colabora a esa reducción el desinterés de gran parte de la ciudadanía en participar del espacio cívico?
- Sí, pero ese es el otro problema. A nosotros nos forman como contadores, como médicos, nos forman para todo, menos para ser ciudadanos. Digamos claramente: el sistema educativo promueve la ignorancia cívica. La materia de educación cívica tendría que ser una materia transversal a todo el sistema. Los centros de estudiantes tendrían que ser la parte práctica de esa materia. No estamos formados como ciudadanos.
Por lo tanto, la mayoría de la gente se limita a participar cada dos o cuatro años en las elecciones, pero la democracia participativa tiene un montón de herramientas para que el ciudadano participe de manera periódica, controlando la gestión y proponiéndole a la gestión. Tenemos herramientas como presupuesto participativo, audiencias públicas, iniciativas populares, acceso a la información pública, contrataciones transparentes para poder monitorear los procesos licitatorios que son los grandes focos de corrupción.
Hay un desafío. Hay muchísimas organizaciones sociales en Argentina que activan muchísimas agendas distintas, pero eso es sumamente necesario, pero no es suficiente. Necesitamos activar la ciudadanía, debería activarse mucho más en la participación.

- Si uno mira y repasa lo ocurrido en el '83, '85, '87, cuando muchos votamos por primera vez, la participación llegaba al 90 /95% y en las últimas elecciones nos cuesta llegar al 70. Hay un número importante de gente que no se presenta a votar
- Sí, absolutamente. Semanas atrás, la Cámara Nacional Electoral pasó una estadística donde hicieron una evaluación del voto joven donde la participación es mucho menor todavía. Y la afiliación de los jóvenes a los partidos políticos es prácticamente nula. No hay un ejercicio activo de la formación cívica dentro de los partidos políticos. Una de las funciones de los partidos políticos, además de proponer candidatos en una elección, es la formación de ciudadanos involucrados en el sistema democrático. Hoy los partidos políticos no son un espacio que estén formando ciudadanía.
- Los partidos están prácticamente cerrados o cooptados por la dirigencia que los maneja. Han dejado de tener una participación seria más allá del travestismo de muchos dirigentes, ¿no?
Sí. Absolutamente.
- ¿Esto pasa en toda América Latina o en América del Sur o es solamente en Argentina?
- Pasa en América. Pasa básicamente en Latinoamérica, y en la mayoría de los países, porque el formato tradicional de partidos políticos está siendo reemplazado por alianzas electorales. En Argentina, la mayoría ya son alianzas electorales de distintos partidos. El gran problema que tenemos - a todos los que venimos diciendo- es que se le suma que esas alianzas electorales después no se terminan convirtiendo en coaliciones de gobierno. Fíjate el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner con Alberto Fernández.
- ¿Con Cobos primero?
- Con Cobos se fractura esa alianza, después Macri con la Alianza también se fractura. La falta de ejecución presupuestaria del gobierno de Macri fue altísima por eso. Ni que hablar de la fractura entre Fernández y Cristina. Ese mecanismo que le permitía a la democracia poder gestionar gobiernos a partir de los partidos políticos, también desaparece porque estas alianzas electorales después no se convierten en coaliciones de gobierno.
- Con el furor democrático comenzó la integración de Latinoamérica con Aladi, Mercosur y otras organizaciones que ahora parecen estar resquebrajados por las ideologías.
- Está todo muy extremizado y por otro lado, me parece que el concepto de geopolítica en América Latina se opera desde una lógica de "el otro me quiere invadir o yo lo quiero invadir". No hay una geopolítica colaborativa. No hay una articulación de los distintos países latinoamericanos para poder ir a las mesas de negociación global internacional desde la potencia de los recursos y no desde la carencia.
Ejemplo, el desarrollo tecnológico ya está capturando todo lo que tiene que ver con conocimiento y todo lo que tiene que ver con los fierros de la tecnología en Estados Unidos y China, básicamente que incluso se está disputando el nuevo orden mundial. Sin embargo, América Latina tiene el triángulo del litio: Chile, Argentina, Bolivia. Sin esa esa materia prima, el litio, no tenés el desarrollo tecnológico. Sin embargo no hay una articulación geopolítica entre Argentina, Chile y Bolivia aprovechando esta capacidad.

Nos falta una estrategia también geopolítica que nos articule para poder impulsar y sentar posición en el ámbito internacional desde la potencia y desde las potencialidades que tienen los países.
- ¿Sos pesimista sobre el sistema democrático?
- Creo que lo que nos organiza colectivamente necesita un rediseño. Hoy, más de 50 de las 100 principales economías son corporaciones internacionales, ya no son países. Entonces, una corporación internacional desestabiliza un estado nación. El sistema democrático claramente está en crisis.
El sistema educativo que en Argentina fue clave, porque la Ley 1420 fue lo que construyó la clase media argentina, está en crisis hoy. Ese modelo de país inclusivo lo construyó la Ley 1420 que fijó la educación pública gratuita universal. El sistema educativo está en crisis, está implosionado hoy.
El modelo familia también. Ese decir, ¿cuál es hoy una familia tipo? Antes la teníamos clarísima y la economía se basaba en eso. No digo que esté bien aquello, pero era el hombre con un rol bien definido, la mujer con rol definido y así funcionaba el esquema de la familia. Hoy, ¿qué es una familia tipo? Entonces, yo creo que hay que repensar todo lo que nos organiza colectivamente porque está superado por la realidad.

El entrevistado
Carlos March es un reconocido analista y promotor de la transparencia institucional y la participación ciudadana. Fue director ejecutivo de la Fundación Poder Ciudadano entre el año 2000 y 2005.
Actualmente se desempeña como director del área Futuros en la Fundación Avina. Ha integrado los consejos directivos de diversas ONGs, como la Fundación Compromiso, y es autor de libros sobre calidad democrática y liderazgo, entre ellos "Dignidad para todos" (2009), "La potencia del talento no mirado" (2020) y "Democracia bipolar" (2021).








