“Desde el lunes es una vorágine”, dice Andrea Travaini sobre el día en que se difundió oficialmente su nombre como secretaria de Mujeres, Género y Diversidad de la provincia, y sobre la cantidad de entrevistas que concedió desde entonces.

Del “teléfono verde” que fue novedad en Rosario hace décadas a los discursos de odio, los primeros signos de maltrato en los noviazgos y las masculinidades que construyen los jóvenes. Desafíos en un área con fuerte impacto social que incluye a Diversidades.

“Desde el lunes es una vorágine”, dice Andrea Travaini sobre el día en que se difundió oficialmente su nombre como secretaria de Mujeres, Género y Diversidad de la provincia, y sobre la cantidad de entrevistas que concedió desde entonces.
Todo indica que cuando el decreto de designación esté listo y asuma efectivamente en el cargo, el ritmo solo va a aumentar: en la primera quincena de enero hubo dos femicidios en distintos puntos del territorio santafesino, y los casos de violencia de género sacuden con frecuencia inusitada.
Ese es uno de los ejes que tendrá en el arranque de la gestión, que en los hechos ya empezó con reuniones de los equipos que componen la secretaría.

Para Travaini, esta fue una semana “de transición” entre el Programa Nueva Oportunidad que la tuvo como directora en los últimos dos años, hacia la secretaría que hasta el 25 de noviembre de 2025 estuvo a cargo de Alicia Tate.
- ¿Cómo te encontró la novedad de que ibas a estar a cargo de la Secretaría de Género?
- Venía de cerrar el año en el Nueva Oportunidad, que es un programa muy interesante, con la definición que tomó el gobernador (Maximiliano Pullaro) de darle potencia para que trabaje en la prevención social de las violencias en los jóvenes.
Me sorprendió que me hayan convocado y lo agradecí; una acepta los desafíos que se le proponen en la gestión pública y más cuando se trata de aquello en lo que se cree y en los que tuve alguna trayectoria.
Esa trayectoria comenzó con la atención del “teléfono verde” de la Municipalidad de Rosario, una línea gratuita que comenzó a funcionar hace décadas para recibir denuncias por violencia de género.
“Luego pasé por varios espacios; fui subsecretaria de Promoción Social en la gestión del entonces intendente Miguel Lifschitz. Luego, Monica Fein me puso al frente de la jerarquización del área de Género y armamos el Instituto Municipal de la Mujer que fue un enorme desafío”.
En la segunda gestión de Fein como intendenta, “volví al instituto pero ya con Lifschitz como gobernador, me convocaron para la Subsecretaría de Niñez”.
- A más de dos décadas de la atención del “teléfono verde” cuando la agenda de género comenzaba a instalarse de manera más amplia, ¿cómo analizás la situación actual?
- Cambió un montón y lo sentí hasta en distintas oleadas. En ese momento se empezaba a hablar del tema y costaba mucho que se entendiera. Se pensaba, y en algunos casos se lo sigue haciendo, que era una cuestión de las personas más pobres, cuando sabemos que la violencia atraviesa a todas las clases sociales.
Además hacíamos referencia a algunos tipos de violencia que eran los básicos: psicológica, física y económica. Después se empezó a hablar de violencia política, digital y otras manifestaciones.
Vino una época de auge en temas de género y este momento nos encuentra como si estuviéramos nadando a contracorriente.

A veces hay sensaciones encontradas porque sentimos que mucho de lo que pensamos que habíamos ganado no fue tan así; que hubo un retroceso muy grande; que hay discursos de odio muy fuertes y violencia hacia las mujeres y las diversidades, y que eso inhabilita el trabajo que se quiere hacer desde el Estado.
Eso se suele ver mucho en los más jóvenes. El Nueva Oportunidad me dio la posibilidad de conocer y estar en contacto con ellos para ver cómo se van construyendo algunas masculinidades y cómo algunos noviazgos son muy violentos y con desigualdades muy marcadas.
Entonces, cuando me preguntan qué desafío me propongo digo que es trabajar en la prevención aunque eso signifique volver 20 años atrás, a foja cero. Esa es una tarea que seguramente nos vamos a dar como Secretaría.
- A veces damos por resueltas cosas que, en realidad, se tienen que explicar desde el principio.
- Hay que reformularlas porque los tiempos cambiaron, pero nunca hay que dejar de hacer.
En el camino de todo este proceso pasaron cosas buenas. En aquel momento tuvimos en Rosario el primer dispositivo que atendía a varones y fue un “escándalo”. Pero hoy es impensado trabajar solo con la mujer cuando hay una situación de violencia.
Entonces, hay que cuidar mucho lo que se tiene y desde ese lugar potenciar la prevención, fundamentalmente, con los más jóvenes, en la detección de los primeros síntomas de alarma de violencia.
Después, hay que revisar todo el tiempo las rutas críticas de cómo las mujeres llegan a la atención y qué pasa una vez que lo hacen. Porque la realidad, y esto es de siempre, es que la denuncia no alcanza y muchos varones no cumplen con la prohibición de acercamiento.
Es cierto que hay otros dispositivos como el botón antipánico y, ahora, las tobilleras duales. Pero hay que repensar todo el tiempo esos circuitos y evaluarlos a la luz de lo que pasa en cada territorio, porque no es lo mismo lo que ocurre en Rosario que en Santa Fe o en Reconquista.
- ¿Considerás que el gobierno de la provincia tiene este tema como una de sus prioridades?
- Creo que si. Pasaron cosas como que el Ministerio pasó a ser Secretaría. Pero también hay que ver lo que encontramos cuando llegamos al gobierno, con muchas cáscaras vacías que eran difíciles de sostener. No digo que Género haya sido una de ellas, pero hubo que reacomodar instancias de trabajo.
La importancia que se le da a un tema se ve “en la cancha”, con las acciones de un gobierno. Hay cuestionamientos con el presupuesto. Voy a decir algo que, quizás, no esté bien pero nunca nos alcanzan los presupuestos a los funcionarios. Lo que pasa es que hay que usarlo bien, tener una planificación acorde a los objetivos y, después, los recursos van apareciendo.
Puedo dar cuenta de lo que fue en el Nueva Oportunidad, donde nunca tuvimos que dejar de hacer una actividad o un espacio por cuestiones presupuestarias. Aspiro a que a la Secretaría de Género le pase lo mismo.
- Si ya estuviera el decreto de designación y hubieras asumido, ¿por dónde empezarías?
- Ya empecé. Primero me reuní con el equipo político de la Secretaría y lo voy a hacer con las y los trabajadores. Estoy mirando con atención el área de Violencia de género que es el lugar donde siento la mayor preocupación. Es la subsecretaría que tiene mayor responsabilidad y va a requerir más acompañamiento.
- Para quienes piensan que hay que empezar de cero sobre cuestiones que ya se creían comprendidas, sobre todo para organizaciones que vienen trabajando desde hace años en temas de género y diversidad, ¿cuál sería el mensaje?
- Que nos tenemos que poner a trabajar codo a codo, que nunca hay que bajar los brazos y que es necesaria una agenda compartida de prioridades con las organizaciones y con las mujeres en el territorio: no vamos a poder con todo junto.
Vamos por la prevención y el acompañamiento de las situaciones más complejas. Es por ahí el comienzo para seguir con otros objetivos de una agenda que es muy amplia.