El acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur abre un escenario de oportunidades, pero también de enormes desafíos para las economías regionales.
Javier Martín: "Exportar más no alcanza, Argentina necesita agregar valor para dar el salto al desarrollo"
El presidente de la Federación Industrial de Santa Fe (FISFE) sostuvo que el futuro del desarrollo provincial pasa por profundizar la integración entre producción primaria, industria, ciencia y tecnología. Planteó que la apertura de nuevos mercados exige dejar atrás la lógica exportadora basada en materias primas y avanzar hacia productos con mayor valor agregado, innovación y estándares internacionales.

Así lo planteó el presidente de la Federación Industrial de Santa Fe (FISFE), Javier Martín, durante su exposición en el panel institucional y productivo “Santa Fe de provincia productiva a potencia exportadora”, realizado en el marco del seminario organizado por CARSFE.
Ante representantes del sector agropecuario, industrial, académico y político, Martín propuso mirar el acuerdo más allá de una simple apertura comercial y convertirlo en una herramienta para transformar la estructura productiva de la provincia.

“Tenemos intereses comunes y un futuro común. Es muy importante estar juntos construyendo ese futuro”, señaló al iniciar una presentación que puso el foco en la necesidad de generar más valor agregado sobre la producción primaria.
Según explicó, existe una relación directa entre el nivel de exportaciones de un país y su grado de desarrollo económico. Sin embargo, advirtió que Argentina continúa muy rezagada respecto de otras naciones con poblaciones similares.
“Hoy tenemos alrededor de 2.100 dólares de exportaciones por habitante. Cuando nos comparamos con países como Canadá o Corea del Sur, vemos que ellos superan los 15.000 o 17.000 dólares por habitante. Aunque aumentemos la producción agropecuaria y crezca la minería, seguiremos lejos de esos niveles. Por eso exportar más no alcanza; necesitamos agregar valor”, afirmó.
El modelo Nueva Zelanda y la necesidad de industrializar
Para explicar el potencial que tiene Argentina, Martín comparó la estructura exportadora nacional con la de Nueva Zelanda, uno de los principales referentes mundiales en agroindustria.
Mientras el país oceánico genera exportaciones por unos 30.000 millones de dólares basadas en productos lácteos, carnes, quesos y alimentos elaborados, Argentina concentra gran parte de sus ventas externas en commodities agrícolas como harina de soja, maíz y trigo.

“La diferencia no está solamente en cuánto exportamos, sino en qué exportamos”, sostuvo.
El dirigente industrial ejemplificó que transformar granos en proteínas animales, producir quesos en lugar de leche en polvo o desarrollar alimentos procesados permite multiplicar el valor de cada tonelada exportada.
Incluso fue más allá al mencionar productos regionales de alto valor comercial.
“No es lo mismo vender carne de cerdo que vender salamines o productos elaborados. Ahí aparecen oportunidades enormes para capturar valor, generar empleo y desarrollar nuevas industrias”, indicó.
Sin embargo, aclaró que el proceso no es sencillo. Requiere cumplir exigentes estándares sanitarios, ambientales y de trazabilidad que demanda el mercado europeo.
“Las oportunidades existen, pero también hay desafíos muy importantes. Europa tiene miles de reglamentos técnicos que debemos cumplir y para eso hay que prepararse”, advirtió.
Desarrollo territorial, empleo y una agenda común
Uno de los puntos más destacados de la exposición fue la experiencia que Martín observó en Mato Grosso, Brasil, donde grandes empresas cárnicas impulsaron modelos de integración productiva con pequeños productores rurales.
Según relató, mediante financiamiento, asistencia técnica y contratos de producción, miles de familias que poseían explotaciones de apenas 10 o 15 hectáreas lograron incorporarse a cadenas de valor vinculadas a la producción de carne aviar y porcina.
“Transformaron productores inviables en pequeños empresarios. La producción generó nuevas industrias y detrás llegaron frigoríficos que emplean entre 800 y 1.000 personas”, explicó.

En este sentido precisó que Santa Fe posee condiciones similares para replicar esquemas de desarrollo territorial basados en la transformación local de materias primas.
“Hay muchas zonas donde es más caro llevar el maíz al puerto que consumirlo localmente. Ahí aparece una oportunidad enorme para convertir ese grano en proteína animal, generar empleo y arraigo”, afirmó.
Martín sostuvo que el agregado de valor no sólo implica crecimiento económico, sino también desarrollo social, ya que permite generar oportunidades laborales en el interior provincial y evitar la migración hacia grandes centros urbanos.
Ciencia, tecnología y cooperación para competir en el mundo
En el tramo final de su exposición, el titular de FISFE insistió en que la competitividad futura dependerá de la capacidad de articular esfuerzos entre el sector privado, el Estado y el sistema científico-tecnológico.

Mencionó como actores estratégicos a las universidades nacionales de Rosario y del Litoral, el Conicet, el INTA, el INTI, Senasa y los distintos institutos de investigación que funcionan en la provincia.
“Tenemos una fuente de innovación impresionante. Necesitamos que el conocimiento se vincule cada vez más con la mejora de nuestras cadenas productivas”, sostuvo.
También destacó la importancia de avanzar en certificaciones ambientales, trazabilidad, bienestar animal y huella de carbono, aspectos que considera indispensables para acceder a los mercados más exigentes del mundo.

Para ello reclamó financiamiento, coordinación institucional y una agenda compartida entre todos los actores involucrados.
“La preparación no va a ser automática ni sencilla. El secreto está en trabajar en conjunto. Tenemos que construir una agenda común desde el sector privado, acompañados por la política, la ciencia y la tecnología”, concluyó.








