Un millón de razones para creer: gesto solidario en el basural de San Javier
Una jornada laboral rutinaria en el basural municipal de San Javier se transformó en una historia que conmueve a toda la comunidad. Gerardo Martinelli y Jorge Testolini, empleados de la Municipalidad local, encontraron y devolvieron cerca de un millón de pesos que una mujer había descartado sin saber que eran los ahorros de su abuela.
Gesto de honestidad de dos municipales sanjavierino
El viernes 13 de febrero, mientras realizaban tareas habituales de descarga de residuos en el basural municipal, Gerardo Martinelli y Jorge Testolini advirtieron la presencia de una joven que, junto a su hijo, revisaba con angustia los desechos acumulados.
Al acercarse para ofrecer ayuda, escucharon un relato tan inesperado como dramático: días antes, la mujer había colaborado con su abuela en la limpieza de la vivienda familiar y, sin saberlo, habían tirado unas botas viejas.
Gesto de honestidad de dos municipales sanjavierino
Lo que desconocían era que en su interior la mujer mayor guardaba los ahorros de toda una vida. Un accidente que derivó en la internación de la abuela sacó a la luz la existencia del dinero. La lluvia de jornadas anteriores había impedido regresar antes al lugar. Aquella tarde era la última esperanza.
Un hallazgo entre cenizas
El panorama no era alentador. Habían pasado varios días, parte de los residuos estaban quemados y, como suele ocurrir, muchas personas revisan el basural en busca de ropa o calzado. Aun así, los trabajadores decidieron colaborar.
La búsqueda se extendió entre restos calcinados y desechos dispersos. En determinado momento, Gerardo divisó unas botas semiquemadas y, casi en tono distendido, comentó que podrían ser esas.
Al revisarlas, la sorpresa fue absoluta: en su interior, protegidos y prolijamente doblados, aparecieron los billetes sujetos con una gomita. El dinero —estimado en una suma cercana al millón de pesos— seguía allí.
Sin dudar, llamaron a la joven que ya se alejaba del lugar y le entregaron los ahorros. Ella, conmovida, dudó en recibirlos. Jorge fue claro: ese dinero no les pertenecía. Nunca lo contaron ni pidieron precisiones; la prioridad era que regresara a manos de su dueña.
Un gesto que trasciende lo material
Los protagonistas subrayaron que no hubo especulación ni debate interno.
La decisión fue inmediata y natural. Incluso reconocieron que si la mujer no hubiera estado allí relatando su historia, jamás habrían imaginado lo que contenían esas botas. También señalaron la coincidencia de haber acudido ese día al basural cuando originalmente no estaba previsto: “Se dieron todas las cosas para que pasara”, reflexionaron.
La repercusión no tardó en llegar. Vecinos, compañeros y familiares hicieron llegar sus felicitaciones. Para Martinelli y Testolini, sin embargo, el mayor reconocimiento fue la tranquilidad de haber obrado con honestidad y el orgullo de transmitir ese valor a sus hijos.
Además, destacaron que acciones como esta contribuyen a revalorizar la tarea de los trabajadores municipales, muchas veces cuestionada injustamente.
Gracias a su intervención, una abuela recuperó los ahorros que representaban años de esfuerzo silencioso. En tiempos complejos, la actitud de estos dos empleados municipales recordó a la comunidad que la empatía y la honradez no son conceptos abstractos, sino decisiones concretas que, incluso entre cenizas, pueden iluminar a toda una ciudad.