En tiempos de guerra, cuando la distancia y la incertidumbre se vuelven parte de la vida cotidiana, las palabras escritas adquieren un valor inmenso. Cartas y telegramas se transforman en puentes emocionales que unen a quienes están lejos: en ellos viajan el cariño de las familias, la esperanza de los amigos, las promesas de reencuentro y los pequeños relatos de la vida diaria que ayudan a sobrellevar la ausencia.
"Seguirán siendo nuestras": la historia de la carta que unió Malvinas con Rafaela
Un ex combatiente evocó una faceta menos contada de la guerra: las bolsas de cartas que llegaban desde escuelas de toda la Argentina, el aliento que recibían los soldados y la reaparición, décadas después, de una respuesta que ni siquiera recordaba haber escrito


Durante la Guerra en las Islas Malvinas, muchas personas sintieron la necesidad de acompañar a los jóvenes combatientes a través de la escritura. Así nacieron vínculos inesperados, cargados de humanidad, que hoy permanecen como testimonio de una época marcada por el dolor, pero también por la solidaridad.

Este es el caso de una de las cartas a las que accedió Radio Rafaela. Junto a su sobre, se conserva también la respuesta escrita por Osmar Barranou, quien, con apenas 19 años y desde las islas, le contestó de puño y letra a Lylyan Ojeda, una joven rafaelina que, sin conocerlo, le había enviado unas palabras de aliento desde su escuela.
En diálogo con este medio, entre los recuerdos que dejó la guerra de Malvinas, Héctor Osmar Barranou puso el foco en una escena que todavía hoy lo conmueve: las bolsas de cartas que llegaban desde distintos puntos del país y que acercaban palabras de aliento a los soldados que estaban en las islas.

A más de cuatro décadas del conflicto, el ex combatiente compartió esa experiencia y también la sorpresa que vivió años después, cuando volvió a aparecer una carta suya que ya ni recordaba haber escrito.
“Por este medio, estar en contacto con ustedes y muy agradecido por poder compartir la parte de esa carta”, expresó al comenzar su testimonio, atravesado por la emoción y por la memoria de un episodio que volvió a cobrar sentido mucho tiempo después.
Bolsas de cartas desde escuelas de toda la Argentina
Barranou recordó que durante la guerra llegaban mensajes escritos por chicos de diferentes escuelas del país. Según contó, esas cartas eran repartidas entre los soldados en medio de la rutina y las exigencias del frente. “De tantas que había, había que agarrar una y después seguir bajando a los soldados de la isla, las bolsas de carta”, relató.
Cada uno tomaba una y, si el tiempo lo permitía, intentaba responder. “Cada soldado agarraba una y después veía si la podía contestar, según el tiempo que uno tenía para poder escribir la carta”, explicó.

Al hablar de aquella carta puntual que le tocó responder, Barranou no ocultó la marca afectiva que le dejó. “Hermosa la carta”, dijo. Y enseguida sumó una imagen familiar que también lo conecta con ese tiempo: “Por ahí tendría que preguntarle a mi madre si esa carta estaría, porque mi madre es la que tenía todo”.
Para él, esos mensajes tenían una carga emocional enorme. “Las letras de aliento que mandaban los chicos, de las escuelas, todo, agradeciendo todo, pero muy, muy emotivo, muy lindo, la verdad, muy lindo”, afirmó.
Una carta que volvió a aparecer décadas después
Lo más llamativo de la historia es que Barranou había olvidado por completo aquella respuesta. Y precisó que fue recién hace unos años cuando volvió a tener noticia de esa carta.
“Creo que hace como tres años, por este medio también, me hicieron saber de esta carta”, recordó. La sorpresa fue total. “Yo ni por las tapas me acordaba, ni idea tenía de la carta, ni sabía si había escrito una carta, si había mandado una carta, si había llegado la carta. Nada, nada”, expresó.
Según relató, fueron colegas de la emisora quienes lograron ubicarlo para mostrarle ese material. “Cuando me llamaron de ahí, creo que colega de ustedes, y me mostraron la carta, me mandaron la foto de la carta”, contó.

Recién en ese momento empezó a reconstruir algo de aquel recuerdo. “Ahí sí me empecé a acordar de que la había escrito, pero no me acordaba, no me acordaba ni a quién, ni si había llegado a destino, nada, para nada”, señaló. La reaparición de esa carta tuvo, para Barranou, un efecto muy profundo. “Fue como un poquito despertar a la memoria”, definió.
En ese sentido, valoró la posibilidad de poder volver sobre su historia y compartirla. “Todavía agradecido, bueno, yo en mi caso, como muchos de mis compañeros, colegas, camaradas, dar las gracias a Dios por estar y poder contar mi historia”, expresó. Y agregó que poder hacerlo en este contexto también tiene un valor especial: “Y bueno, con ustedes en este caso”.
Una vida en Henderson y un vínculo que nunca se retomó
Actualmente, Barranou vive en Henderson, su lugar de origen. “Yo vivo en un pueblo chico, en Henderson, pueblo de 13.000 habitantes, pueblo que nos conocemos todos”, contó.
Sobre la destinataria de aquella carta, explicó que nunca volvió a tener contacto. “Yo con Lilyan no, nunca,no volví a tener contacto”, afirmó. Y volvió a remarcar que ni siquiera sabía qué había pasado con ese mensaje. “No sabía de esa carta, si había llegado, a quién era”, insistió.
Según le contaron después, la carta habría aparecido de manera casual durante una mudanza. “Me hicieron saber que se había encontrado una carta, que estaban haciendo una mudanza”, recordó. Pero más allá de esa reconstrucción posterior, lo central para él fue el impacto de ese hallazgo inesperado.
Y para el cierre dejó en claro hasta qué punto el paso del tiempo había cubierto aquella historia, que ahora volvió a emerger como una segunda lectura de Malvinas: la de las palabras que iban y venían, llevando algo de calor humano en medio de la guerra.










