En un escenario educativo que a menudo se narra desde la urgencia y el deterioro, la Jornada de Buenas Prácticas Pedagógicas Institucionales, organizada por el Instituto de Investigación en Educación Argentina de la Universidad Católica de Santa Fe, dejó ver otro paisaje: el de las escuelas que, desde su propio territorio, construyen cambios profundos, sostenidos y reales.
Doce instituciones de Santa Fe y la región compartieron cómo trabajan para mejorar la convivencia, fortalecer aprendizajes y recuperar el sentido de pertenencia. Entre ellas, dos experiencias destacaron por la fuerza de sus propuestas y la capacidad de movilizar a toda la comunidad educativa.
Recuperar una escuela desde sus cimientos
Cuando Carlos Martín asumió la dirección de la EETP Nº 647 Pedro Lucas Funes en 2022, encontró una institución atravesada por múltiples conflictos: problemas de convivencia, violencia entre estudiantes, abandono, repitencia, desmotivación docente, ausencia de proyecto pedagógico y un edificio devastado: paredes vandalizadas, techos que se llovían, sin luz y sin gas.
El musical logró transformar la mirada de la comunidad hacia la escuela, y hoy muchos jóvenes la eligen por su orientación en Arte: Teatro.
Lo edilicio, “era lo más urgente”, señala Martín, “había que arreglarlo para empezar a cambiar la idea que tenían todos sobre la escuela”. Con una insistente gestión ante el Ministerio de Educación, lograron renovar las instalaciones y “pasó lo que tenía que pasar: los docentes empezaron a ver la escuela con otra cara”, recuerda.
Luego vino la parte más difícil, pero también la más importante: la pedagógica y comunitaria. “Pedagógicamente la escuela también estaba destruida, en piloto automático. No había reuniones plenarias y cada uno se manejaba con las reglas que podía”, evoca. Martín decidió comenzar por escuchar a los estudiantes: qué les pasaba, cómo vivían la escuela, qué necesitaban. Ese diagnóstico permitió diseñar políticas claras de convivencia, crear un centro de estudiantes y generar acuerdos, recreos extendidos con sentido formativo y nuevas dinámicas para fortalecer vínculos.
Paralelamente, a través de un tejido artesanal de redes, lograron espacios que ampliaban oportunidades, y sobre todo abrían nuevos horizontes a los jóvenes: talleres de música, inglés y deportes; convenios con el ISEF, el CAR y clubes de la ciudad; becas deportivas; colonias de vacaciones para secundarios (la primera de la provincia); programas de salud mental; una cooperativa estudiantil productiva; huertas comunitarias; talleres de impresoras 3D y articulación con universidades de la ciudad.
“Queríamos que nuestros alumnos tengan las mismas posibilidades que tiene cualquier chico, de salir de la escuela, ir a inglés, hacer deporte, pero sin tener que pagarlo, porque no pueden”, explica Martín, y refuerza su planteo: “Vamos a hablar de meritocracia, pero si todos salimos del mismo lugar, si todos tienen las mismas oportunidades”.
“La mentalidad de los chicos fue cambiando sola. Nosotros no reprimimos los malos comportamientos, les ofrecimos una alternativa. Y ellos lo eligieron”, sostuvo el director. Hoy la técnica 647 Pedro Funes pasó de 120 a 350 estudiantes, logró erradicar situaciones de violencia, fortaleció los aprendizajes elevando el promedio de 5,63 a 7,53, y consolidó un verdadero proyecto institucional. La escuela se volvió un espacio donde los jóvenes quieren estar, formarse y proyectarse.
Con el compromiso de toda la comunidad educativa, la escuela se volvió un lugar donde los jóvenes quieren estar, formarse y proyectarse.
Abrir un camino colectivo desde el arte
Hace 17 años, la EESO N.º 213 de San Carlos Centro decidió que el arte podía ser un modo de reconstruir identidad escolar. El proyecto del “Musical de la 213” comenzó como una iniciativa del área artística, pero con el tiempo se volvió un eje institucional. La puesta en escena, que se renueva cada año e involucra hoy a 450 estudiantes, junto con docentes y asistentes escolares, ha transformado la mirada de la comunidad hacia la escuela.
La propuesta tomó un giro decisivo tras un hecho muy doloroso en 2018, con la pérdida de uno de sus estudiantes. A partir de allí, el Musical se convirtió no solo en un espacio creativo, sino también en un lugar de cuidado emocional, contención y encuentro.
Cada edición se prepara durante todo el año, y el arte funciona como un puente interdisciplinario que integra lenguaje, ciencias sociales, tecnología, matemática y educación física. “Aprendimos que las mejores ideas surgen cuando escuchamos al otro, cuando renunciamos a ‘nuestra parte’ para pensar en el todo, que un proyecto colectivo no se divide por materias: se teje con los hilos de todos los saberes”, señala la directora de la EESO Nº 213, María Marta Gosso.
Con realismo, Gosso reconoce que sostener un proyecto colectivo en el ámbito escolar es remar contra muchas corrientes: “Desde el principio supimos que no sería fácil, con tiempos fragmentados, urgencias institucionales, recursos que a veces no alcanzan, y una realidad que no siempre acompaña”. Pero también se trata de construir una corriente propia, que transforme cada obstáculo en posibilidad: “Aprendimos a ser flexibles, a revisar sin culpas, a improvisar con inteligencia. Aprendimos a mirar lo que logramos, en lugar de lamentar lo que no salió como esperábamos”, rescata la vice directora Andrea Martínez.
La escuela quedó restaurada edilicia y pedagógicamente, y se tornó un espacio de nuevas oportunidades.
Los resultados exceden lo artístico y están a la vista. Hubo un incremento notable de la matrícula escolar, disminuyeron los hechos de violencia y se fortaleció la inclusión. Desde la dirección destacan, entre los principales aprendizajes que deja esta iniciativa, la incorporación de herramientas para identificar, expresar y gestionar las emociones durante la adolescencia, promoviendo bienestar emocional y desarrollo personal y social.
“Este proyecto ha permitido deconstruir estereotipos, visibilizar las capacidades de nuestros estudiantes y, por un momento, sentir que la transformación educativa y social es posible”, reconocen satisfechas desde la dirección. Este panorama estimuló a los distintos equipos directivos a gestionar una orientación en ARTE: teatro, que fue habilitada en 2024.
Sostener la potencia de la escuela
Las experiencias de la 213 y la 647 muestran que no hay soluciones mágicas, pero sí hay decisiones que transforman. En esa trama, la universidad ocupa un lugar particular, el de mirar, acompañar, investigar y aprender junto a las escuelas. La Jornada de Buenas Prácticas Pedagógicas Institucionales permitió ampliar la conversación sobre qué educación queremos y qué educación necesitamos.
Para quienes eligen estudiar carreras vinculadas a la docencia y la pedagogía, estas experiencias ofrecen una señal clara: educar sigue siendo una tarea profundamente humana y social, llena de desafíos, pero también de posibilidades reales de cambio.
En Reconquista, la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Católica de Santa Fe ofrece la Lic. en Gestión de la Educación, como un ciclo de complementación curricular destinado a docentes de instituciones públicas y privadas de todos los niveles, que buscan actualizarse y fortalecer sus capacidades de liderazgo institucional. Para mayores consultas, escribir a [email protected].