El camino hacia los Alpes empezó mucho antes de la línea de largada. No comenzó con una carrera de más de 100 kilómetros ni con un objetivo deportivo de alto rendimiento. Todo se inició con la necesidad de encontrar un espacio propio dentro de una vida marcada por una profesión de gran exigencia emocional.
Médica santafesina completó una de las pruebas más exigentes del mundo en los Alpes europeos
La médica oncóloga, firmatense y radicada en Venado Tuerto, Natalia Broglia, completó el Ultra-Trail du Mont-Blanc, una de las pruebas pedestres más exigentes del mundo. Fueron 108 kilómetros atravesando Francia, Italia y Suiza, 21 horas y 50 minutos de esfuerzo y una elección donde el deporte se transformó en una búsqueda personal de equilibrio.

Natalia Broglia es médica oncóloga, firmatense de origen y radicada en Venado Tuerto. Hace más de 20 años que ejerce la medicina y conoce de cerca el impacto que implica acompañar diariamente historias de personas atravesadas por situaciones complejas de salud.
En paralelo, el deporte siempre estuvo presente en su vida, aunque con el paso del tiempo, dejó de ser solamente una actividad recreativa y pasó a ocupar un lugar central. “Desde hace casi cuatro años es un entrenamiento de mucha carga de kilómetros semanales, gimnasio y alimentación. Y eso me ayudó a encontrar el eje”, asegura.

Ese cambio apareció cuando el compromiso laboral había empezado a ocupar demasiado espacio en su vida. “Ya no encontraba la manera de acotar la jornada de trabajo, siempre encontraba una excusa para sumar más obligaciones. Hasta que encontré una actividad que ayudó a captar mi atención y separar las cosas”, admite.
“A partir de ahí pude ser mejor en muchas cosas. Fue muy importante hacer esa separación del trabajo, el entrenamiento y la familia. Estoy mucho mejor emocionalmente, con más equilibrio y en armonía con el entorno. Fue un cambio muy positivo porque ya estaba bastante cansada. Esto reavivó mi energía y hoy desarrollo la profesión con más ganas”.
Aunque la alta competencia llegó mucho después, la conexión con la montaña tiene raíces décadas atrás. “Desde chica la montaña me gustaba y me motivaba mucho. Tenemos una casa en San Javier, en las sierras de Córdoba, y siempre íbamos con mis padres. Era como mi lugar en el mundo. Desde muy chica me encantaba correr por esos senderos”.

Ese vínculo fue creciendo con los años hasta convertirse en algo más profundo que una actividad deportiva. “En la montaña siento una paz que no encuentro en otro lugar”. Además, “corriendo en la montaña esa sensación se intensifica. No tengo una explicación lógica, pero encuentro el equilibrio de mi ser en eso”.
Correr en la montaña

El Ultra-Trail du Mont-Blanc, en los últimos días de agosto, atraviesa tramos de Francia, Italia y Suiza, combina resistencia física, desniveles pronunciados y terrenos técnicos que obligan a administrar el esfuerzo durante muchas horas.
“Hay que mirar la distancia, pero también el desnivel, la técnica y el terreno”, explica Natalia, y acota que, en este tipo de pruebas, la estrategia es fundamental. No todo el recorrido se corre: las subidas suelen hacerse caminando rápido para preservar energía, mientras que las bajadas y los sectores más favorables permiten aumentar el ritmo.

También forman parte de la preparación elementos específicos como los bastones, una herramienta habitual en las grandes competencias de montaña. “Los bastones son algo importante. Mi entrenador me sugiere hacer una hora de carrera y después media hora de caminata con bastones, porque después vas a la competencia y si no lo entrenaste no resulta sencilla la coordinación de los movimientos”.
Antes de llegar a los Alpes hubo un proceso largo y progresivo. “Siempre me gustó correr. Por ahí iba y corría una vez por semana, cuando tenía tiempo, pero sin rutinas de entrenamiento ni nada de eso”. El cambio llegó cuando decidió ordenar la actividad. “Empecé a hacer un entrenamiento más específico y así encontré un espacio para relajarme, para sentirme mejor. A partir de ahí no dejé nunca más”.
Las distancias fueron creciendo de manera gradual. “Empecé con una carrera de 13 kilómetros, después 14, luego 21 y 22. Después, el año siguiente, empecé con 30, luego 42 y así fui aumentando”. La montaña, bien lejos de las llanuras del sur santafesino, fue siempre la elección.
La construcción física
En el proceso previo cumplió un papel importante Diego Mercado, director del gimnasio Vivir Activo, quien acompañó la preparación física de Natalia.
El especialista recuerda que desde las primeras etapas observó una evolución rápida. “En poco tiempo ya sumaba recorridos de 10 o 15 kilómetros y lo hacía con bastante facilidad”.

Ese crecimiento permitió planificar nuevos objetivos. “Empezamos a charlar mientras hacíamos los entrenamientos y surgieron posibilidades de hacer alguna carrera, como para volcar todo eso que entrenaba y coronar ese esfuerzo. A partir de ahí empezamos a darle orden a lo que era correr y entrenar en el gimnasio”.
Para una carrera como el UTMB, el trabajo no podía limitarse a la resistencia aeróbica, “sino que el camino de 0 a 100 kilómetros, que finalmente terminaron siendo 108, tenía mucha altimetría, es decir, subidas y bajadas, donde había que ser muy técnico”.
Por eso, uno de los ejes fue fortalecer el tren inferior, aunque sin descuidar zona media y tren superior. “Trabajamos mucho los isquiotibiales, cuádriceps y glúteos, pero la preparación fue integral. Se trabajó toda la estructura muscular de las piernas: los gemelos, la estabilidad, los aductores y abductores”.
La razón estaba en las características del terreno, ya que “las bajadas no eran solamente frontales, sino que a veces tenían mucho trabajo técnico, con piedra suelta y bajadas de costado”.
Uno de los mayores desafíos fue entrenar para una carrera de montaña viviendo en Venado Tuerto, lejos de los grandes desniveles naturales. “Dentro del gimnasio priorizamos ejercicios de fuerza y ejercicios de transferencia”, explica Mercado.
La preparación incluyó escaleras, estocadas y distintos movimientos destinados a reproducir las exigencias de la montaña. “Trabajábamos con subidas, escaleras y distintas variantes”.
Fuera del gimnasio también hubo que buscar alternativas. “Cuando le tocaba salir a correr y tenía que hacer altimetría, cuando no estaba la posibilidad de ir a un lugar de montaña, con altimetría natural, lo compensaba haciendo subidas en escaleras, por ejemplo, en el hipódromo, durante varias horas”.
“Es una parte muy sacrificada y muy valorable porque es muy difícil compensarlo, pero ayuda a generar una base para después afrontar un desafío tan grande”, describe Diego Mercado.
Bajo un clima hostil
A fines de agosto llegó el momento del desafío. Natalia se enfrentó a los 108 kilómetros del Ultra-Trail du Mont-Blanc bajo condiciones climáticas adversas. “Llovió toda la carrera y arriba había mucho viento y frío”. La estrategia fue mantener la regularidad. “No me senté nunca. Pasaba por los puestos, agarraba algo de comida, un caldo y seguía”. “Las subidas se hacen caminando rápido; después tratás de correr las bajadas y los llanos”.
Su marca final fue de 21 horas y 50 minutos. “Mi entrenador siempre me decía que lo iba a hacer en ese tiempo aproximadamente, pero yo creía que iba a tardar más, al menos 24 horas. Así que me sorprendió”, reconoce.

“Hay momentos en los que uno, al borde del agotamiento, piensa que ya no puede más”, admite. Pero esos momentos también pasan. “De repente, a los cinco minutos estás como nuevo. Es mucho el componente mental”.
Para Natalia, esa fortaleza mental aparece especialmente en el tramo final, cuando muchos competidores empiezan a sentir el desgaste. “Cuando ya sabés que estás llegando, soltás un poco. Ahí es donde podés hacer una diferencia porque otros empiezan a quedarse”.
Además, el tramo final fue más que exigente porque la carrera agregó kilómetros y desnivel respecto de lo previsto. “Venías pensando que ya estaba, que quedaban unos kilómetros y de repente otra vez aparecía una subida. Ahí es donde juega mucho la cabeza”.
Más allá del resultado
Natalia Broglia finalizó décima entre las mujeres de su categoría, de 50 a 60 años, entre más de un centenar de participantes, y quinta entre las corredoras argentinas. “Yo quería llegar. Ese era el objetivo para esta carrera", sintetiza. Y sobre el futuro, revela: "A veces pienso que por la edad que tengo no voy a poder mejorar. Pero hablando con mis entrenadores Diego Simón, especialista en trail, y Diego Mercado, en el gimnasio, entendí que siempre se puede ir por más”.
“Cuesta más recuperar. Hay que tener más conciencia con el descanso, la alimentación y la recuperación. No vas a rendir igual que alguien de 20 o 30 años, pero podés seguir siendo competitivo si entrenás”.
El próximo gran objetivo ya está definido: una carrera perteneciente al circuito UTMB en Val d’Aran, España, prevista para julio del próximo año, aunque antes participará de otras carreras dentro del país. “En España son 110 kilómetros con una altimetría muy similar a la que corrí ahora. La idea es bajar tiempos”.
Una llegada compartida
Al recordar el momento de cruzar la meta, Natalia no habla solamente de una conquista individual. “Es una emoción indescriptible y la culminación de un esfuerzo enorme, pero no mío solamente”, sino que, en ese instante, aparecen todas las personas que acompañaron el proceso: la familia, los entrenadores y los amigos. “Sólo queda agradecer a la vida por tener a esas personas al lado, por haber dejado atrás las lesiones y por haber tenido esta posibilidad”, subraya.
“Recomiendo esta actividad para quienes están buscando una salida o alguna opción para estar más equilibrados. Para mí es esta disciplina, para otra persona puede ser otra. Pero el deporte en general es algo sumamente importante y lo aconsejo, sabiendo que la voluntad es clave y la evolución es progresiva, siempre sobre la base del entrenamiento, la nutrición y el descanso”, completó.








