Hasta cuatro de cada diez personas sufren, sufrieron o sufrirán algún trastorno de ansiedad en la actualidad, una cifra que experimentó un marcado crecimiento tras la pandemia. La problemática impacta con especial fuerza en adolescentes y jóvenes que ingresan a la vida universitaria o laboral.
Miedo, aislamiento y alcohol: la otra cara de la ansiedad social en jóvenes que aumenta día a día
Tras la pandemia, los trastornos de ansiedad afectan a casi la mitad de la población. El pico crítico se da entre los 17 y 18 años, un escenario donde el temor a la exposición condiciona la vida académica y social.

Especialistas advierten sobre los riesgos de no diagnosticar a tiempo una patología que suele camuflarse detrás de la simple timidez y que lleva a recurrir al alcohol como un "ansiolítico social".

Un fenómeno postpandemia que afecta a 4 de cada 10 personas
El impacto del confinamiento y los cambios en las dinámicas sociales transformaron el mapa de la salud mental. Lo que antes de la pandemia afectaba a entre un 20% y un 30% de la población, hoy muestra un preocupante incremento en los consultorios.
En diálogo con El Litoral, el Dr. José Domínguez. médico psiquiatra, ex presidente de la Asociación de Psiquiatras de Santa Fe y actual presidente del Capítulo de Trastornos de Ansiedad de la Asociación de Psiquiatras de Argentina - APSA detalló la magnitud de la situación actual: "Con respecto a las cifras que hay, son de trastornos de ansiedad en general, con un cifra que va aumentando: entre un 30 y un 40% de la población que tiene algún trastorno de ansiedad. Es una cifra muy alta porque estamos hablando de tres a cuatro de cada diez personas".
El profesional precisó que la prevalencia varía según el grupo etario: "El trastorno de ansiedad social es el más frecuente en la adolescencia y principio de la edad adulta. Después, de los 30 años para arriba, ya predominan otros trastornos, como el trastorno de pánico o el trastorno de ansiedad generalizada".

El límite entre la timidez y la patología
Una de las mayores dificultades para el abordaje temprano radica en confundir un rasgo de personalidad con un cuadro que requiere atención médica. ¿Dónde se traza la frontera entre ser introvertido y padecer una patología?
"El límite entre lo normal y lo patológico está en el momento donde se empieza a afectar la calidad de vida de la persona por convivir con estos síntomas", explicó el Dr. Domínguez. "Uno puede ser algo tímido e introvertido y, sin embargo, hacer una vida normal. Ahora, cuando esa timidez se torna patológica, uno comienza a evitar todo tipo de situación social, teniendo consecuencias y afecciones académicas, laborales y/o familiares".
Entre los escenarios cotidianos que desencadenan mayor temor en quienes padecen este trastorno, el psiquiatra enumeró: "Lo más común es evitar hablar en público, ser el centro de atención, hablar con personas de autoridad, comer o beber en público y las situaciones de examen".

El pico crítico: la transición a la universidad
El inicio de los estudios superiores o la inserción en nuevos ámbitos suele actuar como un detonante clave. Los estudios científicos marcan un pico de incidencia máxima entre los 17 y 18 años.
Al respecto, Domínguez indicó que "si bien algunos rasgos se empiezan a percibir en la adolescencia, la mayoría de los síntomas comienzan con el inicio de la vida universitaria, donde hay un grupo de gente distinto al que estaban acostumbrados a ver todos los días en la secundaria, hay lugares nuevos, rutinas nuevas y todo se exacerba".
Las consecuencias de no tratar a tiempo y el peligro del "ansiolítico social"
Cuando el cuadro no se diagnostica ni se aborda tempranamente, las secuelas en la vida adulta se multiplican. Entre los principales impactos se registran la dependencia financiera, el fracaso académico o laboral, la dificultad para consolidar vínculos familiares y el desarrollo de patologías comórbidas como la depresión.
Sin embargo, uno de los riesgos más inmediatos en la juventud es la automedicación informal mediante sustancias. "En algunos jóvenes, especialmente cuando no reciben tratamiento, aparece la evitación: dejan de participar, rechazan invitaciones, les cuesta rendir exámenes orales, conocer gente, iniciar relaciones, hablar en público o desenvolverse laboralmente", advirtió el Dr. Domínguez.
"Algunos descubren que el alcohol disminuye transitoriamente esa ansiedad. Ahí aparece el riesgo de usarlo como una especie de 'ansiolítico social': 'si tomo, puedo hablar; si tomo, me animo; si tomo, dejo de pensar qué están pensando los demás de mí'. Con el tiempo, esa estrategia puede convertirse en un problema adicional y pasa de ser un 'desinhibidor' a ser una 'comorbilidad'", remarcó el especialista.

Tratamientos eficaces: recuperar el control de la propia vida
A pesar de la gravedad del panorama, la respuesta médica ofrece un horizonte altamente favorable si se realiza la consulta profesional oportuna.
"Muchos jóvenes reconocen que algo les está pasando, consultan y reciben tratamiento. La ansiedad social es un trastorno para el cual tenemos tratamientos eficaces", enfatizó el presidente del Capítulo de Trastornos de Ansiedad de APSA. Y aclaró: "No estamos hablando de cambiar la personalidad de alguien ni de convertir a una persona introvertida en extrovertida: el objetivo es que el miedo deje de decidir por ella".
Respecto a los abordajes disponibles, el Dr. Domínguez puntualizó que "consisten en una terapia psicológica específica que se llama terapia cognitivo conductual, donde en pocas sesiones ya se empiezan a ver los cambios. También hay tratamientos farmacológicos de primera línea para estos casos que consisten en antidepresivos, que son fármacos muy seguros, eficaces y bien tolerados, pero que requieren un seguimiento médico durante meses".
La ansiedad social no debe interpretarse como un simple rasgo de carácter ni como una falla individual, sino como una condición médica abordable. Reconocer las señales a tiempo, evitar el uso del alcohol o sustancias como mecanismo de evasión y acudir a profesionales de la salud mental permite que la juventud santafesina y argentina transite sus proyectos académicos y personales sin que el temor condicione su futuro.









