Un equipo de investigadores argentinos desarrolló y evaluó una proteína experimental que podría convertirse en una nueva estrategia para tratar las lesiones graves provocadas por quemaduras químicas en la córnea.
Científicos argentinos desarrollaron una proteína experimental para tratar las quemaduras químicas de la córnea
La investigación fue realizada por especialistas de la Universidad Austral, el CONICET y la UBA. En modelos experimentales, la proteína redujo la inflamación, la opacidad y el crecimiento de vasos sanguíneos en córneas afectadas por quemaduras químicas. Todavía se encuentra en etapa preclínica.

Los primeros resultados fueron obtenidos en modelos animales y mostraron una reducción de la inflamación, la pérdida de transparencia y la formación anormal de vasos sanguíneos, una complicación que puede comprometer la visión. El trabajo fue realizado por investigadores de la Universidad Austral, el CONICET y la Universidad de Buenos Aires.
La investigación se concentra en una proteína de fusión denominada cementoin-SLPI, diseñada para permanecer adherida durante más tiempo al tejido lesionado y actuar sobre mecanismos vinculados con la inflamación. El objetivo es intervenir en una de las consecuencias más complejas de las quemaduras químicas de la córnea: la formación de nuevos vasos sanguíneos dentro de un tejido que normalmente debe mantenerse transparente.

Por qué una quemadura química puede afectar la visión
La córnea es la capa transparente ubicada en la parte frontal del ojo y cumple una función fundamental en el ingreso y enfoque de la luz. A diferencia de otros tejidos, en condiciones normales prácticamente no contiene vasos sanguíneos. Esa ausencia es necesaria para conservar su transparencia.
Una quemadura provocada por sustancias alcalinas puede desencadenar una respuesta inflamatoria intensa, dañar las estructuras de la córnea y favorecer la aparición de nuevos vasos sanguíneos, un proceso conocido como neovascularización corneal. Esa alteración puede generar opacidad, cambios en la estructura del tejido y deterioro visual. También puede dificultar el resultado de un eventual trasplante de córnea.
El estudio publicado en International Journal of Molecular Sciences analizó precisamente ese proceso. Los investigadores observaron que la proteína experimental logró reducir de manera significativa la formación de vasos y la superficie corneal afectada por esa invasión vascular.

En el modelo utilizado, seis de seis ojos del grupo que no recibió el tratamiento presentaron vasos sanguíneos en la capa media de la córnea. Además, tres de esos seis ojos también desarrollaron vasos en la capa profunda. En los animales tratados con la proteína, en cambio, no se detectaron vasos en ninguna de esas dos capas al séptimo día de seguimiento.
Los investigadores también registraron una menor opacidad de las córneas tratadas y una mejor conservación de su transparencia. A nivel molecular, el tratamiento estuvo asociado con una disminución de mediadores relacionados con la inflamación y la formación de nuevos vasos, entre ellos TNF-α, IL-17 y VEGF.
Los resultados no significan que la proteína pueda utilizarse actualmente en personas. Se trata de evidencia obtenida en una etapa experimental y todavía son necesarios nuevos estudios para determinar su seguridad, eficacia y posibles condiciones de uso en seres humanos.

Cómo funciona la proteína desarrollada por los investigadores
La estrategia combina dos componentes: cementoin y SLPI, sigla correspondiente a secretory leukocyte protease inhibitor, una proteína con propiedades antiinflamatorias.
El diseño busca aprovechar una característica del tejido lesionado. Las quemaduras químicas generan cambios en el entorno de la córnea, entre ellos un aumento de la actividad de la transglutaminasa 2 (TG2), una enzima involucrada en procesos relacionados con la matriz extracelular y la respuesta inflamatoria.
El componente cementoin funciona como un dominio capaz de ser reconocido por las transglutaminasas y permite que la proteína quede anclada al tejido lesionado. De esta manera, SLPI puede permanecer localizada durante más tiempo en la zona afectada, en lugar de perderse rápidamente.
El enfoque resulta diferente de una estrategia basada únicamente en bloquear una molécula específica. En este caso, los investigadores buscan aprovechar una actividad que aumenta como consecuencia de la lesión para dirigir la proteína hacia el tejido dañado.

El trabajo fue encabezado por Juan Eduardo Gallo, director del Instituto de Investigaciones en Medicina Traslacional de la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral y del CONICET. Participaron además Juan Pablo Salica, María Constanza Potilinski, Gustavo Ortiz, Paulo Maffia, Diego Guerrieri y Eduardo Chuluyan, pertenecientes a instituciones de la Universidad Austral, el CONICET y la UBA.
La investigación forma parte de una línea de trabajo que el equipo desarrolla desde hace varios años sobre la utilización de la proteína de fusión SLPI-cementoin en procesos inflamatorios de la superficie ocular. La propia Universidad Austral incluye esta estrategia entre los proyectos de investigación vinculados con nanomedicina y visión.
En 2026, además del estudio publicado en International Journal of Molecular Sciences, el grupo difundió un trabajo en Journal of Translational Medicine que profundizó en el mecanismo de acción de la proteína y en su capacidad para permanecer localizada en el tejido afectado, reducir procesos inflamatorios y limitar la neovascularización en modelos de lesión corneal provocada por sustancias alcalinas.
Los resultados abren una posible vía para futuras terapias destinadas a preservar la estructura de la córnea después de una quemadura química. Sin embargo, los propios trabajos científicos remarcan que todavía se trata de una estrategia preclínica. Antes de evaluar su utilización en pacientes será necesario atravesar nuevas etapas de investigación que permitan establecer con precisión sus beneficios, riesgos y condiciones de aplicación.








