La influencer y ex participante de Gran Hermano, Daniela Celis, se emocionó hasta las lágrimas este fin de semana al hablar ante su audiencia sobre los cambios físicos y emocionales que atraviesa después de convertirse en madre de sus hijas gemelas.

La distancia de sus hijas por trabajo genera en ella una culpa que comparte con muchas madres, reflejando el desafío de equilibrar familia y profesión.

La influencer y ex participante de Gran Hermano, Daniela Celis, se emocionó hasta las lágrimas este fin de semana al hablar ante su audiencia sobre los cambios físicos y emocionales que atraviesa después de convertirse en madre de sus hijas gemelas.
Con una sinceridad poco habitual en su espacio televisivo, la mediática confesó que no se siente cómoda con su cuerpo y admitió sentir culpa y angustia por su rol de madre.
Durante la emisión de Patria y Familia por Luzu TV, Celis se mostró vulnerable al relatar cómo vive su cuerpo tras el embarazo y el posparto. Visiblemente conmovida, Pestañela explicó que desde su llegada a Pinamar, donde se encontraba cumpliendo compromisos laborales, no logró animarse a meterse al mar debido a la inseguridad que siente con su figura actual.
“Mi cuerpo cambió mucho desde que fui mamá y no me siento cómoda con mi cuerpo. Es que llegué y no me metí nunca al mar, ¿me entendés?”, expresó entre sollozos, subrayando que aceptar las transformaciones físicas aún es un proceso difícil para ella.

Celis fue aún más allá y destacó que, tras el embarazo y el nacimiento de sus hijas gemelas Laia y Aimé, su percepción del propio cuerpo cambió radicalmente. “Cuando una es madre, tiene que procesar que tu cuerpo cambió y va a cambiar para siempre (…) hay que amarlo, abrazarlo y adaptarse a ese nuevo cuerpo”, dijo con honestidad.
La influencer detalló también que las marcas del embarazo —como la cicatriz de cesárea, las estrías y la celulitis— forman parte de su cuerpo actual, y aunque intenta trabajar para aceptar su imagen, reconoció que aún le resulta difícil mirarse sin juicio.
Más allá de la cuestión física, Celis habló sin reservas de la culpa emocional que la acompaña cuando debe estar lejos de sus hijas por trabajo. “Me llevo mi mochilita atrás de conciencia, de culpa, de carga… cómo van a estar después sin las videollamadas”, reveló, describiendo un sentimiento compartido por muchas madres que equilibran familia y carrera profesional.

La influencer admitió que la distancia la angustia, ya que nunca antes había estado separada de sus hijas por tanto tiempo. “Me cuesta porque yo nunca estuve tanto tiempo lejos de ellas, ni ellas de mí”, confesó con sinceridad.
El testimonio de Daniela Celis, aunque íntimo, resonó en redes y medios como una reflexión sobre la presión estética y emocional que muchas mujeres enfrentan tras la maternidad. Su vulnerabilidad invitó al debate sobre la mirada social hacia el cuerpo posparto, la naturalización de los estándares de belleza y la difícil reconciliación entre la autoexigencia y la aceptación.
Lejos de una confesión solitaria, la reflexión de Celis abrió una ventana a las complejidades internas que puede enfrentar cualquier madre en el posparto. Su relato sincero apunta a una conversación más amplia sobre amor propio, expectativas sociales y equilibrio entre la maternidad y la vida personal, y refuerza la idea de que las transformaciones luego de un embarazo no solo son físicas sino profundamente emocionales.