En medio de la repercusión que generó el testimonio de Valentín Yankelevich, quien habló fue su padre, Darío Giordano. Tanto Valentín como su hermano Franco lo denunciaron hace 12 años por presuntos episodios de violencia y por el calvario que, según relataron, vivieron desde los 9 años, tras la muerte de su madre, Romina Yan.
“Les pido perdón”: el descargo de Darío Giordano tras el testimonio de Valentín Yankelevich
Tras la denuncia pública de su hijo, el viudo de Romina Yan emitió un comunicado contado su versión de los hechos.


En aquel momento hubo una causa judicial y los chicos quedaron bajo la tutela de su abuelo, Gustavo Yankelevich. Su hermana Azul, en cambio, permaneció con su padre. Según se había explicado, Gustavo no quiso separarla de él porque no habría sido parte de los presuntos episodios de violencia denunciados por sus hermanos.
El descargo de Darío Giordano

Tras la repercusión de las declaraciones, Giordano hizo llegar un comunicado en el que rechazó las acusaciones y dio su versión de los hechos. En el texto, recordó su historia con Romina, habló del dolor que atravesó tras su muerte y cuestionó la exposición pública del conflicto familiar.

“Soy una persona simple. Me crié en un barrio rodeado de amigos y, sobre todo, de mucho amor. Nos enamoramos profundamente con Romina y decidimos formar una familia. De ese amor nacieron nuestros tres hijos, que fueron y siguen siendo lo más importante de mi vida”, leyó Ángel de Brito.
Y sumó: “Fuimos padres muy jóvenes. Aprendimos mientras construíamos nuestra propia historia y compartimos sueños, alegrías y dificultades, como cualquier familia. La muerte inesperada y repentina de Romina destruyó el mundo que conocía. Nunca imaginé vivir una vida sin ella. De un día para otro perdí a mi compañera, a la mujer que amaba y a la persona con la que había imaginado pasar el resto de mi vida”.
“Pero no tuve tiempo de detenerme. Había tres chicos que también habían perdido a su mamá y que necesitaban a su papá. Desde entonces, todo cambió. Muchas personas quisieron ayudarme. Todos tenían una opinión sobre lo que debía hacer, cómo debía seguir y cómo tenía que criar a mis hijos”, recalcó.
Sobre su reacción en aquel entonces tras quedar viudo, dijo: “Agradezco la ayuda de quienes estuvieron cerca en ese momento. Pero, viudo a los 36 años, en medio de ese dolor, había algo que tenía absolutamente claro: quería estar con mis hijos y seguir siendo su papá”.
La defensa del rol paterno
Dijo que a la pérdida de Romina se sumaron conflictos y situaciones que jamás hubiera imaginado. “En el momento de mayor vulnerabilidad de mi vida, cuando intentaba reconstruir una familia atravesada por una ausencia irreparable, también me encontré teniendo que defender mi lugar como padre. Y no siempre fue en igualdad de condiciones”, recalcó.

“Tuve que aprender a vivir con la ausencia de Romina y, al mismo tiempo, acompañar a tres chicos que también habían perdido a su mamá. No fue fácil. Seguramente cometí errores. Nunca pretendí ser un padre perfecto. Hice lo que pude con las herramientas que tenía y en circunstancias que jamás hubiera imaginado atravesar”, sentenció.
Sobre ese sinceramiento, soltó: “Pero una cosa es reconocer mis errores como padre y otra muy distinta es aceptar que se construya sobre mí una imagen que no reconozco”.
“Hoy me encuentro frente a acusaciones públicas de una gravedad enorme que me producen un profundo dolor. Quiero dejar algo en claro: rechazo las acusaciones de violencia que se me atribuyen. Ni antes ni después del fallecimiento de Romina hubo episodios de esas características en nuestra familia”, cerró.








