A un año de su puesta en marcha, el Centro de Denuncias 911 (CD911) empieza a mostrar números y, sobre todo, un cambio de lógica en la relación entre el vecino y el sistema de seguridad. Ya no todo pasa por la comisaría ni por la urgencia. Ahora, también, por un llamado.
En una conferencia brindada este jueves, la secretaria de Gestión Institucional del Ministerio de Justicia y Seguridad, Virginia Coudannes, puso sobre la mesa el balance inicial de la nueva herramienta: más de 9.200 comunicaciones recibidas, de las cuales unas 6.600 se transformaron en denuncias formales. El resto, aclaró, no se perdió: derivó en orientación jurídica.
Escuchar al vecino
El dato no es menor. Detrás de cada llamada que no terminó en denuncia hay un vecino que fue escuchado, asesorado y, en muchos casos, reencauzado hacia otras dependencias del Estado. “No todo es delito, pero todo requiere respuesta”, fue la idea que sobrevoló la presentación.
El sistema —integrado a la central 911— permite denunciar hechos que no requieren intervención inmediata: robos ya consumados, amenazas, estafas, lesiones leves o incumplimientos judiciales.
Abogados en línea
Del otro lado de la línea no hay operadores improvisados: atienden abogados, quienes toman la exposición, le dan forma legal y la derivan directamente al Ministerio Público de la Acusación (MPA). El denunciante, en tanto, recibe un certificado digital en su correo electrónico.
En términos operativos, el mecanismo también aporta velocidad: una denuncia puede completarse en un lapso de entre 20 y 25 minutos. Sin traslados, sin filas, sin horarios restrictivos más allá de la franja de atención diaria, de 8 a 20.
Santa Fe y Rosario
El mapa provincial se divide en dos grandes centros: uno en Santa Fe, con cobertura del centro-norte, y otro en Rosario, que absorbe el sur. Los números reflejan esa distribución: más de 3.000 llamados en la capital provincial —con más de 2.000 denuncias— y más de 6.000 en Rosario, donde las denuncias superan las 4.500.
En cuanto al tipo de hechos, el ranking se repite con matices según la región. En Santa Fe predominan los robos, seguidos por amenazas y estafas. En Rosario, en cambio, a los robos y amenazas se suma el hurto antes que la estafa.
Detrás de esos listados aparece un fenómeno que preocupa: el crecimiento de las estafas, muchas de ellas bajo modalidad virtual, con autores que operan incluso fuera del país.
La herramienta, además, empieza a aportar algo que hasta ahora era difuso: datos. Información que no sólo alimenta estadísticas, sino que también se traduce en decisiones. Desde el 911 confirmaron que estos registros ya se utilizan para construir mapas del delito y definir operativos policiales focalizados.
Saturación con apoyo aéreo
En esa línea se inscriben los recientes procedimientos de saturación en zonas puntuales, con fuerte presencia policial e incluso apoyo aéreo. Más de 200 personas identificadas y decenas de vehículos controlados forman parte de esos despliegues que, según indicaron, responden a un criterio: intervenir donde los llamados marcan mayor conflictividad.
El subsecretario Juan Manuel Musurana fue claro en ese punto: el sistema no compite con la emergencia, la complementa. “Ante la duda, siempre se envía el móvil”, aseguró. Y remarcó que la incorporación de denuncias no urgentes no afectó la capacidad de respuesta ante situaciones críticas, donde los tiempos de arribo se mantienen en torno a los cinco minutos.
En paralelo, el impacto también se mide hacia adentro del sistema: descomprime comisarías y suma denuncias que antes no se hacían. La llamada “cifra negra” —los delitos que no se reportan— empieza a reducirse, empujada por la accesibilidad.
En definitiva, el CD911 no cambia la naturaleza del delito, pero sí la forma en que se lo registra y se lo procesa. Y en ese terreno, donde la información vale tanto como la patrulla, el gobierno provincial apuesta a que cada llamada cuente.