La madrugada del domingo 5 de abril quedó en el centro de una investigación que hoy conmueve a Chubut. Ángel, de 4 años, fue llevado al Hospital Regional de Comodoro Rivadavia luego de una emergencia ocurrida en la vivienda donde estaba con su madre, y murió poco después de ingresar en estado crítico.
Conmoción en Comodoro Rivadavia por la muerte de un nene de 4 años
El menor ingresó sin signos vitales al Hospital Regional de Comodoro Rivadavia, y las primeras pericias detectaron lesiones internas, en especial en la cabeza. Desde entonces, la causa avanzó entre dos relatos opuestos: el del padre, que asegura que a su hijo “lo mataron”, y el de la madre, que niega cualquier agresión y dice que el chico se descompensó mientras dormía.

En las primeras horas, el episodio fue presentado como un paro cardiorrespiratorio. Pero ese encuadre empezó a resquebrajarse cuando los estudios forenses preliminares señalaron lesiones internas, especialmente en la cabeza, un hallazgo que obligó a dejar de lado, al menos por ahora, la hipótesis de una muerte natural.
Según la reconstrucción inicial incorporada a la causa, el nene estaba en la casa con su madre cuando comenzó la emergencia. De acuerdo con el relato que ella dio luego a la prensa, esa mañana lo despertaron para llevarlo al baño, advirtieron que se había orinado, lo acostaron de nuevo y, minutos después, notaron que no respiraba.
La madre, Mariela Altamirano, sostuvo que empezó a hacerle RCP y llamó de inmediato a la ambulancia. También contó que, mientras esperaban asistencia, salió a la calle con su marido y el chico en brazos para pedir ayuda a los vecinos, y afirmó que cuando llegó el personal médico el nene todavía tenía signos vitales, aunque le faltaba oxígeno.
Ese es, hasta ahora, el eje de su versión. Altamirano niega haber agredido a su hijo y asegura que ella misma quiere saber cómo se produjeron las lesiones detectadas por la autopsia preliminar. “Yo no maté a mi hijo”, dijo, y remarcó que no le pegaron al nene.
Del otro lado aparece una acusación frontal. El padre de Ángel dijo públicamente que su hijo no tenía enfermedades previas y rechazó de plano que se intente explicar el desenlace como una muerte natural. En su testimonio, apuntó de manera directa contra la madre y resumió su postura con una frase: “Lo mataron”.
El hombre también sostuvo que venía advirtiendo sobre el riesgo que, según él, corría el nene. Contó que existía una disputa judicial por la tenencia, que Ángel pedía quedarse con él y que sus reclamos no fueron escuchados por los organismos que debían intervenir. Incluso habló de una pelea previa frente a la Fiscalía, en el marco de ese conflicto familiar.
En esa misma línea, el padre y su pareja agregaron que el chico sufría malos tratos y que al entorno comenzaron a llegarles mensajes sobre presuntas situaciones de abandono, suciedad y golpes. También cuestionaron que la madre se retirara del hospital, según su versión, mientras ellos permanecían junto al nene hasta su muerte. Esos dichos forman parte del cuadro acusatorio, pero siguen siendo materia de investigación.
Otro elemento que cobró relevancia fue un video difundido por la pareja del padre, en el que se ve a Ángel llorando y diciendo que no quería ir con su madre. La secuencia se viralizó y pasó a integrar el contexto que analiza la Justicia, en una causa que también revisa cómo fue el recorrido del niño por el sistema de cuidado y qué decisiones se tomaron en torno a su convivencia.
La defensa pública de la madre no se limitó a negar el hecho. Altamirano también apuntó contra su expareja, a quien acusó de haber ejercido violencia de género durante el embarazo y de atravesar problemas de consumo de alcohol y drogas. Según su relato, esa situación la expuso a necesidades económicas y fue una de las razones por las que decidió separarse.

En medio de esa tensión, la mujer explicó además por qué no fue al velorio de su hijo. Dijo que recibió amenazas contra ella y su familia, y que priorizó resguardar a su beba de seis meses. Esa ausencia fue mencionada también por el padre y su entorno, pero desde la versión materna quedó asociada al temor a represalias.
Mientras las dos partes profundizan sus acusaciones, la causa judicial sigue abierta y sin detenidos. Los investigadores esperan los resultados definitivos de la autopsia y de otros peritajes complementarios, al tiempo que analizan los celulares secuestrados y toman testimonios para reconstruir con precisión qué ocurrió en las horas previas a la muerte de Ángel.
La pregunta central, por ahora, sigue intacta: cómo y cuándo se produjeron las lesiones internas que aparecieron en los estudios preliminares. Entre la versión de una descompensación repentina y la denuncia de un homicidio, la investigación intenta ordenar una escena atravesada por una vieja pelea por la tenencia, recriminaciones cruzadas y un nene de 4 años cuya muerte todavía no encuentra una explicación definitiva.









