Disparos contra un gallo en barrio Ciudadela: la policía secuestró un arma
El ave se instaló en un árbol en la zona de San Lorenzo y Quintana. El sábado un vecino le disparó con un rifle de aire comprimido. Tras ser denunciado, personal policial ubicó al agresor y le secuestró el arma.
El gallo y su canto desató la ira de un vecino violento. Foto: Gentileza
Lo que comenzó como una postal curiosa y hasta tierna en barrio Ciudadela terminó derivando en una intervención policial, el secuestro de un arma y una denuncia formal. El protagonista: un gallo callejero que desde hace meses se instaló en la esquina de San Lorenzo y Quintana, y fue adoptado de hecho por varios vecinos.
Pero el pasado fin de semana surgió un serio conflicto: un hombre, cansado del canto matinal, decidió atacarlo con un arma de aire comprimido.
Hace aproximadamente tres meses, el ave apareció en la zona y eligió un árbol como refugio. Desde entonces, se volvió parte del paisaje cotidiano. “Duerme ahí, a la mañana baja y entre varios vecinos le damos de comer y agua”, relató Marisa, una de las mujeres que se convirtió en su principal protectora.
"Cocó" (como lo llaman los vecinos) retoza ajeno a cualquier conflicto. Foto: Gentileza
El gallo recorre veredas, picotea el pasto, come maíz y bichos, y canta —como dicta su naturaleza— durante un breve lapso del día. “No hace nada más que cantar. No molesta, no ataca, no rompe”, coinciden quienes conviven con él.
Disparos en la calle
Lejos de generar problemas, el animal se transformó en una pequeña atracción. Vecinos que frenan el auto para mirarlo, chicos que se acercan con curiosidad y adultos mayores que lo sienten como parte del barrio. “Acá no se veían gallos. Es algo distinto, algo lindo”, cuentan.
Sin embargo, no todos compartieron esa mirada. El sábado por la tarde, alrededor de las 15.30, la tranquilidad se quebró. Un vecino tomó un arma de aire comprimido y le disparó al gallo. Todo quedó registrado en un video que rápidamente circuló entre los frentistas. Marisa fue alertada por teléfono y salió corriendo de su casa.
“Le dije ‘¿qué hacés?, estás loco’. Y él me respondió que el gallo lo tiene repodrido, que le molesta, que no lo quiere acá”, recordó la mujer, aún conmocionada.
La discusión escaló. “Le pregunté qué solución tenía, si quería que lo matemos. El gallo canta un rato y después nada más. Camina, va y viene”, explicó.
Para los vecinos, la gravedad no estuvo solo en el disparo sino en la premeditación. “Compró el arma por internet. Eso es lo que más asusta”, advirtieron.
Intervención policial y arma secuestrada
Tras el episodio, se radicó una denuncia y se labró una constancia policial. Personal policial llegó al lugar ese mismo sábado y procedió al secuestro del arma de aire comprimido, junto con balines y la caja original.
“Nos mostró todo y se lo llevaron. También dijo que tenía una escopeta”, detallaron los vecinos que presenciaron el operativo.
Más allá de que el aire comprimido no sea letal, el temor es concreto. “Te lastima feo. Imaginate si le daba en un ojo o a una persona”, expresó Marisa.
El gallo, asustado, buscó refugio. “Voló y cayó en el portón de mi casa. Fue como si viniera a buscar protección”, relató. La escena dejó una marca emocional en quienes lo cuidan.
Convivencia en jaque
El caso expuso una tensión cada vez más frecuente en las ciudades: la convivencia entre humanos y animales urbanos. Para algunos, el gallo es una molestia; para otros, un símbolo de cuidado comunitario.
“Somos un barrio tranquilo, gente grande, nunca tuvimos problemas. Esto nos descoloca”, lamentaron.
"Cocó" (como lo llaman los vecinos) retoza ajeno a cualquier conflicto. Foto: Gentileza
Ante el temor de nuevos ataques, los vecinos ya piensan en una solución definitiva: adoptarlo formalmente y alojarlo dentro de una vivienda. Marisa ofreció su patio y sueña con hacerle un pequeño gallinero.
“El mismo policía me dijo que si está dentro de una casa no va a haber problema. Nosotros lo queremos, pobrecito”, concluyó.
Por ahora, el gallo sigue en su esquina. Canta un rato, baja del árbol y come maíz. Y el barrio, atento, espera que la violencia no vuelva a apuntar contra el más indefenso.