La familia de Mauro González busca justicia por su muerte y apunta contra el accionar policial
La víctima tenía 35 años y su cadáver fue hallado dentro de una celda de la Comisaría 8a. Sus padres y hermanos se presentaron como querellantes en la causa. “A nuestro hermano lo mataron”, aseguran Romina, Natalia y Lucas.
Mauro -de remera blanca- con Lucas y Romina, dos de sus hermanos. Foto: El Litoral
Mauro Daniel González tenía 35 años y era vecino de barrio Yapeyú, en la zona noroeste de la ciudad de Santa Fe. Fue hallado sin vida, en una celda de la Comisaría 8a, la madrugada del pasado domingo 18 de enero. El día anterior, a plena luz del día, había sido arrestado frente a su casa en un operativo plagado de irregularidades. La familia no tiene dudas de que fue asesinado por los uniformados.
Los tres hermanos de la víctima se constituyeron como querellantes en la causa y luchan para impulsar la investigación del hecho. Romina, Natalia (es policía desde hace más de 20 años) y Lucas, con el patrocinio del abogado Rodolfo Mingarini, repasaron con visible dolor lo que ellos pudieron reconstruir a partir de distintos testimonios obtenidos sobre el día del operativo trágico.
“La investigación todavía no arrancó prácticamente. Nosotros estamos impulsando las medidas, desde hace aproximadamente un mes. Se perdió el impulso”, lamentó el doctor Mingarini.
Romina, Natalia y Lucas González, con su abogado, el doctor Mingarini. Foto: Manuel Fabatía
Siesta
El arresto de Mauro se dio poco después de las 14 de ese sábado, en inmediaciones del cruce de calles Hermanos Figueroa y Chaco.
“Mi hermano tenía cinco hijos, el más chico de diez meses y el más grande de 13 años. Trabajó por mucho tiempo en un frigorífico, pero ahora estaba desempleado. Lo habían operado, estuvo con una colostomía por un año y le quedaron secuelas por las que no podía hacer fuerza”, contó Romina.
“Lo que sabemos es que aproximadamente a las 14.20 estaba en la vereda de su casa y charlaba con su mamá, María Rosa. Ella entró a su domicilio y cuando volvió a salir, a los cinco minutos, ya Mauro estaba tirado en el piso. Lo habían esposado y un policía lo aplastaba con su rodilla en la espalda. En seguida llegaron siete móviles más, del Comando Radioeléctrico y de Infantería”, dijo Lucas.
Aparentemente, una vecina había llamado a la Central de Emergencias 911 para avisar que había un hombre haciendo disturbios en la vía pública. La descripción del presunto sujeto agresivo indicaba que tenía un pantalón blanco.
“Mi hermano tenía un short de ese color. Los policías dicen que se resistió, pero testigos lo niegan. Algunos dicen que lo golpearon contra el paragolpes de la chata antes de tirarlo adentro de la ‘caja’. Todo pasó ante los ojos de la mamá y el papá, y de muchos vecinos, algunos de los cuales tienen miedo de declarar porque la policía hizo un trabajo de hostigamiento en el barrio”, aseguró Lucas.
María Rosa, la mamá de Mauro, fue testigo de su arresto. Foto: El Litoral
Más golpes
“Salieron tipo convoy y apenas doblaron, en la otra esquina, en calle Malvinas, frenaron y varios se bajaron para pegarle. Otros testigos miraban y cuando se dieron cuenta de que era Mauro le gritaron a los policías, que se se subieron a sus vehículos y se fueron”, reconstruyó el abogado.
“Luego pasaron por la Comisaría 7a -agregó-, donde uno de los policías se bajó y por algún motivo discutió con el jefe de esa seccional. En ese momento, Mauro se cayó o saltó de la caja de la camioneta y en el piso un uniformado le pateó la cabeza. El procedimiento inicial fue del Comando Radioeléctrico, pero intervinieron otras fuerzas.
“Quienes llevaban a Mauro tomaron avenida Teniente Loza y volvieron a frenar cerca de la circunvalación, donde habitualmente hay un carribar. Ahí los toma la cámara cuando se detienen. Hay más gente que vio cómo le seguían pegando, dos con las culatas de sus escopetas, pero las imágenes del video no son claras, porque hay árboles que dificultan la visión”.
Mingarini señaló que en la autopsia, el cuerpo de Mauro presentaba lesiones desde los pies a la cabeza. “Todos le pegaron. Es sistemático en este tipo de situaciones, para que todos los que intervienen queden involucrados”, enfatizó.
Inconsciente
Lucas siguió con el recorrido que pudieron reconstruir. “Subieron al a circunvalación y pararon a cargar combustible en una estación de servicio frente a la cancha de Colón. Ahí los toma otra cámara. Ya Mauro no se movía. En una imagen un policía le levanta la cabeza y se caía inmediatamente. Estaba inconsciente”, manifestó.
El abogado relató que después se ve a los policías llegar a la Comisaría 1a, en el centro de la ciudad.
“Allí, uno se baja y habla con la recepcionista. Le pide que baje el profesional de medicina legal y le haga el examen en la caja de la camioneta. La médica les dice que no, que lo entren. No podía caminar solo. Se ve en las imágenes. La doctora puso que el preso no colaboraba, pero la realidad era que no podía ni hablar.
“Entonces lo llevaron a la Comisaría 8a. Sabemos que hubo una discusión por el estado en el que llegó Mauro y personal de la seccional quería que lo lleven al hospital. Intervino personal jerárquico y ahí quedó en una celda".
Final trágico
“La oficial de guardia informó sobre su fallecimiento a la madrugada. Se dieron cuenta de que no respiraba, a eso de las 2.30 del domingo. Nunca pidieron la ambulancia. La fiscalía había ordenado que le den la libertad a las 22.30 del sábado. Esa noche, un primo de él, que es policía, fue a preguntar y le dijeron que estaba bien, que dormía”, explicó el abogado.
La familia afirmó que en la autopsia se ve que todas las lesiones se produjeron cuando Mauro estaba con vida, salvo unas marcas en las muñecas. “Ya estaba muerto cuando le sacaron las esposas. Aparentemente se broncoaspiró con algún tipo de fluido, pero faltan análisis para el resultado final de la autopsia”.
El caso, inicialmente caratulado como “muerte dudosa” por la fiscalía, fue derivado a la Unidad de Violencia Institucional del Ministerio Público de la Acusación. “El impulso inicial de la investigación se perdió. Hace más de un mes que estamos impulsando las medidas nosotros como querella”, se quejó Mingarini.
Natalia expresó su desazón por la “impunidad de los responsables” de la muerte de su hermano. “No entendemos como familia que ellos sigan trabajando de la misma manera. Los cruzamos en la calle. Es muy difícil. Es como que la muerte de mi hermano fue nada. Ellos no están ni sumariados.
"Antecedentes"
Para Lucas, “se está tratando de tapar más que investigar. El caso es de extrema violencia. Santa Fe no está acostumbrada a ver cosas así. Vemos que quien tenía que cuidar terminó actuando como una asociación ilícita. Acá hubo una serie de acciones y omisiones de partícipes directos e indirectos.
"Da tristeza porque un llamado por un ‘desorden’ que se podría haber resuelto en diez minutos pasó a un suplicio para mi hermano y para toda la familia. Él ya no vive. Hay cinco chicos sin su padre. Una madre que llora todos los días por su hijo”, dijo.
“Hemos visto en la provincia cosas parecidas con el caso de Franco Casco, en 2014, en Rosario. A los policías -añadió- que mataron a mi hermano les jugó en contra que el procedimiento se hizo un sábado, a la siesta, ante muchísima gente, con filmaciones. No se puede tapar. Si pasaba a la madrugada, a mi hermano lo hubiésemos encontrado en un descampado o flotando en el río.
Finalmente, Mingarini acotó: “En el caso de Casco terminó interviniendo la Justicia Federal y tal vez esto vaya por el mismo camino. Podemos estar frente a un encubrimiento del sistema. En la ciudad de Santa Fe sólo se me ocurre un antecedente… el más inmediato es el del caso Duarte, en abril de 1998”.
El abogado hacer referencia al crimen de Miguel Duarte, quien fue asesinado luego de dos días de torturas en un calabozo de la División Robos y Hurtos de la Unidad Regional I. Su muerte provocó un terremoto en toda la estructura de la policía provincial.