La madrugada todavía estaba sobre barrio Guadalupe cuando el teléfono sonó del otro lado de la línea. Eran cerca de las tres cuando un comerciante de la zona recibió el llamado que ningún dueño de negocio quiere escuchar: la policía le avisaba que habían intentado entrar a su local gastronómico ubicado sobre calle Regimiento 12 de Infantería al 600, frente a la Basílica de Guadalupe.
El hombre salió de inmediato hacia el lugar, aunque en el camino recibió una nueva comunicación de los uniformados que ya estaban trabajando en la escena. Según le informaron, los sospechosos habían sido interceptados tras el intento de robo.
Portón violentado
Con cautela, decidió acercarse caminando desde una cuadra cercana para evaluar lo ocurrido. Al llegar se encontró con los daños: los delincuentes habían violentado un portón del local en un intento por ingresar. La estructura no daba acceso directo al interior del negocio, pero el destrozo bastó para generar preocupación y gastos inesperados.
“Gracias a Dios no pasó a mayores”, relató el comerciante más tarde, todavía con el cansancio de una noche que terminó lejos del descanso. Durante casi dos horas tuvo que quedarse en el lugar realizando reparaciones provisorias para poder cerrar nuevamente el acceso y evitar nuevos inconvenientes.
El episodio dejó como saldo daños materiales y el trámite posterior de la denuncia policial, que el damnificado debía formalizar en sede de la comisaría correspondiente.
También en un kiosco
Con el correr de las horas también surgió otro dato que podría estar vinculado con los mismos protagonistas. Según comentó el comerciante, los sospechosos habrían intentado previamente ingresar a un kiosco ubicado frente a la plaza del barrio, aunque en ese caso no lograron concretar el robo.
Las cámaras de seguridad del comercio alcanzaron a registrar el movimiento de los intrusos, aunque las imágenes no permitirían identificar con claridad sus rostros.
Para quienes trabajan y viven en los alrededores de la Basílica de Guadalupe, la situación no resulta del todo nueva. El comerciante, que lleva más de una década con su negocio en la zona, asegura haber presenciado distintos episodios de inseguridad a lo largo de los años.
"Caras" extrañas
En su relato también aparece una realidad que los vecinos mencionan con frecuencia: la presencia de personas que pernoctan en la plaza o en los alrededores del templo, un movimiento que, según describen, suele renovarse constantemente.
Aun así, quienes transitan diariamente por el barrio reconocen la presencia periódica de patrullajes policiales y móviles de seguridad que recorren la zona. Pero como ocurre en tantos otros sectores de la ciudad, la extensión del territorio y la multiplicidad de situaciones hacen que prevenir cada episodio resulte una tarea compleja.
Esta vez, el intento de robo no llegó a consumarse. Pero dejó otra señal de alerta para comerciantes que, cada noche, bajan las persianas con la esperanza de que al día siguiente todo siga en su lugar.