Una denuncia radicada en la Comisaría 28ª de Colastiné encendió las alarmas este lunes por la tarde. Una mujer se presentó en sede policial para advertir que su hija, de apenas 8 años, habría sido víctima de grooming a través de la red social TikTok.
El caso ya es investigado por la fiscalía en turno y podría derivar en la intervención de áreas especializadas en ciberdelitos.
Primer contacto en TikTok
De acuerdo a la exposición realizada cerca de las 14 en la dependencia policial de la zona de Teófilo Madrejón, todo comenzó en la plataforma TikTok.
La madre relató que su hija habría iniciado contacto con un perfil que se presentaba bajo el nombre “Gina”. Con el correr de los días, el intercambio pasó de la aplicación a un número telefónico que el propio usuario facilitó.
Según consta en la denuncia, la persona detrás de ese perfil habría comenzado a insistir en el envío de fotografías. La menor habría enviado imágenes e incluso un video.
Amenazas y presión
El hecho tomó un cariz más grave cuando, siempre según el relato materno, comenzaron las amenazas.
La denunciante aseguró que la persona que se hace llamar “Gina” habría advertido que difundiría el material recibido si la niña no continuaba enviando contenido.
Ante esta situación, la mujer decidió intervenir de inmediato: desinstaló la aplicación del teléfono de su hija y bloqueó el número desde el cual provenían los mensajes.
Intervención policial y directivas
Personal de la Comisaría 28ª dio aviso a la línea especializada correspondiente en este tipo de delitos. Desde allí se impartieron directivas preliminares claras: Preservar capturas de pantalla y todo el material digital; No continuar la interacción con el perfil investigado; No alertar al usuario sospechado y Aguardar instrucciones de la autoridad fiscal.
Las actuaciones de rigor ya fueron labradas y el caso quedó en manos de la fiscalía competente, que deberá determinar los pasos procesales y la eventual intervención de áreas técnicas dedicadas a ciberdelitos.
Un delito silencioso que crece
El grooming es un delito que se configura cuando un adulto contacta a un menor a través de medios digitales con fines sexuales, utilizando engaños, manipulación o amenazas.
En este caso, la rápida intervención de la madre permitió frenar la comunicación y poner el hecho en conocimiento de la Justicia. Ahora, la investigación intentará determinar quién está detrás del perfil falso y desde dónde se realizaron los contactos.
Mientras tanto, el episodio vuelve a exponer los riesgos a los que están expuestos niños y adolescentes en entornos digitales sin supervisión.