"Sin lesiones visibles y con cansancio en su rostro", detalló el jefe de Gendarmería
Claudio Brilloni recibió a Nahuel Gallo y destacó su fortaleza física y emocional tras la detención en Venezuela. "Está ubicado en tiempo y espacio. Ahora se evalúa su condición fisíca y anímica", precisó el jefe.
Emotivo reencuentro entre Brilloni y Gallo en suelo argentino. Foto: Gentileza
El jefe de la Gendarmería Nacional, Claudio Brilloni, fue quien encabezó el recibimiento institucional del cabo Nahuel Gallo, liberado tras 448 días de detención en Venezuela por orden del régimen de Nicolás Maduro. Pero más allá del protocolo, el encuentro tuvo un tono personal: Brilloni no saludaba solo a un subordinado; volvía a estrechar la mano de alguien a quien había tenido bajo su mando.
“Fue realmente emocionante recibirlo después de tanto tiempo de angustia e incertidumbre”, confió el jefe de la fuerza en diálogo exclusivo con El Litoral. Y enseguida agregó un detalle que explica la carga emocional del momento: “Con Nahuel trabajamos juntos. Lo tuve en mi fuerza. Siempre fue un muchacho muy operativo, muy trabajador. Le tocó estar en zonas difíciles y jamás demostró temor”.
Ese pasado compartido convirtió el saludo en algo más que un acto formal. Cuando Gallo lo vio, recordó aquellos tiempos. “Cuando se estrechó en un abrazo conmigo, me dijo que se acordaba de esos destinos complicados”, relató Brilloni. El jefe describió la escena sin épica exagerada: un hombre cansado, pero entero.
Sin lesiones visibles, con cansancio en el rostro
El cabo arribó vestido de civil. Fue la propia institución la que decidió devolverle el uniforme antes de ingresar al edificio Centinela (cuartel central de Gendarmería). “Estaba con ropa informal, así que nosotros lo vestimos con su uniforme de cabo”, explicó Brilloni. El gesto, sencillo pero cargado de simbolismo, fue leído puertas adentro como una restitución moral.
Sobre su estado físico, el jefe fue prudente pero claro: “En líneas generales lo noté bien. No presentaba ninguna lesión ni marcas visibles”. Sin embargo, el protocolo indica algo más que una impresión a simple vista. “En este momento está en la parte de hospital, donde se le está haciendo una exhaustiva revisación médica. Queremos saber cuál es su condición física y anímica, por supuesto”.
Claudio Brilloni en Santa Fe Policiales. Foto: archivo El Litoral
Brilloni fue especialmente cuidadoso al referirse al aspecto emocional. “Al menos en superficie no noté nada extraño. Está ubicado en tiempo y espacio, habla perfectamente. Sí tenía un semblante de cansancio. No solo por las horas de vuelo, sino por lo difícil que fue atravesar su detención”.
El silencio como decisión institucional
Hay una pregunta que sobrevuela cada conversación: ¿qué ocurrió durante esos casi quince meses de detención? Pero esa respuesta, por ahora, no será forzada.
“No se habló nada de eso y nadie le preguntó”, subrayó Brilloni. “Es un tema muy delicado. La postura nuestra como fuerza es no presionarlo para que cuente lo que le tocó vivir. Queremos que sea él quien, cuando esté preparado, decida expresarlo”.
El mensaje es claro: primero la contención, después el relato. Primero la familia, luego el tiempo. “Lo más importante ahora es que vuelva a sentir el reencuentro con sus seres queridos. Después, el tiempo se encargará del resto”, afirmó.
Una detención ilegítima
Brilloni también fue categórico respecto al contexto que derivó en la privación de libertad del gendarme. “Que se deje bien claro que él viajó a Venezuela para visitar a su hijo y que estaba debidamente autorizado por las autoridades de ese país. Nahuel no fue a hacer ninguna actividad de espionaje o de inteligencia, como se lo acusó”.
Y remató: “La de él fue una detención ilegítima. Ni siquiera hasta ahora se conocen formalmente los cargos, más allá de lo que alguna vez alguna autoridad venezolana dijo”.
El jefe habla con la serenidad de quien sabe que el capítulo judicial y diplomático excede el plano personal. Pero en el centro de todo, insiste, hay un hombre que volvió.
El hombre detrás del uniforme
En la memoria de Brilloni, Gallo no es solo el protagonista de un conflicto internacional. Es aquel efectivo que trabajó en territorios hostiles sin retroceder. “Siempre fue de los que iban al frente. Nunca lo vi dudar en los lugares complicados”, recordó.
Única imagen conocida de Gallo en su lugar de detención. Foto: archivo El Litoral
Tal vez por eso el abrazo tuvo ese peso específico. No fue únicamente el recibimiento de un subordinado. Fue el reencuentro de dos hombres que compartieron terreno adverso y que hoy vuelven a cruzarse después de una prueba distinta, silenciosa y prolongada.
En el edificio Centinela las luces siguen encendidas. Los médicos avanzan con estudios clínicos y evaluaciones psicológicas. Afuera, el país ya conoce la noticia de la liberación. Puertas adentro, en cambio, la historia recién empieza a ordenarse. Primero el abrazo. Después, la reconstrucción.