El 25 de octubre de 2023, Edgar Britos apretó el gatillo de la escopeta que había heredado su padre y que era de su abuelo. Los perdigones impactaron en el costado de Miguel Alejandro Cárdenas, un joven de 19 años que quedó tendido en el suelo. Las municiones provocaron heridas internas tan graves que le ocasionaron la muerte instantes más tarde. Por el hecho, ocurrido en la localidad de Los Zapallos, el autor del disparo fue sometido a juicio oral y el tribunal la semana pasada lo halló culpable del homicidio, pero con exceso de legítima defensa.
“Le pido disculpas a la madre, pero yo tuve que elegir entre su hijo y la vida de mi familia”
Edgar Britos fue condenado esta semana por el homicidio del joven Miguel Alejandro Cárdenas. No obstante, el tribunal entendió que había actuado con exceso pero en legítima defensa y ordenó su inmediata libertad, después de pasar tres años en prisión preventiva.

Luego del incidente, Britos pisó por primera vez en su vida la comisaría para entregarse y quedó detenido. Después de pasar algunos días en una celda de la Alcaidía de Las Flores, lo trasladaron al Pabellón 5 Sur de la cárcel de Coronda. Allí vivió casi tres años en prisión preventiva, avergonzado de que su madre tuviera que visitarlo en el lugar y evitando que sus pequeños hijos entren para verlo. “Me conformaba con escuchar sus voces por teléfono”, dijo.
Edgar llegó a Los Zapallos, en el departamento santafesino de Garay, cuando tenía 18 años. Hoy tiene 33. “En ese entonces comencé a trabajar en un frigorífico. Luego, me dediqué a la pesca. Soy un laburante, como era mi viejo”, contó.
“La pasé mal en prisión -agregó-. Más todavía cuando me enteré de que le habían quemado la casa a mi familia y el auto a mi hermano. Ellos estaban afuera y en peligro. Los amenazaban por redes sociales. Se tuvieron que desparramar. Quedaron viviendo en la calle. Era desesperante. Me quería romper la cabeza contra un muro por la impotencia. Mi mamá me daba tranquilidad y yo trataba de tranquilizarla a ella”.
Según el abogado Martín Risso Patrón, en este video registrado por una vecina con su teléfono, se puede ver a Miguel Alejandro Cárdenas disparando con un revólver contra Britos y su familia. En un momento se escucha una detonación (se trataría del disparo de escopeta fatal efectuado por el acusado) y luego ya se se distingue al joven malherido en el suelo.
Britos está “conforme” con la Justicia. “En los videos se ve cómo fueron ellos (el fallecido y sus allegados) a mi casa a atacarnos a mí, a mi hermano, a mi familia. Yo había vuelto de la isla y estaba limpiando el auto. Se observa cómo el chico saca el arma de la cintura. Le apunta a mi hermano y empieza a gatillar, pero no le salieron los tiros. Se ve que tenía algunas balas viejas. Entonces me metí en casa. Tenía la escopeta al lado de la puerta, porque había ido a cazar”, detalló.
“Luego le empezaron a salir los tiros -añadió-. Yo le disparé con postas de goma primero y con munición chica a los pies después. Una bala de él impactó en mi tapial. Me salvé por eso y porque la mira de su revólver estaba descalibrada. Después pegó otro plomo en la pared de mi casa, al lado de mi hermana, que gritó y cayó al piso. Creímos que la había herido. Cárdenas se había parapetado atrás de un árbol. Después empezó a alejarse, pero giró y nos apuntó nuevamente".
Fue en ese momento que Britos hizo el tercer disparo, el que sería fatal, con munición gruesa. Le apuntó a la cadera. Uno de los perdigones ocasionó severos daños en órganos vitales del joven.

Pérdidas
Ante el tribunal -presidido por el juez Nicolás Falkemberg, e integrado por sus colegas Gustavo Urdiales y Leandro Lazzarini- Britos pidió la palabra y ofreció disculpas a la madre de Miguel Alejandro Cárdenas, "aunque sabía que ella no las iba a aceptar".
“Le pedí perdón a la mamá. Su hijo fue un muchacho que se crió con nosotros. Se sentó a nuestra mesa. Incluso, cuando quedó en la calle mi hermano le brindó una pieza para que pueda dormir. No sé qué pasó después. No fue más a mi casa y comenzaron los problemas”, explicó.

“Quiero arrancar de nuevo, pero es tan difícil. Perdí todo… perdí mi vivienda, tres años de vida encerrado, sin saber cuánto tiempo iba a estar en la celda. Cuando salí ya nada era lo mismo… ni mi casa, ni mi familia. Se tuvieron que desparramar todos porque no tenían donde vivir. Ahora mi mamá está alquilando una casita. Entre todos juntamos para el alquiler. Lo poco que queda va para pucherear… a veces hay, a veces no”, se lamentó.
Más adelante, insistió: “Se hizo justicia, porque gracias a Dios se aclararon las cosas, pero no tendría que haber pasado tanto tiempo. Yo nunca había tendido problemas con la policía. Nunca había estado preso. Siempre me manejé con respeto a los demás, como me enseñaron mis padres. Soy una persona humilde y limpia”.
“No estaba en mi mente hacerle daño a nadie, pero en ese momento era mi vida y la de mi familia o la de ese muchacho.

Alcance
Britos fue representado en el juicio por el abogado Martín Risso Patrón, quien asegura que el caso es una oportunidad para ver “de qué se trata la legítima defensa y hasta dónde tiene alcance. Muchas veces les cuesta a los jueces entender. En estos casos. los juicios por jurados serían mucho más justos, porque un ciudadano común sufre mucho más que un magistrado la violencia que hay en algunos barrios”.
“Hay una circunstancia que me quedó marcada. Durante el juicio, Lázaro Britos, hermano de Edgar, respondió al fiscal que lo interrogaba sobre cómo no iban a salir los tiros del revólver de Cárdenas. Le dijo: ‘si hubiesen salido yo estaría en un cajón’. Entiendo el dolor de la familia, pero están las municiones percutadas, esas balas no salieron, pero de haber salido hubieran muerto más personas. Otros proyectiles sí salieron, pero afortunadamente tenía un arma con la mira defectuosa.
“Entiendo -enfatizó- que hubo una agresión ilegítima, con un revólver, un instrumento para matar personas, que fue repelida por una escopeta de caza, que es la que usaba Edgar para poder sobrevivir”.
Risso Patrón dijo estar conforme a medias con el fallo. “Estoy satisfecho, porque la fiscalía pedía 20 años de prisión y Edgar quedó en libertad, pero creo que la legítima defensa fue sin excesos. A él lo atacaban con un arma. En todo momento intentó repeler esa agresión con los medios menos lesivos. Primero, con balas de goma. Luego, con munición fina en las piernas. En el último intento tuvo que tomar esa decisión que no fue fácil pero la tomó para defender a su familia”.
“Entiendo que la querella va a apelar. No sé si la fiscalía lo hará. Nosotros también apelaremos, porque entendemos que no hubo ningún exceso. Se podía haber evitado todo esto, en un acuerdo de procedimiento abreviado. Pudimos aceptar una condena no justa, pero Edgar habría salido en libertad a los 8 meses y no tres años. Eso es culpa de algunos jueces que no le ponen plazo a la prisión preventiva. Así, se alargan los procesos inútilmente. Ahora, apelaremos”, remarcó.








