En los últimos meses, un truco doméstico comenzó a circular con fuerza en redes sociales y portales de consejos para el hogar: agregar sal gruesa al lavar la ropa.

Un método simple y económico volvió a popularizarse como aliado del lavado. Expertos explican cómo actúa la sal en las prendas, qué beneficios tiene y cuándo conviene usarla.

En los últimos meses, un truco doméstico comenzó a circular con fuerza en redes sociales y portales de consejos para el hogar: agregar sal gruesa al lavar la ropa.
Aunque para muchos suena novedoso, lo cierto es que se trata de una práctica antigua que volvió a ganar popularidad por sus supuestos beneficios para el cuidado de las prendas y el funcionamiento del lavarropas.

Lejos de ser una simple tendencia viral, el uso de sal en el lavado tiene antecedentes en prácticas tradicionales de limpieza. Especialistas en cuidado textil señalan que este ingrediente común puede interactuar con el agua, el detergente y las fibras de la ropa, generando efectos que mejoran el resultado final del lavado.
Uno de los beneficios más mencionados es su capacidad para ayudar a fijar los colores, especialmente en prendas nuevas. La sal contribuye a que los pigmentos se adhieran mejor a las fibras textiles, lo que reduce el riesgo de que destiñan con los lavados frecuentes.

Además, puede potenciar la acción del detergente. Esto ocurre porque ayuda a reducir la dureza del agua, causada por minerales como el calcio y el magnesio, permitiendo que el producto de limpieza actúe con mayor eficacia.
Otro aspecto que destacan los especialistas es su efecto desodorizante. Gracias a su capacidad para absorber humedad, la sal puede colaborar en la eliminación de olores persistentes en ropa deportiva, toallas o prendas guardadas durante mucho tiempo.

El truco no requiere procedimientos complejos. En general, se recomienda agregar una o dos cucharadas de sal gruesa directamente en el tambor antes de iniciar el lavado, junto con el detergente habitual. Esta cantidad suele ser suficiente para notar sus efectos sin alterar el funcionamiento del electrodoméstico.
También puede utilizarse como pretratamiento en manchas difíciles. Aplicada directamente sobre la zona afectada —como restos de vino, sudor o grasa—, ayuda a absorber parte de la suciedad antes del ciclo de lavado, facilitando su eliminación posterior.
Además del impacto en la ropa, algunos especialistas sostienen que el uso ocasional de sal podría colaborar en el mantenimiento del lavarropas. Al actuar sobre los depósitos minerales, contribuiría a reducir la acumulación de cal y la formación de olores en el interior del aparato.
Sin embargo, recomiendan no abusar de este método y utilizarlo como complemento ocasional, no como reemplazo del detergente ni de los productos específicos de limpieza. Como ocurre con la mayoría de los trucos caseros, su eficacia puede variar según el tipo de agua, las telas y la frecuencia de uso.
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