Se notaba que había otra energía. Se transmitía desde la multitud que llenó el estadio como en los mejores tiempos de torneos de otra categoría, de otra envergadura, pero se correspondía con lo que desde adentro entregaban los jugadores. Hubo un solo equipo en la cancha desde el minuto cero. Colón se lo llevó por delante a Deportivo Madryn, lo presionó y marcó clarísimas diferencias desde lo físico, lo técnico y lo estratégico. El gol de Bonansea llegó en el mejor momento de Colón y producto de esto que acabamos de describir: Lago fue a presionar sobre la salida del rival, robó la pelota, entregó al medio para Cano y éste abrió para Bonansea, que dominó y metió un remate violentísimo, con furia, que dejó sin chances a Bonnin.
Esa furia sabalera mostraba picos. Por ejemplo, el muy buen entendimiento que se vio por la derecha, con el tándem Marcioni-Peinipil, que ya había dado algunos indicios en los amistosos en Uruguay y que lo ratificó. Por allí, por el costado derecho, hubo desborde y centros que complicaron a una defensa que se mostraba lenta y sorprendida ante el ímpetu de Colón.
La diferencia física también se hizo notoria. Y en el individual no hubo un solo duelo que los sureños pudieran ganar. Nazareno Solís trató de encimar a Ignacio Antonio y Cuero se paró de wing derecho pero no lo pudo superar nunca a Castet. Frenó su subida, pero entre Lago y Cano, que se tiró bastante por izquierda, se encargaron de darle fútbol y profundidad al equipo por ese costado.
Colón lo ganó a ese primer tiempo por una diferencia mínima en el resultado pero muy superior en el trámite del partido. Sólido en el fondo, la única intervención de Budiño fue para descolgar un centro desde la izquierda. Esa presión no pudo durar con la misma intensidad durante todo el primer tiempo. Colón se tomó algunos pequeños respiros, esos “recreos” que Deportivo Madryn no pudo capitalizar porque se encontró con un equipo bien ordenado, compacto y dispuesto a no resignar protagonismo ni dominio del partido, por más que el “velocímetro de la presión” no lo mantuvo “al palo”. Algo imposible por otra parte.
Tanto Bonansea como Cano no daban muestras de estar enteros en el comienzo del segundo tiempo y por eso Medrán no demoró las modificaciones. Tiró a la cancha a Castro y a Godoy, manteniendo a Lago por izquierda. Ya el segundo tiempo no mostraba la misma fisonomía del primero, al menos en el reinicio del partido. Colón no era el dominador absoluto y Madryn, sin mucha sorpresa, empezó a dividirle la posesión de la pelota y emparejó por un ratito el trámite.
Pero Colón hizo lo que debía hacer para empezar a definir el partido a su favor. Buen arranque por izquierda, toques rápidos y habilitación a Marcioni que acompañaba por derecha. El volante (de buen partido) recibió la pelota, amagó meter el centro al segundo palo, remató al arco con muy buena dirección y desde afuera del área, para descolocar al arquero y convertir el segundo sabalero.
No había dudas en cuanto a los merecimientos. En el primer tiempo, ya Colón había marcado una diferencia más clara que el 1 a 0. Por eso, el segundo gol llegó para agregar un manto de tranquilidad y también de justicia. Y además, levantó a la gente y reanimó al equipo, que otra vez empezó a mostrar la seguridad y la intensidad de esos primeros 20 o 25 del partido, animándose también a jugar al fútbol y a corresponder la enorme expectativa que despertó el equipo con una cancha que explotaba, de público y también de euforia.
Cristian Díaz empezó a mover el banco, tratando de conseguir el objetivo, aunque más no sea, de emparejar un partido que le era esquivo desde el primer minuto. Colón no bajaba el ritmo (se lo vio muy bien físicamente al equipo), con Antonio y Muñoz empujando, Marcioni y Lago complicando por afuera y la defensa cerrando todos los caminos a un Budiño convertido en espectador de lujo.
Casi sobre la media hora del complemento (iban 28 minutos), se produjo una gran explosión. El estadio irrumpió en aplausos cuando se produjo el ingreso de Federico Lértora, en reemplazo de un Nacho Antonio que fue uno de los que enarboló las banderas del fútbol sabalero. Y aquí se vio una señal de lo que es el grupo humano que se ha formado: Pier Barrios no dudó en darle la cinta de capitán a Lértora, que se la quiso devolver y el experimentado central, reconociendo la gran ascendencia que tiene el volante y lo que ha significado para la historia de Colón, no se la quiso tomar y allí quedó la capitanía en manos del campeón del 2021.
El final se vivió como una fiesta, a no ser por el descuento de Madryn con un desborde de Cuero (se le animó en el final a Castet) y el cabezazo en el área chica que encontró estáticos a todos. Colón se estaba debiendo una noche como la de este sábado desde hacía mucho tiempo.
Los sinsabores y las tristezas del año pasado, dieron lugar a la actuación de un equipo firme, convincente, que entró a la cancha con una confianza y un protagonismo acorde con ese marco espectacular que tuvo el estadio.