Hay que poner a todos en contexto: Colón llevaba más de 14 años luchando denodadamente en el torneo de ascenso por volver al círculo privilegiado que había abandonado en 1981. Y además, tenía todavía muy fresco el recuerdo de esa final de dos años antes, ante Banfield, que lo privó del regreso en la famosa tarde de los penales en Córdoba.
Colón, Godoy Cruz, la palmada de Chabay y su frase: “¡Este era el partido, vamos a ascender!”
Colón jugaba el encuentro de ida de semifinales del octogonal de 1995 ante Godoy Cruz en Mendoza. El partido fue muy “chivo”, hubo una gran actuación de Leo Díaz, un penal anulado a los mendocinos y el presagio del técnico sabalero que se hizo realidad.


A Colón le había costado mucho el partido de cuartos ante All Boys. Fueron dos empates (0 a 0 y 1 a 1) que lo dejaron con vida en el torneo, pero también con dudas. Y llegó el choque de semifinales con Godoy Cruz, otro equipo con pretensiones que pugnaba por jugar en Primera, mientras que por la otra llave venían San Martín de Tucumán, el rival de Colón en la final de ese torneo 94-95 y Atlético de Rafaela.
El partido en Mendoza se jugó el domingo 9 de julio de 1995 al mediodía. Estadio repleto, una multitud de hinchas de Colón, cancha pelada por las inexorables consecuencias del invierno (y de un estado de los campos de juego que nada tiene que ver con lo que se observa en la actualidad) y un partido que se complicó en demasía.
La gran mañana de Leo Díaz
Godoy Cruz fue el dominador en buena parte. Y allí apareció la figura de Leonardo Nicolás Díaz, el arquero con la mayor cantidad de partidos atajados en el club, que se convirtió en imbatible aquel día del encuentro en Mendoza, donde a Godoy Cruz se le anuló un gol en el transcurso del segundo tiempo.

Cuando terminó el partido, Nelson Chabay, entrenador sabalero, salió del vestuario visitante de la cancha de Godoy Cruz, encaró al enviado de El Litoral y con una palmada efusiva en el pecho le dijo: “¡Este era 'el partido' para nosotros, vamos a ascender!”. Esa confianza, seguramente, se la trasladó a los jugadores, porque a partir de allí vino lo mejor del equipo en la definición.
La revancha en Santa Fe, ante Godoy Cruz, fue una demostración de fútbol. Colón le ganó 5 a 0 con dos goles del Loco González y uno de Gambier, Risso y Unali en una fría tarde-noche de sábado y un Centenario eufórico. Después, la conocida historia de los dos triunfos ante San Martín de Tucumán: el 1 a 0 en el Jardín de la República con el golazo de Chupete Marini y el 3 a 1 en el Centenario, el 29 de julio de 1995 que selló la vuelta a la máxima categoría.
Hay muchos recuerdos de aquella campaña, como un partido clave de domingo a la mañana en la cancha de All Boys, cuando parecía que una eventual derrota podía terminar con el ciclo de Chabay al frente del equipo y una brillante actuación del Loco González (enorme figura en ese torneo), lo terminó “salvando”; los dos triunfos en los clásicos con una gran actuación del paraguayo; el gran acierto de Chabay de poner a Ibarra de “4” (era volante), traer a Ameli (jugaba de “8” en Central Córdoba de Rosario) y a un desconocido Kobistiyj (era titular en la reserva de Independiente) para armar una línea de cuatro que anduvo muy bien durante todo el año; o la abrupta despedida del fútbol del Chavo Comas (llegó como refuerzo impactante y apenas jugó el primer tiempo del primer partido ante Laferrere).
Todos estos – y muchos más – se pueden contabilizar y está bien que así sea, pero hubo partidos que fueron clave y quedaron en el recuerdo. Y aquellos dos, ante Godoy Cruz, resultaron determinantes para dar rienda suelta a esa alegría postergada por tantos años.








