Jugaron sabiendo que necesitaban ganar pero que no podían perder. Ninguno arriesgó lo suficiente. Salió entonces un partido luchado y en el que no hubo momentos de desequilibrio defensivo.
Colón fue poco fútbol y escasa ambición
Fue un partido extremadamente parejo y chato, con dos equipos a los que solo les servía ganar pero poco hicieron para lograrlo. Castet llegó a cinco amarillas y no podrá jugar ante Almirante Brown el sábado. Lo único bueno es que van cuatro partidos que no le convierten goles.

Ni Colón ni Mitre regalaron espacios atrás. Hubo poco y nada en el primer tiempo –en cuanto a situaciones de peligro-, algo más en el segundo, pero las defensas terminaron superando a los ataques. Y la ausencia de ideas se encargó del resto para justificar el 0 a 0.
Hubo, como se dijo, un claro control defensivo por parte de los dos desde el comienzo. Thaller fue el abanderado defensivo de un Colón que no sufrió en ningún momento durante el primer tiempo, salvo con un remate de Vázquez que detuvo Giménez sin problemas y otro de Garrido, cruzado, que se fue afuera. Y Colón tirando muchos centros a las manos de Pietrobono y sin capitalizar ni el juego de pivote que hacía Bonansea ni tampoco su altura en el área.
La mayor claridad en el juego la intentó poner Lago (otra vez de lo mejorcito). Apareció poco Antonio, no tanto Toledo y muy neutralizado Marcioni por Ferrari, el experimentado y buen lateral por izquierdo de un Mitre que, a la hora de atacar, intentaba la búsqueda de Machado, su goleador, quien fue bien marcado por la zaga central rojinegra.
Primer tiempo
El partido se hizo parejo, arrancó bien, como para entusiasmar, pero enseguida entró en el terreno de las imprecisiones y la ausencia de jugadas de peligro. En ese contexto, ninguno sacaba ventajas en el trámite, aunque tuvo más la pelota Colón en la primera mitad de esa etapa inicial y empujó más Mitre en la parte final. De todos modos, el 0 a 0 era lo que se ajustaba claramente a lo que ocurría, en un partido donde los dos ejercieron un control defensivo que justificó ese resultado parcial, no solo por la paridad sino por la falta de goles.

En el rendimiento sabalero, poco y nada de Marcioni (anulado por Ferrari), más participativo Lago (no se quedó estacionado por izquierda sino que se tiró bastante al medio para entrar más en juego) y la búsqueda con el pelotazo a Bonansea, que trabajó más de espaldas, pivoteando y con muy poco peso y gravitación en el área rival.
Sorprendió Delfino con la modificación que hizo para el segundo tiempo. Puso a Buosi (delantero) y sacó al único volante de neto corte defensivo (Lértora). El dibujo táctico pasó a ser un 4-4-2, con Antonio y Toledo jugando de doble cinco; Marcioni y Lago trataron de arrancar desde más atrás y por adentro jugaron los dos “9”. El cambio fue ofensivo, de eso no caben dudas. Pero el desafío era que no se notara la ausencia de un volante de marca en la mitad de cancha.
Complemento
Las emociones que escasearon en el primer tiempo, se dieron en el inicio del complemento. Colón la tuvo en los pies de Lago (después de una pelota que le “peinó” Bonansea adentro del área) pero el remate de aire, después del “sombrerito” a un defensor, fue a las manos de Pietrobono. Y enseguida llegó la más clara de todas las que hubo hasta ese momento, porque Machado lo “fusiló” a Tomás Giménez y el arquero sabalero tapó en forma espectacular lo que parecía la apertura del marcador a favor del local.
Salandín le hizo un favor a Colón cuando lo sacó a Maldonado. Y sobre los 20 de la parte final, Delfino sacó a un intrascendente Marcioni y puso a Beltrán por ese costado como volante, habiendo observado, seguramente, los riesgos que asumía Peinipil con cada ataque que se producía por su lateral, sin contar con el apoyo de un volante. Además, lo de Marcioni era muy flojo con la pelota en los pies, no le ganó casi nunca a Ferrari y su salida estaba totalmente fundamentada.

La figura de Tomás Giménez se acrecentó cuando tuvo que revolcarse con un remate bajo y bien dirigido de Cabral, en una jugada en la que Rasmussen lo había desplazado lícitamente afuera del área a Machado, pero un resbalón le dejó la pelota servida a Cabral. Mitre contó así con otra situación clara (la primera había sido el mano a mano de Machado) que Giménez supo desbaratar.
Era un partido de “gol, gana” como se dice habitualmente en la jerga futbolera. Un partido que se podía definir por un detalle. Por eso, ninguno de los dos arriesgaba lo suficiente. La premisa de los dos fue la de continuar con el control defensivo, aunque en el segundo tiempo elaboraron más desde lo ofensivo, después de lo poquito que ofrecieron en la parte inicial.

Muñoz por Toledo y Garate por Bonansea fueron las dos variantes siguientes que buscó Delfino. Dos modificaciones que no se apartaron de la lógica. Bonansea se había “fajado” toda la tarde con los defensores rivales (ganó y perdió pero complicó). Y el técnico puso a Muñoz para darle oxígeno al mediocampo en esa parte final, donde dentro de tanta paridad de partido cerrado, la premisa de no equivocarse en defensa (puso a Olmedo en el final en lugar del amonestado Castet) era fundamental para intentar aprovechar algo que se presentara en ofensiva.
Se terminaron conformando los dos con el empate. Tuvieron pocas ideas y claridad para complicar esos sistemas defensivos firmes, sin grietas, pero favorecidos por lo poco que generaron, ofensivamente, dos equipos que necesitaban ganar, pero que jugaron más a no perder.









