El panorama era muy oscuro al término del primer tiempo. Colón perdía, jugaba mal, no había tenido una sola situación clara de gol y, en contrapartida, Racing jugaba mejor y lo ganaba bien a través de ese gol de Chavarría (la figura), que tuvo la suerte de recibir el rebote de Budiño en el remate suyo desde los doce pasos, para convertir el único gol de ese primer tiempo favorable ciento por ciento a Racing.
El Colón del primer tiempo fue el que perdió el partido
La imagen híbrida, sin fútbol ni lucha, de los 45 iniciales fue determinante. En el segundo, la actitud cambió. Sin claridad, pero con empuje y tratando mejor la pelota, arrinconó al rival. No fue suficiente.

¿Qué fue lo único que hizo Colón?, tirar pelotazos para que se las arreglen Bonansea y Garate. Y los que tienen atributos para el juego estuvieron desaparecidos en ese primer tiempo. A Lago, la pelota no le llegó. Toledo no la tuvo casi nunca. Y Marcioni, que también entró poco en juego, las terminó todas mal.
En cambio, Racing puso la pelota contra el piso, complicó metiendo la pelota a las espaldas de Peinipil y Castet, con dos marcadores de punta (Chamorro, sobre todo, y Bay), que se sumaron mucho al ataque y le dieron variantes de juego al equipo del “Sapito” Coleoni, superior y acreedor a ese resultado parcial favorable.
¿Cómo se armó la jugada del gol?, con una jugada tremenda de Chavarría, arrancando desde mucho más atrás de la mitad de cancha para llegar a meterse en el área y, una vez adentro, colocar el pase a Chamorro que fue derribado por Budiño, cobrando Giménez una pena máxima que, como se dijo, fue salvada provisoriamente por el arquero sabalero pero con mala suerte porque el rebote cayó en los pies de Chavarría, el autor del disparo desde los doce pasos, que convirtió el gol cordobés. Ahora, ¿nadie se animó a cometer un foul táctico frente a semejante corrida para impedir que Chavarría llegue hasta el área?

Colón no tuvo nada de juego. Pero nada de nada. Hubo un par de contragolpes que se diluyeron por la imprecisión o la mala elección para finalizar la jugada, con lo cual ni siquiera se convirtieron en maniobras de cierto peligro. Pero además de eso, el equipo no tuvo la suficiente solidez para aguantar ni tampoco fortaleza para ganar las pelotas divididas que siempre fueron favorables a Racing. En conclusión, hubo un solo equipo (Racing) y otro que directamente no jugó.
Por eso, Delfino no entró al segundo tiempo con los mismos e introdujo dos cambios de arranque: Antonio a la cancha en reemplazo de Toledo y Franco García como volante por izquierda, pasando Lago a la función de media punta, más adelantado y ocupando el espacio del intrascendente Garate. Evidentemente, con esos cambios, Delfino dejó en claro dos cosas: 1) que el equipo no le gustó para nada; 2) que puso gente para revertir el volumen de juego del equipo.

Y Colón fue otra cosa. Puso la pelota contra el piso, estuvo más participativo Lago, se juntó con García y aparecieron un par de oportunidades, como un remate de Bonansea que sacó Olivera (hasta ese momento sin trabajo) al córner y el posterior cabezazo de Lértora, tras el centro ejecutado por García, que pegó en la parte de arriba del travesaño. Se notaba un cambio de actitud y de intenciones.
Colón insistía mucho con los centros para Bonansea, pero, al menos, la actitud había cambiado y estaba decidido a no regalar el partido. Delfino decidió poner primero a Conrado Ibarra (salió Marcioni y pasó García a jugar por derecha), en tanto que pasada la media hora denunció sus intenciones cuando sacó un “5” (Lértora) y puso a Buosi, seguramente para tener más presencia en el área ante la insistencia de centros.

Hasta el final, solo quedó como saldo la salida de Lago (no quería salir pero había sentido una molestia y el técnico no lo quiso arriesgar), ingresando Beltrán en su lugar. Colón empujó, no tuvo situaciones claras y terminó perdiendo un partido por el que hizo bastante poco (y todo en el segundo tiempo) como para pelear el resultado.
El cambio de actitud del segundo tiempo no fue suficiente. Terminó empujando a Racing contra su arco, sin muchas ideas pero mostrando una imagen distinta a la híbrida del primer tiempo. En esa primera parte, Colón, al partido, no lo jugó, no lo luchó y no lo defendió. Y por eso terminó perdiéndolo, porque cuando se acordó de todo lo que no hizo en el primer tiempo, ya era tarde.









