Uno lo observaba en la llegada al estadio. Primero, porque había menos gente que de costumbre (el tiempo tampoco ayudaba); segundo, porque subyace en el hincha tatengue una especie de desánimo.
Unión y su tobogán: la fragilidad de los de atrás se contagió al resto
Perdió bien, desperdició oportunidades en el primer tiempo, Defensa lo liquidó en dos avances sobre el cierre de esa etapa y pudo haber aumentado en el final. La impotencia se adueñó del equipo en todo el complemento y terminaron todos silbados e insultados.


Esa aspiración de ir por más, se fue desvaneciendo con los resultados negativos de un equipo irregular. Como ya había pasado antes de Aldosivi, este partido con Defensa y Justicia parecía un partido límite, colmado de presiones de antemano. En lo matemático, no cabía otra que ganar.
Desde lo futbolístico, imperaba modificar algunos aspectos del juego –por ejemplo el sistema defensivo, totalmente permeable y desconfiable con el que llegaba el equipo a este partido- para iniciar una nueva y decisiva etapa con los cinco partidos que restaban para el cierre de la etapa clasificatoria.

El partido era parejo, quizás con mejor manejo de pelota por parte de Defensa y Justicia, pero con situaciones de gol compartidas. Pero entró en escena el Unión de mandíbula frágil, la endeblez defensiva que se manifestó en dos jugadas casi contínuas, en apenas un par de minutos, que le dieron a la visita la ventaja parcial. Primero fue un pelotazo cruzado para Gutiérrez, que se metió por el costado derecho de la defensa y definió ante la salida de Mansilla. Y luego, una jugada por el medio en la que, con toques de primera y pelotas divididas ganadas, finalmente se metió Pérez y cuando quedó mano a mano con Mansilla, no perdonó.
Fue la contundencia que no tuvo Unión, porque Mosqueira, primero y Tarragona, después, desperdiciaron dos mano a mano muy claros, posiblemente más que los que le dieron a Defensa la ventaja parcial. Y a esas dos jugadas, hay que agregarle el tiro libre de Malcorra que se estrelló en el travesaño. Así, entre ocasiones malogradas y facilidades otorgadas por una defensa vulnerable, Unión, en un abrir y cerrar de ojos sobre el cierre de la etapa inicial, se encontró con el 0-2 y los silbidos de un 15 de Abril bastante despoblado (fue, a no dudarlo, el partido de menor convocatoria de todo el año).
Madelón volvió a las fuentes con el 4-4-2 pero trató de volver a la dinámica y el empuje que fue un argumento destacado de otros tiempos y con otros intérpretes. La dupla Malcorra-Ayala incurrió en algunas imprecisiones, pero no fueron pocos los centros que llovieron desde ese costado, algunos de ellos peligrosos. Por derecha escasearon los desbordes. Pero las situaciones se produjeron, sin contundencia, ante el arco de Borgogno.
Cuello por Mosqueira, Malcorra como doble cinco al lado de Giaccone, fue el movimiento que hizo Madelón para el arranque de la parte final con el propósito de descontar rápidamente porque Unión empezaba a jugar contras dos rivales: Defensa y Justicia, por un lado y el reloj, por el otro, ante la diferencia de dos goles que había resultado justa pero exagerada en el primer tiempo.
Promediando la etapa, Madelón optó por Palacios y Estigarribia por Luna Diale y Ramírez. El partido se había “roto” en el mediocampo. Unión empujaba con fuerza y ganas pero sin fútbol; Defensa se ordenaba con solidez en el fondo, no sufría demasiado y trataba de capitalizar los espacios para jugar de contragolpe.
La circunstancia favorable se dio a los 30 del complemento, cuando Sosa fue con mucha fuerza abajo y le cometió una infracción muy fuerte en perjuicio de Ayala. A instancias del VAR, el árbitro cobró la falta y cambió el color de la tarjeta: roja en lugar de amarilla, con lo que Defensa se quedó con uno menos pero con la ventaja de ir ganando 2 a 0 y enfrentando a un rival que ponía corazón pero que adolecía de claridad.
Se ímpetu de Unión estuvo exento de peligrosidad. Fueron intentos y avances, muchos centros bien resueltos por la defensa rival y el tiempo que le jugó en contra. Madelón intentó en el final con la salida de un defensor (Ayala) por el ingreso de un delantero (Misael Aguirre) y Bruno Pittón por Rubio. Unión quedó con tres atrás, regalado para algún que otro contragolpe que lo puso a Defensa más cerca del 3 a 0 que a Unión del 2 a 1, porque esos intentos de Unión no se convirtieron nunca en una jugada de peligro y Borgogno, a pesar de que el rival merodeaba en las cercanías de su área, no tenía trabajo.

En el final, la gente explotó. No se salvó nadie. La realidad es que Unión es un equipo frágil y que hace agua. Antes tenía poderío ofensivo, pero hace varios partidos que la pólvora se les ha mojado a todos. Pero la defensa no mejora y eso lo convierte en un equipo muy poco confiable. La gente se fue decepcionada, algunos portando el peor de los sentimientos (el de la indiferencia) y el resto despotricando contra todos. Es el peor momento de todos los que le tocó vivir a Madelón como entrenador. Cuatro derrotas consecutivas son un certificado de defunción para cualquier técnico, pero Madelón no es cualquiera. Tiene espalda. La pregunta es si tiene energías y si tiene respuestas para sacar a su equipo de este pozo.









