El mismo día que la dirigencia de Unión le dio la merecida plaqueta a Mateo Del Blanco por sus primeros 100 partidos (en realidad los cumplió por Copa Argentina ante Agropecuario, el de este viernes era el 101), el equipo decidió darle descanso al “Mini” adentro de la cancha. Porque en ese ADN indiscutible del equipo de Madelón (Unión no tiene laterales así desde los tiempos de Altamirano y Humoller cuando Leo usaba la “10” con la publicidad de Lotería de Santa Fe en el pecho), esta vez fue un equipo “de derecha”.
La bebida energizante para Unión fue Arce: sufría el 1-0 y Tarragona lo selló
Unión jugó un gran tiempo y se nubló en el complemento, entre otras cosas por su falta de gol. Mansilla acertó (sacó una pelota espectacular), Arce se mandó una de las suyas y “Tarra-gol” clavó el segundo.

Le hizo tanto daño, con el infantil penal en el combo, que lo obligó al entrenador de Riestra a sacar a un jugador que físicamente no acusaba nada pero que se estaba comiendo un viaje tremendo por el tándem Vargas-Palacios.
En uno de esos bailes donde le hacían el 2-1 pero donde también perdía en el uno contra uno llegó la primera incidencia. Jugadón de Vargas con derechazo a la carrera, desvío, caño, viveza de potrero del “4” de Unión e ingenuidad profesional del “3” de Riestra. Insólito, pero penal al fin.
Cristian Tarragona, el dueño del gol en el Tate, se puso en modo Messi en La Bombonera y Marcelo Estigarribia consiguió lo que tanto necesita un punta sacrificado, corredor y solidario: ¡hacer un gol!. Como sea, pero hacer un gol de una vez por todas.
Lejos de reaccionar, Riestra demostró porqué es el equipo que más pega en el fútbol argentino (promedio: 18 faltas por partido). No conforme con pegar mal en el área propia para regalar un penal (leáse Gallo), pegó mal en el área de enfrente: planchazo de Goitía (que había reemplazado casualmente a Gallo), revisión de VAR y roja indiscutible. O sea, mucho peor el remedio que la enfermedad.
¿Qué se le pudo recriminar a ese Unión del primer tiempo?: una sola cosa…no haber gritado algún gol más, con Mansilla como espectador en el arco de la Redonda y con Arce sufriendo en el arco de “La Bomba”.
Volvió a jugar bien Profini, parejo lo de Palacios, impasable Ludueña, bien casi todos pero con un jugador que hizo lo que se le antojó adentro de la cancha: Lautaro Vargas, el defensor más atacante de la cancha.
Pocas cosas cambiaron en el complemento, apenas la casaca del “Negro” Arce, con inicios en el Tate y hoy el jugador-estrella de Riestra. El otro, el “9” histórico, Herrera, se quedó en las duchas.
La idea de uno y otro eran claras: los de Pompeya, evitar la goleada; los de Madelón no hacer locuras para quedar mal parados en alguna contra visitante. Hablando de contra, hubo una a favor de Unión: bochazo espectacular de Del Blanco para Palacios, corrida y remate alto a la carrera cuando tenía espacios y opciones.

A los 22, Madelón mandó a Palavecino por Cuello y a los pocos minutos, Ludueña cometió casi su único error (de cabeza para adentro) y Díaz lo sacudió a Mansilla. Unión no liquidaba y Riestra estaba en partido.
El arquero del Tate dejó de ser espectador para transformarse en actor principal: dos a Benegas y una volada espectacular en los cinco adicionados evitaron el sufrimiento. Hasta que Arce se mandó una de las suyas, gambeteó, jugó por abajo, rebote largo y Tarragona solito al gol con el arco vacío.
Cuando Unión sufría el final por no liquidarlo (se lo perdió Solari primero y Estigarribia después), la bebida energizante para Unión se llamó “Arce” y el que metió speed al gol fue Tarragona para hacer explotar el 15 de Abril con el arco vacío.










