Era una “final”, más para Unión que para Newell’s. Los 11 partidos de local sin perder era loa mejor chapa que tenía Kudelka para mostrar. La recuperación, en el segundo tiempo con Estudiantes, de esa ambición de la que hizo gala en otros partidos y que momentáneamente había perdido, era el mejor antecedente de Madelón. El entrenador de Unión había calificado de “durísimo” el partido antes de jugarlo. Y cargaba con una mochila que tenía dos pesadas cargas: 1) la irregularidad de su equipo; 2) la inestabilidad defensiva que lo había llevado a sufrir goles en todos los partidos.
Unión empató un partido que pudo y debió ganar
La defensa estaba jugando el mejor partido del torneo, Ludueña (la figura tatengue) había convertido el gol que le daba la merecida victoria pero llegó una jugada totalmente aislada de Newell’s y el infortunio de Isla (otro de buen partido), porque un remate de Solari que se iba afuera rozó en él y le dio un empate que al local le sirve más que a Unión.

El “prohibido perder” era para los dos. Si bien Newell’s contaba con la ventaja de los 4 puntos de diferencia con los que llegaba al partido, tampoco eran determinantes para asegurarse el paso a los play off. Y Unión, más allá de que el fútbol siempre da lugar a la sorpresa, sabía que en ese “mini torneo” de cinco equipos (junto a Newell’s, Gimnasia de Mendoza, Independiente, San Lorenzo), clasifican tres, pero Unión arrancaba la fecha como quinto y necesitaba como el agua un buen resultado. Conclusión: presagio de partido decisivo y a jugar con el “cuchillo entre los dientes”.
El planteo de Madelón fue claro. Le regaló la pelota a los centrales de Newell´’s y a Regiardo, el volante central. Y apretó de mitad de cancha hacia atrás. Teniendo menos la pelota que su rival, Unión contó con las situaciones más peligrosas. Fueron tres, dos de Tarragona y otra en la que el propio Tarragona se puso el traje de asistidor, de cabeza, para dejarlo solito a Palacios, que remató con potencia pero en forma desviada desde una inmejorable posición.
En cuanto a la tenencia de la pelota, Newell’s fue más. Pero la tuvo en sectores absolutamente intrascendentes de la cancha. Entonces, no pesó en el campo de Unión, no creó situaciones. Y cuando avanzó en el terreno o cuando lo buscaron a Mazzanti, a Cóccaro o a Solari, ahí apareció el buen trabajo defensivo de Unión en el primer tiempo, especialmente de Ludueña y de Isla, los dos centrales que casi no tuvieron fallas.

Complicó un poco la subida de Ortega por derecha. Fue lo mejorcito de Newell’s y obligó a Cuello a perseguirlo, con lo que el volante rojiblanco se olvidó de aportar fútbol, algo bastante parecido a lo que pasó por el costado de Palacios. Bien Luna Diale en esa posición de doble cinco, porque quiso armar juego (dentro de lo que pudo), pero no le escapó al sacrificio para darle una buena mano a Mosqueira, siempre bien parado en el campo de juego y cortando bastante el juego del rival.
El primer tiempo se fue con un 0 a 0 que no le quedaba del todo mal al partido, pero que castigaba un poco a Unión. ¿Por qué?, porque, de los dos, fue el que creó las situaciones más claras para convertir. Le faltó más precisión para capitalizar las tres situaciones que tuvo en ese primer tiempo de correcto trabajo desde lo táctico, sin tanto fútbol pero con mucha predisposición para luchar el partido sin perder concentración en ningún pasaje.
Incidentes en el vestuario
Hubo un aspecto que llamó la atención y fue que, en el entretiempo, Unión tuvo que regresar del vestuario al campo de juego rápidamente por un enfrentamiento que se produjo entre hinchas de Newell’s y la policía, que utilizó gas pimienta para disipar. Esto obligó a que los jugadores retornen al campo de juego, Madelón dio la charla en el propio campo de juego y algunos jugadores (caso Eric Ramírez) estuvieron afectados por esa situación particular y anómala.

Ese trabajo correcto de Unión, bien planificado desde lo estratégico, tuvo su premio a los 13 minutos del complemento, cuando la figura de Unión (Juan Pablo Ludueña), capitalizó una pelota que le bajó muy bien Estigarribia tras el centro de Cuello y, de “palomita”, hizo enmudecer a la multitud en el Parque. Un gol por el que Unión había construido más que el rival hasta ese momento.
Kudelka empezó a meter gente del medio para arriba, para tratar de hacer lo que le costaba muchísimo: armar una jugada de peligro para complicar a una defensa que estaba jugando su mejor partido, por lejos, de este campeonato. Y era así: al partido lo estaba ganando la defensa. Primero, por lo bien que estaba aguantando el partido; y segundo, porque había llegado al gol a través de uno de sus integrantes: Juan Pablo Ludueña.

Casi pisando los 30 minutos, Madelón sacó a los dos volantes laterales, de aplicado trabajo en todo el partido. Puso a Misael Aguirre por derecha, en lugar de Palacios y a Bruno Pittón por izquierda, en reemplazo de Cuello. A todo esto, Isla y Ludueña seguían transmitiendo una gran seguridad, algo que se trasladaba al resto de la defensa y también al arco, porque Mansilla se sumaba a ese buen trabajo de la defensa rojiblanca.
Un infortunio selló el empate final
Sin embargo, una jugada desafortunada en la que la defensa de Unión no alcanzó a rechazar la pelota, le pegó Solari, rozó en Isla y se metió en el arco de Mansilla. Gol en contra de un Isla que había jugado muy bien.

Fue la primera maniobra de peligro que creó Newell’s en el segundo tiempo. Iban 32 minutos y allí Madelón arriesgó con el ingreso de Eric Ramírez por Ayala, pasando Bruno Pittón al costado izquierdo de la defensa, Mosqueira como volante de contención y Luna Diale abierto por izquierda como volante.
Un ratito después, Madelón utilizó la tercera ventana para colocar a Pintado por Rubio, apostando todo a tratar de llegar al gol y a la victoria, por la que había hecho más que el rival.
Unión había jugado su mejor partido en defensa, pero un error lo condenó. O en todo caso, más que error, un infortunio. O una pelota que no supo resolver en defensa, algo que hizo bien durante el resto del partido. Solamente por eso no pudo llevarse los tres puntos de Rosario, en un partido que había trabajado bien y que ganaba con justicia.









