Unión llegó, por primera vez en su historia, a jugar a la cancha de Riestra con tres problemas: 1) la sucesión de derrotas consecutivas (4); 2) la endeblez defensiva manifestada en los 19 partidos seguidos en los que le convirtieron goles y el hecho de haber recibido, en los últimos tres, goles de manera continuada y en pocos minutos; 3) la pérdida del poder de gol que lo había distinguido en un momento y que lo llevó a ser uno de los equipos más eficaces frente al arco rival.
Unión y el típico “querer pero no poder”
Las intenciones fueron del Tate, pero sin profundidad y teniendo que levantar un resultado adverso por otro gol de cabeza que le convierten de una jugada de pelota quieta. El empate llegó con un centro de Ayala que cabeceó Rubio. Poco y nada en un partido chato.

Pero, además, llegó con esa exigencia convertida en obligación: la de ganar. Era necesario para seguir peleándola hasta el final; era necesario para Madelón (más allá de su amplia espalda y del respaldo implícito de los dirigentes) y también para ese hincha desilusionado, que esperaba una campaña superadora y un golpe de efecto positivo y de calidad que no se le está dando en este torneo.

Pasó muy poquito en el primer tiempo. Y eso, lo poquito que ocurrió, lo aportó Unión, con más intenciones que otra cosa, pero al menos buscando más el partido y generando dos o tres situaciones de peligro. Tuvo una Ayala que tapó bien Arce en el primer palo y dos remates desde afuera del área, uno de Peresutti (de buen primer tiempo) y el otro de Mosqueira, que se fueron desviados por muy poco (el del pibe de las inferiores, debutante como titular, pegó en la parte de arriba del travesaño)
¿Y Riestra?, nada. Un equipo que se abroquela bien atrás y sabe mantener el cero en su arco, que tiene tres luchadores en la mitad de la cancha y que apuesta a los pelotazos largos para Alonso y, sobre todo, para Díaz, que fue el único que complicó –pero muy poco- a una extrema defensa rojiblanca que no tuvo contratiempos durante todo el primer tiempo.

Unión no tuvo alteraciones, desde lo táctico, de lo que ya se le conoce. Trató de avanzar en bloque por los costados, con el tándem Rubio-Palacios por derecha y el de Ayala-Cuello por izquierda. Más controlado el sector de Palacios que el de Cuello y fue, por allí, que se gestó aquella jugada de Ayala que terminó con un remate al primer palo que encontró bien parado a Nacho Arce. El traslado de la pelota no fue fluido. Pocos espacios, mucha marca en el medio, falta de claridad y apenas esas intenciones que no siempre tuvieron un buen desarrollo y, mucho menos, un mejor final.
El 0 a 0 de ese primer tiempo le quedó mejor a Riestra que a Unión. El local jugó pensando más en desactivar al rival que en construir algo positivo para acercarse con posibilidades al arco de un Mansilla que apenas tuvo que intervenir con algún pelotazo frontal que salió de los pies de Arce o de alguno de los defensores de un Riestra que no se esmeró demasiado en complicar a Unión.

Quedaban algunas cosas en claro: 1) que el partido estaba tan cerrado, que quien hiciera un gol podía sacar una ventaja casi decisiva; 2) que el “gasto” lo hizo Unión, pero que al equipo le faltó suficiente frescura y profundidad. Sacando la de Ayala, las otras aproximaciones de peligro que tuvo Unión, fueron con remates desde afuera del área. Y nada más.
Pero Unión volvió a ser el equipo inocente de siempre en el comienzo de la parte final. Fue en el primer ataque a fondo de Riestra que terminó en un córner que capitalizó el local, con un centro al primer palo y la aparición de Randazzo para meter el frentazo cruzado que dejó sin chances a Mansilla. Historia repetida: juego aéreo defensivo muy flojo, con escasa respuesta y que terminan en gol. Una constante de Unión en todo el campeonato.

Pasaron apenas un puñado de minutos cuando Unión logró un empate “sanador”. Fue a partir de una buena jugada por izquierda, Ayala llegó hasta el fondo, se frenó, miró y le metió un centro estupendo a Rubio, que no perdonó con un cabezazo cruzado. Centro de un lateral para el otro lateral. Así, Unión logró el empate que, además, le ponía justicia al resultado. Riestra se había encontrado con una ventaja por la que no había hecho merecimientos.

El gasto del partido lo ejercía Unión, pero sin suficiente profundidad. Madelón trató de encontrarla con el ingreso de Luna Diale por izquierda, en reemplazo de Cuello. La posesión de la pelota era del Tate, pero bastante lejos del arco de Arce y con muchos defensores apostados cerquita del área local.
En el final, Madelón le quiso dar más profundidad al equipo con la entrada de Eric Ramírez para volantear por derecha, en lugar de un Palacios que no podía desequilibrar por ese costado. Y también con la entrada de Malcorra por Mosqueira. Nada parecía cambiar un estado de cosas que se mantuvo durante casi todo el partido: Unión intentando y queriendo algo más, pero quedándose en eso, nada más, en un intento sin concreción.







