En muchas escuelas, los conflictos ya no aparecen únicamente en grandes episodios. A veces se expresan en pequeñas situaciones cotidianas: burlas que se vuelven habituales, estudiantes que dejan de participar, grupos que naturalizan ciertas agresiones o adultos que sienten que no siempre cuentan con herramientas para intervenir.
Habitar la Escuela: una propuesta de Espacios Educativos para transformar la convivencia cotidiana
Se trata de un proyecto de acompañamiento institucional orientado a fortalecer la convivencia escolar y construir estrategias colectivas para abordar situaciones de conflicto y violencia.

Frente a este escenario, Espacios Educativos presentó “Habitar la Escuela”, un proyecto de acompañamiento institucional orientado a fortalecer la convivencia escolar y construir estrategias colectivas para abordar situaciones de conflicto y violencia.
La iniciativa combina talleres participativos, espacios de formación, herramientas de diagnóstico institucional y seguimiento de procesos dentro de las escuelas. El objetivo -explican desde Espacios-, no es únicamente intervenir frente a situaciones ya consolidadas, sino trabajar también sobre las dinámicas cotidianas de la comunidad educativa en su totalidad, que muchas veces terminan habilitando o sosteniendo distintas formas de violencia.

“La convivencia no ocurre sola. Se construye todos los días”, sostiene Leonardo Simoniello, coordinador de Espacios Educativos, que desde hace años trabaja en proyectos vinculados a educación, participación y abordaje de violencias desde espacios de educación no formal.
Para ello, una de las ideas centrales del proyecto consiste en visibilizar los distintos roles que aparecen frente a situaciones de violencia: quienes agreden, quienes son agredidos, quienes observan y quienes eligen proteger.
“Intervenir no siempre significa ‘resolver’. A veces significa escuchar. Señalar aquello que, de tan frecuente, deja de ser cuestionado. Muchas veces es el hecho de acompañar o generar condiciones para que alguien no quede solo. Construir una respuesta colectiva donde antes había silencio”, agrega Simoniello.
Desde esa mirada, el proyecto busca generar espacios donde estudiantes, docentes, equipos institucionales y familias puedan reflexionar colectivamente sobre las formas en que se construyen los vínculos dentro de la escuela y sobre las posibilidades de actuar frente a situaciones de daño, discriminación o exclusión.
La propuesta también pone el foco en la necesidad de construir respuestas institucionales compartidas y no únicamente individuales. “Muchas escuelas ya realizan acciones valiosas de cuidado y acompañamiento, aunque en ocasiones esas prácticas quedan aisladas o dependen exclusivamente de algunas personas”, señala Paula Gonzálvez, del Equipo de Espacios Educativos, y agrega: “Como la violencia es una problemática que trasciende los muros de una sola institución, requiere de un abordaje integral. Por eso en esta propuesta buscamos fortalecer los lazos institucionales y comunitarios en el accionar sobre las agresiones”.
“Habitar la Escuela” se presenta así como una iniciativa que busca fortalecer capacidades institucionales existentes y generar nuevas herramientas para abordar los conflictos desde la escucha, la participación y la corresponsabilidad.
“En un contexto donde las discusiones sobre convivencia escolar suelen reducirse a respuestas punitivas o urgencias coyunturales, el proyecto propone abrir otra interrogante: Cómo construir comunidades educativas donde sea posible intervenir, escuchar y cuidar y esta acción no sea una excepción, sino parte cotidiana de la vida escolar”, finalizó Simoniello.
Una experiencia significativa: la mirada de las instituciones educativas
A partir de las propuestas desarrolladas por Espacios Educativos con distintos establecimientos de la ciudad, durante este año comenzó a implementarse “Habitar la Escuela” en dos instituciones educativas en articulación con sus equipos directivos y comunidades institucionales: en la EESO N° 389 “Julio Migno”, ubicada en barrio El Pozo, y la EESOPI N° 3098 "Juan Marcos", ubicada en en el noroeste de la ciudad.
El trabajo conjunto permitió definir objetivos específicos, establecer una planificación de actividades y diseñar estrategias de acompañamiento acordes a las necesidades y dinámicas particulares de cada escuela.
El proyecto cuenta con la participación de un referente por institución para acompañar permanentemente las acciones dentro de las escuelas, quienes junto a las Directoras y sus equipos llevan adelante la propuesta de manera planificada y participativa.
“Lo que valoramos del proyecto es que es una propuesta dinámica, que se puede construir junto a los adolescentes y trabajar desde la prevención de violencias. Los estudiantes se sienten motivados de ser parte del proyecto, se sienten valiosos y eso les motiva a seguir trabajando sobre esto incluso fuera de la escuela”, expresa Rosana Malfante, directora de la escuela Juan Marcos.
Por su parte, Nuria Menvielle, directora de la escuela Julio Migno, indica: “Ya desde hace un tiempo veníamos conversando con el CAF del barrio para ver qué podíamos hacer y cómo trabajar esta problemática de la violencia, un trabajo que tenga que ver con el aprendizaje y las políticas de cuidado entre los estudiantes de la escuela y las chicas y chicos del barrio. Y así finalmente se formó una pequeña red institucional entre Espacios Educativos, la escuela y el CAF”.
La propuesta se organiza en tres niveles de intervención progresivos: formación y primeras intervenciones institucionales; institucionalización de prácticas de protección; comunidad educativa y sostenibilidad a largo plazo.
En esta primera etapa, las acciones estuvieron orientadas al fortalecimiento de herramientas para el abordaje de conflictos y situaciones de violencia desde una perspectiva participativa y preventiva.
Para ello, se llevaron adelante talleres y espacios de formación vinculados a las dinámicas de los roles en situaciones de violencia, destinados a docentes, profesionales, equipos institucionales y otros adultos de la comunidad educativa. Asimismo, se trabajó con estudiantes delegados de distintos cursos, en dos jornadas de capacitación, promoviendo espacios de participación, reflexión y construcción colectiva de estrategias de intervención y cuidado.
La propuesta busca que las herramientas construidas no dependan exclusivamente de intervenciones externas o aisladas, sino que puedan consolidarse progresivamente como prácticas sostenidas por la propia comunidad educativa.
En una segunda etapa, el proyecto prevé continuar el acompañamiento institucional mediante instancias de seguimiento y profundización de contenidos, trabajando paralelamente con adultos y estudiantes para fortalecer prácticas de escucha, protección, participación y construcción de convivencia dentro de la vida escolar.
En ese sentido, con el grupo de delegados de cada institución se trabaja también en el proceso de elaboración de proyectos. Se prevé que planifiquen propuestas de intervención sobre las dinámicas de las violencias en la comunidad educativa, en un proceso participativo que parte de sus propias visiones sobre las principales problemáticas que observan.
“Además de capacitarse, nos parece muy importante la propuesta de trabajo metodológica, porque uno de los ejes de la política educativa actual tiene que ver con el aprendizaje basado en proyectos. Y esta propuesta viene en sintonía ya que los estudiantes tendrán que pensar y construir un proyecto”, agrega Menvielle.
Esta es una propuesta que se realiza durante todo el año para generar transformaciones en la convivencia cotidiana. Para finalizar, Malfante asegura: “Nosotros ya empezamos a ver los cambios en la convivencia. Ahora antes de pensar en salir y agarrarse afuera de la escuela, los estudiantes golpean la puerta de la dirección para explicar los desacuerdos, dialogar sobre los conflictos que tienen e intentar resolverlos de una forma no violenta. No es necesario esperar a fin de año para notarlo: en el proceso, ya vemos las transformaciones”.









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